Mientras el Gobierno Federal insiste en la regularización masiva de vehículos de procedencia extranjera, Hermosillo enfrenta las consecuencias: una infraestructura vial colapsada, niveles de contaminación al alza y un vacío legal que premia la informalidad sobre el ciudadano cumplido.
Ojo Avizor
HERMOSILLO, SONORA. – Lo que en el papel se presentó como un alivio para la economía familiar, en las calles de la “Ciudad del Sol” se ha transformado en una pesadilla logística. La regularización y emplacamiento de los autos denominados “chocolate” ha pasado de ser una medida excepcional a convertirse en una política permanente que está asfixiando a una capital que, sencillamente, no fue diseñada para este volumen de chatarra rodante.

El colapso de las venas urbanas
Hermosillo padece un déficit histórico de pavimentación y modernización vial. Al sumar miles de unidades que anteriormente circulaban en la sombra —o que han cruzado la frontera aprovechando las prórrogas del decreto—, el flujo vehicular ha llegado a un punto crítico. No es solo el tráfico; es el desgaste acelerado de una carpeta asfáltica que de por sí ya pedía clemencia. Cada unidad regularizada es un vehículo más compitiendo por un espacio que la ciudad no tiene, sin que el recurso recaudado parezca materializarse con la misma velocidad en bacheo profundo.
El costo invisible: Aire y Seguridad
Bajo el cofre de estos vehículos suele esconderse el verdadero problema. La mayoría de estas unidades carecen de sistemas de control de emisiones vigentes o catalizadores funcionales, convirtiendo las principales avenidas en chimeneas móviles. En una ciudad que ya lidia con polvos y temperaturas extremas, la carga contaminante de un parque vehicular abundante y obsoleto es un retroceso ambiental de décadas.

A esto se suma la seguridad:
- Falta de trazabilidad: Aunque el registro otorga una placa, la procedencia real y el historial de mantenimiento de muchos de estos autos siguen siendo un misterio técnico.
- Competencia desleal: El golpe al sector automotriz formal y a quienes realizan el esfuerzo de adquirir vehículos nacionales con impuestos completos es innegable. Se ha institucionalizado el “premio” a la internación irregular.

¿Justicia social o populismo vial?
Es fácil aplaudir una medida que entrega una placa a bajo costo, pero es difícil vivir en una ciudad donde el transporte público es insuficiente y la solución estatal es llenar las calles de autos de desecho. Hermosillo no necesita más parches; requiere una visión de movilidad integral que deje de incentivar la importación de problemas ajenos.
La regularización en Hermosillo no es una victoria; es la admisión de que hemos fallado en crear un sistema de transporte digno, optando por saturar nuestras calles con el excedente mecánico del país vecino. Es cuanto.







