Redacción
SAHUARIPA, SONORA – En las entrañas de la Sierra Madre Occidental, donde la minera canadiense Alamos Gold Inc. opera a través de su filial Minas de Oro Nacional, la riqueza del subsuelo contrasta drásticamente con la realidad de quienes habitan la superficie. Lo que inició hace casi dos décadas como una promesa de progreso para el ejido Mulatos, se ha transformado en un complejo tablero de disputas legales, daños ecológicos y fracturas sociales.
El conflicto con la familia Hurtado: Una batalla por la tierra
El epicentro de la resistencia legal contra la minera lo encabeza la familia Hurtado, posesionarios de terrenos clave dentro del tajo de la mina. A diferencia de otros acuerdos ejidales, los Hurtado han denunciado por años la ocupación ilegal de sus predios.
- Impacto patrimonial: Han denunciado la restricción de acceso a sus propias tierras, utilizando guardias privados para sitiar propiedades que no le pertenecen legalmente.
- Respuesta judicial: El caso ha escalado a tribunales agrarios y federales, convirtiéndose en un símbolo de la lucha por la propiedad privada frente al extractivismo transnacional.
Ecocidio en la Sierra: El agua y el cianuro
El impacto ambiental es, quizás, la herida más visible en la región. Grupos de activistas y pobladores han documentado una degradación sistemática del ecosistema:
- Contaminación de cuencas: El uso intensivo de cianuro para la lixiviación del oro genera un riesgo latente para el río Mulatos y el río Yaqui. Se han reportado mortandad de ganado y afectaciones a la flora local.
- Estrés hídrico: Mientras la mina consume millones de litros de agua para sus procesos industriales, las comunidades aledañas sufren desabasto y ven cómo sus pozos se secan o se contaminan con metales pesados.
- Modificación del relieve: La minería a cielo abierto ha borrado cerros enteros, alterando los cauces naturales del agua y provocando una erosión irreversible.
Descontento laboral y fractura social
A pesar de ser uno de los principales empleadores de la zona, la relación de Alamos Gold con los trabajadores y el ejido es tensa.
- Inestabilidad laboral: Se han reportado paros de labores intermitentes debido a las condiciones de seguridad y la falta de transparencia en el pago de utilidades. Los trabajadores locales denuncian que los puestos directivos y mejor pagados son reservados para personal foráneo o extranjero.
- Desplazamiento forzado: El crecimiento del tajo minero ha “devorado” virtualmente al pueblo de Mulatos. La empresa ha impulsado la reubicación de la comunidad, lo que ha generado una pérdida de identidad y arraigo, dividiendo a las familias entre quienes aceptan las indemnizaciones y quienes se resisten a abandonar su historia.
“La mina se lleva el oro y nos deja el agujero, el agua envenenada y un pueblo fantasma”, afirma un ex-habitante de Mulatos que pidió el anonimato por temor a represalias.
Un futuro incierto
Mientras Alamos Gold reporta cifras récord de producción y expansión de sus proyectos (como “La Yaqui Grande”), Mulatos permanece como una asignatura pendiente para las autoridades mexicanas. La falta de una fiscalización rigurosa por parte de la PROFEPA y la Secretaría de Economía ha permitido que la minera opere en una zona gris donde el beneficio económico parece pesar más que los derechos humanos y la preservación del medio ambiente.
El caso de la familia Hurtado y el ejido Mulatos sigue siendo el recordatorio de que, en la minería moderna, el brillo del oro suele ocultar las sombras de la injusticia social.










