EL DEBATE
El proyecto Olinia, presentado como el auto eléctrico insignia del gobierno de Claudia Sheinbaum, avanza con retrasos estructurales que ponen en duda su viabilidad rumbo a 2027, fecha fijada para su comercialización. Sin prototipos públicos, sin planta piloto y con México aún sin extracción comercial de litio, la promesa de movilidad eléctrica popular enfrenta más límites técnicos que certezas industriales.
Anunciado como parte de la estrategia de movilidad y escaparate rumbo al Mundial 2026, el miniauto sigue en fase de diseño conceptual, mientras el país carece de una cadena productiva para fabricar baterías, el componente clave de cualquier vehículo eléctrico.
Un proyecto sin prototipos ni ruta industrial definida
El Olinia fue concebido como un vehículo eléctrico de bajo costo, diseñado por investigadores del Instituto Politécnico Nacional y el Tecnológico Nacional de México, con el objetivo de sustituir a los mototaxis y ampliar el acceso a transporte limpio.
Aunque la Presidencia ha reiterado que será un automóvil “para todas las familias mexicanas”, hasta ahora no existe ningún prototipo funcional sometido a pruebas públicas de seguridad, autonomía o desempeño. La meta oficial de iniciar ventas en el primer trimestre de 2027 exige acelerar procesos industriales que aún no superan la etapa de planeación.
Retrasos visibles y promesas incumplidas
El proyecto recibió un presupuesto inicial de 25 millones de pesos en 2025, canalizado por la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación. Sin embargo, los avances han sido mínimos.
En agosto de 2025 se presentó únicamente el emblema oficial, una liebre alada que busca representar agilidad e identidad nacional. La presentación de los diseños finales, prometida para septiembre del mismo año, nunca ocurrió y no hubo explicación oficial.
A la fecha, el Olinia carece de:
– Prototipos funcionales
– Planta piloto de producción
– Cadena de proveedores certificados
– Integración con empresas privadas para motores eléctricos y sistemas clave
Sin estos elementos, el escalamiento industrial masivo necesario para cumplir la meta de 2027 sigue siendo una proyección sin sustento técnico.
El gran obstáculo: México no produce litio para baterías
El principal cuello de botella del Olinia es la batería. Aunque México posee reservas relevantes de litio, no existe ninguna explotación comercial activa.
A diferencia de países sudamericanos donde el litio se extrae de salmueras, el mineral mexicano se encuentra en depósitos arcillosos, cuya extracción requiere procesos de lixiviación complejos, costosos y ambientalmente riesgosos.
El ingeniero Enrique Healy Wehlen, académico de la Universidad Iberoamericana, ha sido claro: el país no cuenta con la tecnología ni la infraestructura para producir litio a escala comercial. Esto implica que, para que el Olinia sea una realidad en 2026 o 2027, el gobierno tendría que importar baterías, principalmente de Asia, lo que desmonta el discurso de soberanía tecnológica.
Baterías de ion-litio: clave energética y reto ambiental
Las baterías de ion-litio dominan el mercado por su alta densidad energética y bajo peso, lo que las hace esenciales tanto para vehículos eléctricos como para sistemas de almacenamiento de energías renovables.
El litio actúa como portador de carga dentro de la batería, permitiendo altos voltajes y eficiencia energética. Esta ventaja ha convertido al mineral en un recurso estratégico global, con una demanda creciente en la industria automotriz y energética.
El costo oculto de la transición eléctrica
La narrativa de energía limpia enfrenta cuestionamientos técnicos. Estudios indican que:
– La extracción de litio representa hasta el 20% de las emisiones asociadas a las baterías.
– Fabricar baterías genera casi el doble de emisiones que producir motores de combustión, si se considera solo la fase industrial.
– La minería de litio puede requerir hasta 2,000 litros de agua por kilogramo, en regiones ya afectadas por sequías.
El riesgo, advierten especialistas, es que el Olinia termine como un símbolo político para el Mundial, pero no como una solución sustentable de largo plazo. Una transición energética justa, subraya Healy Wehlen, no puede basarse en extractivismo que comprometa los recursos hídricos de las comunidades.
ENLACE: Olinia, el auto eléctrico de la 4T, enfrenta retrasos y el obstáculo del litio









