Beatriz de Urquijo Isoard
En 2021, científicos identificaron que las ballenas del Golfo de California habían dejado de cantar. Atribuyeron esta situación a la falta de alimento (plancton), el cual era más escaso debido a la alza de la temperatura del agua.
Sin embargo, en 2025, las ballenas volvieron a cantar.
Aunque esta vez lo hicieron para salvar su hogar.
En 2023 se aprobó el inicio de la construcción del Proyecto Saguaro, el cual tiene por objetivo la construcción de un megaducto de gas (producto del fracking) entre Texas y Puerto Libertad, dentro del Golfo de California. Este desarrollo responde a las necesidades energéticas de México, pero también a optar por infraestructuras que en el corto plazo beneficiarán económicamente a algunos, pero afectarán a comunidades enteras, no solamente humanas, sino que irá más allá de lo humano: a toda la flora y fauna que habita en el “Acuario del Mundo”, que es como se le conoce al Golfo de California, pues aloja al 39% de la vida marina del mundo.
La construcción de esta infraestructura que, de acuerdo con la modernidad que les platicaba la semana pasada, traerá progreso, también traerá:
- Destrucción a las zonas de cría y reproducción de múltiples especies.
- Contaminación acústica constante.
- Fragmentación del hábitat a lo largo de la ruta del ducto de gas.
Por lo tanto, enfrentaremos:
- Una pérdida masiva de biodiversidad en la zona.
- Riesgo para especies en peligro de extinción, como la vaquita marina.
- Contaminación del agua, suelo y aire.
Las ballenas dependen del sonido para navegar, comunicarse y reproducirse; pero ya no podrán volver a cantar, pues habrá otros sonidos que las callarán.
En vista de esta problemática, muchos activistas mexicanos comenzaron a hablar del tema y buscaron generar conciencia para detener este proyecto. Han sido muchos años de lucha, pero en 2025 la organización Nuestro Futuro les ayudó a las ballenas a alzar su canto: las ballenas se ampararon. La demanda parte de una postura legal más que humana, pues busca que “se reconozca a la Naturaleza y todas sus formas de vida como sujetas de derecho”, dijo Cabrera a El País.
Me parece increíble que los tiempos tan complejos en los que vivimos permitan que existan historias como estas: las ballenas llegaron a los tribunales mexicanos a exigir que se les escuche y tome en cuenta antes de permitir este tipo de proyectos extractivistas. Que dejemos de mirar a la Naturaleza como algo que siempre estará, para verla como nuestra pariente, como diría Donna Haraway.
Al parecerme un hecho tan interesante, decidí estudiarlo desde mi campo de investigación, que se encuentra en la negociación algorítmica de los discursos que se construyen mediados por las plataformas digitales. Entre los hallazgos más relevantes están que la capacidad de acción más allá de lo humano emerge de una triple traducción: 1) la negociación humana con los algoritmos, 2) mismos que traducen la presencia de las ballenas 3) en voz política. Es decir, no estamos hablando de ventriloquia en donde intentemos cantar como las ballenas, sino de una producción estratégica de discurso que va más allá de lo humano, en donde las ballenas se convierten en sujetos políticos sin dejar de ser ballenas. En este caso, los humanos no están hablando por las ballenas; más bien, están creando las condiciones semióticas mediante las cuales sus cantos se vuelven audibles legal y algorítmicamente.
Esta lucha por obtener justicia climática para todos los habitantes del Golfo de California no se ha quedado como una serie de publicaciones estéticamente bonitas con imágenes de ballenas brincando o sus colas saliendo a la superficie. En este caso, la lucha ha viajado entre los espacios digitales y presenciales como un oleaje parsimonioso, pero, a ratos, algo agitado. Por ejemplo, en mayo de 2025, se tuvo un pico de interacciones en plataformas debido a que todas las acciones previamente realizadas en línea y fuera de línea dieron como resultado que la IEEFA publicara un reporte sobre los riesgos, retrasos y conflictos del Proyecto Saguaro. Esta acción le dio mucha autoridad al movimiento y al canto de las ballenas. Este logro fue gracias al conjunto de acciones realizadas por las organizaciones climáticas detrás de esta lucha; entre ellas, saber hablar con el algoritmo. Pues más allá de saber traducir el canto de las ballenas, los humanos supieron resistir a los algoritmos y a su imperante interés por cambiar las reglas para que las publicaciones tengan que luchar constantemente por lograr visibilidad dentro de Instagram.
De este modo, las ballenas han vuelto a cantar y continúan haciéndolo, pues aunque los activistas climáticos han logrado varios hitos en esta lucha, el Proyecto Saguaro sigue siendo una amenaza para el territorio del Golfo de California.
Te invito a que sigas esta lucha y escuches lo que las ballenas y los activistas tienen qué decir a través de las redes sociales. Su canto no puede volver a quedarse en silencio.









