Mientras China restringe exportaciones y Estados Unidos busca aliados, México tiene el mineral estratégico del siglo XXI bajo sus pies, pero sin plan para extraerlo

En Bacadéhuachi, un pueblo de poco más de mil habitantes en la sierra norte de Sonora, descansa uno de los yacimientos de litio más importantes de México. No es una ilusión ni una promesa vacía. Es litio real, en arcilla, bajo tierra donde hoy pasta el ganado. Pero ese litio sigue ahí, sin extraerse, mientras el mundo ya está comprando, procesando y vendiendo el mineral del futuro.
La historia del litio en Sonora es la historia de México frente a la economía global: tenemos los recursos, entendemos su valor estratégico, pero nos falta la capacidad de convertir esa riqueza en realidad industrial. Y el tiempo corre.
Por qué el litio importa ahora
El litio no es un capricho tecnológico. Es la columna vertebral de los vehículos eléctricos, los sistemas de almacenamiento de energía renovable y la infraestructura digital que ya define nuestra vida diaria. Sin litio no hay baterías. Sin baterías no hay transición energética.
La demanda global de litio creció 60% entre 2020 y 2025, pasando de 102,000 a 162,000 toneladas de carbonato de litio equivalente. Esa demanda seguirá subiendo. Pero aquí está el problema: la oferta mundial se concentra en pocos países, y México todavía no figura en la lista de productores.
En abril de 2025, China impuso restricciones a la exportación de siete elementos de tierras raras en respuesta a aranceles estadounidenses, tensando aún más las cadenas de suministro globales. Estados Unidos, que depende fuertemente de importaciones para tecnologías críticas, busca activamente nuevos socios. Europa hace lo mismo. La competencia por minerales estratégicos ya no es solo económica, es geopolítica.
China controla 44 millones de toneladas métricas de reservas de tierras raras, casi la mitad del total mundial de 92 millones de toneladas. Brasil tiene 21 millones de toneladas, seguido por India con 6.9 millones y Australia con 5.7 millones. Estados Unidos apenas cuenta con 1.9 millones de toneladas, el 2% del total global.
Y México, que según estimaciones del Servicio Geológico Mexicano podría tener hasta 9 millones de toneladas, aún no produce litio a escala comercial. Ni una tonelada.
El problema de Sonora no es geológico, es industrial
El litio de Sonora está en arcilla, no en salmuera como en Chile o Bolivia, ni en roca dura como en Australia. Extraer litio de arcilla es técnicamente complejo y costoso. No existe, al 2025, ningún país en el mundo que produzca litio comercialmente desde depósitos de arcilla. Esa es la verdad incómoda.
El proyecto más avanzado en Sonora, conocido históricamente como el Sonora Lithium Project, fue desarrollado por Bacanora Lithium desde 2010. En 2018, la empresa anunció reservas de 243.8 millones de toneladas de carbonato de litio equivalente, lo que algunos medios internacionales llamaron “el yacimiento más grande del mundo”. Pero en 2020, la entonces Secretaría de Economía aclaró que esa cifra incluía toda la arcilla, no solo el litio contenido en ella.
Estudios posteriores realizados por investigadores de la UNAM encontraron que las concentraciones de litio en Bacadéhuachi son altamente variables, oscilando entre menos de 100 partes por millón (ppm, la medida de concentración del mineral en la roca) y más de 10,000 ppm en diferentes capas de arcilla, con un promedio de 3,400 ppm. Para poner esto en perspectiva, se necesitan concentraciones superiores a 1,500 ppm para justificar estudios económicos de viabilidad.
Los planes originales del proyecto contemplaban inversiones de capital de aproximadamente $420 millones de dólares para una primera etapa industrial, con producción inicial de 17,500 toneladas anuales de carbonato de litio, expandibles a 35,000 toneladas en una segunda fase. Pero esos planes nunca se materializaron. En 2021, la empresa china Ganfeng Lithium adquirió Bacanora por completo. En 2022, el gobierno mexicano nacionalizó los depósitos de litio y creó LitioMx. Y desde entonces, el proyecto permanece en fase de estudios.
Tecnología, financiamiento y certidumbre: el triángulo pendiente
Para que Sonora produzca litio se necesitan tres cosas al mismo tiempo: tecnología probada a escala industrial, financiamiento competitivo de largo plazo y certidumbre regulatoria.
En 2024, el gobierno mexicano, a través del Consejo Nacional de Humanidades, Ciencias y Tecnologías (Conahcyt), desarrolló y patentó una tecnología para extraer litio de arcilla con pureza del 99%, apta para baterías. Pero como señalaron analistas a finales de 2025, el reto ahora es llevar esa tecnología a producción masiva con costos accesibles.
Ese salto de laboratorio a planta industrial requiere cientos de millones de dólares. El presupuesto asignado a LitioMx en 2025 fue de 36.8 millones de pesos, menos de 2 millones de dólares. Para 2026, se aprobaron 13.9 millones de pesos, apenas 708,000 dólares. Claramente insuficiente.
Además, los precios del litio cayeron drásticamente. En 2022, el carbonato de litio alcanzó $80,000 dólares por tonelada. A principios de 2025, el precio había caído a $9,000 dólares por tonelada. Esa caída cerró minas en Australia y canceló proyectos en varios países. Para México, significa que la ventana de oportunidad es estrecha: sin tecnología eficiente y costos competitivos, no hay proyecto viable.
Lo que está en juego
Sonora no es solo un estado con litio. Es el estado fronterizo con Estados Unidos que tiene la mayor concentración de inversión automotriz en México. Es el epicentro del nearshoring en industrias tecnológicas. Es donde se cruzan las cadenas de suministro de Norteamérica.
Si logramos extraer, procesar y comercializar litio en Sonora, estaríamos conectando un recurso estratégico con la demanda inmediata de empresas automotrices que ya operan en la región. Tesla, Ford, General Motors, todas tienen planes de expansión en vehículos eléctricos. Todas necesitan litio.
Pero para eso necesitamos pasar de las promesas a la ejecución. Eso significa:
Inversión real, no simbólica. Proyectos de esta escala requieren miles de millones de dólares, no millones.
Alianzas estratégicas con empresas que ya dominan la tecnología de procesamiento de arcillas. No podemos inventar solos lo que otros llevan décadas perfeccionando.
Certidumbre regulatoria que permita a inversionistas comprometer capital de largo plazo sin riesgo de cambios bruscos en las reglas.
Infraestructura para agua, energía y transporte. En Bacadéhuachi, una de las zonas con mayor estrés hídrico de México, la pregunta sobre el agua no es menor.
Y rapidez. Cada año que pasa sin producción es un año en que otros países nos llevan ventaja.
Una oportunidad que no podemos desperdiciar
La competencia por minerales críticos no es una guerra convencional, pero sí es una batalla por ventajas estratégicas. China no domina porque tenga más litio, sino porque controla el 90% del procesamiento y refinación global. Estados Unidos, la Unión Europea y otros países están invirtiendo agresivamente en proyectos fuera de China para diversificar su suministro.
México puede entrar a esa conversación. Pero solo si actuamos ya.
El litio de Sonora no es un espejismo ni una especulación sin fundamento. Es un recurso real con potencial real. Lo que falta no es el mineral. Lo que falta es la decisión de convertir esa riqueza en industria, empleos e ingresos para los sonorenses y para el país.
Tenemos la geología. Tenemos la ubicación. Tenemos la demanda esperando. Ahora necesitamos la voluntad política, la inversión adecuada y la capacidad de ejecución para hacer que suceda.
El tiempo de las promesas ya pasó. Es hora de construir.








