Las personas trabajadoras agrícolas mexicanas en Estados Unidos enfrentan barreras persistentes para acceder a servicios de salud, se trata de uno de los grupos laborales esenciales para la seguridad alimentaria de esa voluminosa población del país del norte, de quienes trabajan sus tierras agrícolas, sin estatus migratorio regular en alta proporción y patrones de envejecimiento acelerado.
Un estudio realizado por María de Jesús Ávila-Sánchez y José Alfredo Jáuregui-Díaz, de la Universidad Autónoma de Nuevo León, y Jimena Méndez-Navarro, de la Secretaría de Ciencias, Humanidades, Tecnología e Innovación, analiza el acceso a los servicios de salud de connacionales que trabajan la tierra en Estados Unidos y la evolución de su perfil sociodemográfico y legal, con base en la Encuesta Nacional de Trabajadores Agrícolas, la cual recoge información mediante entrevistas presenciales en sus lugares de trabajo (National Agricultural Workers Survey,1989 y 2022).
Las características demográficas y legales de los y las trabajadores agrícolas confirman su vulnerabilidad y la precarización del sistema productivo estadunidense, particularmente entre migrantes de origen hispano, quienes presentan bajos niveles educativos y salarios por debajo del umbral de pobreza, además de discriminación racial, de clase y de estatus migratorio. El salario promedio por hora reportado es de 10.60 dólares, aunque difiere en jornaleros y quienes reciben pagos por pieza. Una significativa mayoría ya se ha establecido en Estados Unidos, casi 80 por ciento son no migrantes, residen permanentemente en aquel país y han desarrollado vínculos sociales, económicos y residenciales permanentes, sólo 7.8 por ciento se incorporaron a Estados Unidos (2022). Los patrones migratorios transitan de una migración agrícola preponderantemente estacional en las décadas anteriores hacia una población mayoritariamente asentada, aunque sin estatus legal reconocido, lo que mantiene altos niveles de precariedad y exclusión de derechos. Se reproducen desigualdades históricas y estructurales: precariedad laboral, estacionalidad del empleo, bajo nivel de aseguramiento, inestabilidad jurídica migratoria, así como obstáculos lingüísticos y culturales.
El trabajo agrícola se asocia con alta exposición a riesgos físicos, químicos, ergonómicos y sicosociales, hay una carga relevante de enfermedades ocupacionales y crónicas. La agricultura es una de las industrias más peligrosas, la tasa de mortalidad laboral es de 21.4 por cada 100 mil trabajadores, muy por encima del promedio nacional (de 3.6). Las largas horas bajo exposición solar directa, contacto con pesticidas, posturas forzadas, uso de maquinaria pesada y las tareas repetitivas favorecen el desarrollo de patologías específicas, lesiones por esfuerzo repetitivo, dermatitis por contacto y enfermedades respiratorias, se documentan casos de pérdida auditiva inducida por ruido y cánceres ocupacionales por exposición a químicos. Se reporta además una alta prevalencia de enfermedades crónicas y ocupacionales, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, trastornos musculoesqueléticos, infecciones dérmicas y problemas visuales. En 2019, más de 217 mil trabajadores agrícolas fueron diagnosticados con sobrepeso y obesidad, 106 mil 574 presentaron hipertensión, 82 mil 968 tienen diabetes mellitus. Se suman los trastornos de salud mental, ansiedad, depresión y trastornos del estado de ánimo, que en conjunto afectaron a más de 100 mil de las y los trabajadores agrícolas en 2021.
Para minimizar los riesgos existen disposiciones específicas de saneamiento a trabajadores que realizan labores manuales, suministro de agua potable, instalaciones sanitarias y condiciones básicas de higiene, pero no son obligatorias para todos los empleadores. A partir de programas públicos se reconocen avances en la cobertura, pero más de 60 por ciento de esta población sigue sin acceso pleno a servicios de salud, sus parejas tienen acceso limitado, en tanto que los hijos de las y los trabajadores muestran mayor cobertura gracias al financiamiento estatal, hace falta también anticiparse a las consecuencias del envejecimiento laboral en la productividad del sector agrícola. El artículo completo se incluye en la edición de 2025 de “Migración y Salud” del Consejo Nacional de Población (Conapo), junto con otros estudios al respecto, puede consultarse en https://ow.ly/M4SQ50Y1p1A
La industria agrícola es un sector que genera cientos de miles de millones de dólares anuales, pero mantiene una cobertura fragmentada de salud, elegibilidad restrictiva y falta de atención especializada para poblaciones en movilidad. Fortalecer y crear un programa federal de aseguramiento portátil que garantice la continuidad en la atención médica para las y los trabajadores agrícolas tendría que ser estratégico, toda vez que se trata de una de las principales fuentes para la alimentación de la población estadunidense.
*Secretaria técnica del Conapo
X: GabrielaRodr108









