Sin embargo, materialmente navega en un turbulento mar en el que cada día y semana que pasa, en las oscuras noches palaciegas, se conspira y, se fraguan ataques inmerecidos, están al asecho los boicoteadores, cavilando complots, motines, sabotajes y, talvez, hasta delaciones y traiciones. En otras palabras, repta la desconfianza en un futuro mejor.
Una valerosa Claudia Sheinbaum apenas transita el arranque de su segundo año de gobierno y el desgaste ha comenzado a sentirse antes de lo previsto. Los días de relativa estabilidad quedaron atrás. Cada semana trae una nueva crisis y cada conflicto deja ver un problema más profundo: la dificultad de construir un liderazgo con la misma capacidad de control político que tuvo el expresidente quien tenía el país en el puño de su mano.
En privado, algunos legisladores de Morena comentan que la presidenta ha mostrado episodios de irritación y presión constante frente a los conflictos recientes. Primero llegaron los desacuerdos con el Partido del Trabajo y el Verde Ecologista por las reformas electorales. Después vino el golpe mediático y político por los derrames de combustible de Pemex.
Pero el verdadero punto de tensión apareció cuando comenzaron a circular versiones sobre posibles solicitudes de extradición desde Estados Unidos contra figuras relevantes de Morena presuntamente vinculadas con grupos criminales. En realidad, la gota que derramó el caldero, serían los casos del gobernador con licencia de Sinaloa; Rubén Rocha Moya, el Senador Enrique Inzunza, el Alcalde de Culiacán, el Vice Fiscal y, otros 6 imputados más. Si no se atiende con calidad y pertinencia el asunto, Dios guarde la hora, observaríamos un inmerecido disenso diplomático con el poderoso vecino del norte que, me temo que podría escalar a toda una reeditada expedición punitiva en el vecino estado de Sinaloa.
La mezcla de todos esos factores ha dejado una sensación incómoda dentro del oficialismo: el gobierno aún no logra consolidar una maquinaria política suficientemente sólida para enfrentar escenarios de alta presión. El ex presidente convertía las crisis en espectáculos políticos que terminaban fortaleciendo su narrativa. Sheinbaum, en cambio, parece atrapada en la necesidad de administrar daños antes que capitalizar conflictos.
Las mañaneras reflejan esa diferencia. Durante el sexenio anterior fueron un instrumento de poder casi perfecto: marcaban agenda, disciplinaban adversarios y mantenían cohesionada a la base política. Hoy, aunque conservan la estructura, ya no producen el mismo efecto. La presidenta no posee el estilo confrontativo ni la capacidad de simplificar el conflicto político con frases demoledoras, como sí lo hacía el astuto ex presidente. Y en política, cuando la narrativa pierde fuerza, el vacío comienza a llenarse con dudas, especulaciones, leyendas negras y teorías de la conspiración.
Mientras tanto, en Morena las fracturas empiezan a salir a la superficie. Gobernadores, legisladores y grupos regionales ya piensan en las posiciones rumbo al 2027 y, talvez hasta la sucesión del 2030. Las disputas internas aumentan y, según versiones dentro del propio movimiento, la presidenta ha tenido que intervenir personalmente para exigir disciplina para evitar rupturas mayores.
Por eso llamó tanto la atención la reunión convocada en Palacio Nacional con diputados y senadores de Morena, PT y PVEM. Oficialmente fue un encuentro de coordinación política. Extraoficialmente, muchos lo interpretaron como una señal de alarma. El mensaje fue simple: unidad. Pero en política, cuando un liderazgo necesita pedir unidad públicamente, suele ser porque internamente ya detecta señales de declinación.
El entorno internacional tampoco ayuda. Desde Washington aumentan las presiones sobre seguridad y narcotráfico. Las advertencias del gobierno de la Democracia Imperial, respecto a presuntos vínculos entre políticos mexicanos y cárteles de las dogas han comenzado a generar incertidumbre en sectores del oficialismo.
Se asegura que la DEA, la CIA o el FBI en breve filtrarán una lista adicional de 50 políticos ligados al gobierno, a quienes, primero se les retirará la visa de turista y, después, se solicitará su extradición. A eso se suma una violencia que no cede en distintas regiones del país y una economía que todavía no ofrece señales contundentes de expansión.
En ese contexto empiezan a discutirse decisiones delicadas para el proyecto del Segundo Piso la Cuarta Transformación. Dentro del propio oficialismo surgen preguntas sobre si conviene diferir la elección judicial prevista para 2027 o incluso sobre la viabilidad de realizar la consulta de revocación de mandato presidencial. La oposición ya interpreta esta última posibilidad como un intento de mantener a Sheinbaum en la boleta y fortalecer electoralmente a Morena en las elecciones intermedias. Además, algunos sondeos empiezan a mostrar un desgaste moderado en los niveles de aprobación presidencial.
Nada de esto significa que Morena haya perdido el control político del país. Sigue siendo la fuerza dominante. Conserva la presidencia, la mayoría de los gobiernos estatales y una enorme estructura territorial.
Pero por primera vez desde 2018, la hegemonía deja de parecer infalible. Y en política, cuando la percepción de invencibilidad se rompe, todo comienza a moverse más rápido de lo esperado.








