HERMOSILLO, SONORA – Hoy, 15 de abril de 2026, el mundo conmemora un aniversario más de la tragedia marítima más famosa de la historia. Hace exactamente 114 años, el RMS Titanic se hundía en las gélidas aguas del Atlántico Norte tras chocar contra un iceberg. Entre las historias de tragedia y heroísmo que emergieron de aquella noche, destaca una con un profundo lazo sonorense: la de Manuel Uruchurtu Ramírez.
El único mexicano a bordo
Manuel Uruchurtu no era un pasajero común. Abogado distinguido y político cercano al círculo de Porfirio Díaz, el hermosillense se encontraba en Europa por asuntos de trabajo y visitas diplomáticas. Para su regreso, abordó el “buque de los sueños” en Cherburgo, Francia, con un boleto de primera clase.
Lo que inició como el viaje más lujoso de la época, se convirtió en una pesadilla a las 23:40 horas del 14 de abril de 1912, cuando el gigante de acero herido de muerte comenzó su descenso al fondo del mar.
El sacrificio: “Caballerosidad hasta el final”
La historia de Uruchurtu ha pasado a la posteridad por un acto de abnegación que lo define como el “Caballero del Titanic”. Según los relatos y testimonios que su propia familia ha preservado:
- El encuentro: En medio del caos, Uruchurtu logró conseguir un lugar en el bote salvavidas número 11.
- La súplica: Una pasajera inglesa de segunda clase, Elizabeth Ramell Nye, le suplicó que la dejara subir, argumentando que su esposo e hijo la esperaban en Nueva York.
- El gesto: Siguiendo el código de “mujeres y niños primero”, el sonorense cedió su lugar. Solo le pidió un favor: que visitara a su esposa en México para contarle sus últimos momentos.
Un legado que vive en Sonora
Aunque el cuerpo de Manuel Uruchurtu nunca fue recuperado, su memoria permanece intacta en el corazón de Hermosillo. Su nombre no solo representa una estadística en la lista de las más de 1,500 víctimas, sino un ejemplo de honor que trasciende fronteras.
“Su sacrificio es el reflejo de una época y de la integridad de un hombre que, frente a la muerte, eligió la vida del prójimo”, comentan historiadores locales.
Hoy, mientras las profundidades del océano consumen lentamente los restos del trasatlántico, la figura de Uruchurtu brilla con luz propia, recordándonos que en la noche más oscura del siglo XX, un hermosillense mostró al mundo el verdadero significado del sacrificio.








