EL PAÍS recorre una docena de comunidades de Tabasco, donde el exsecretario de organización de Morena hace visitas casa por casa: “Él está quemado, pero por ser el hijo del presidente, votaría por él”
Beatriz Guillén
No se puede olvidar quién selló esta tierra. Lo indican los carteles dibujados a mano en parcelas de Sembrando vida; los puestos de trabajo cubiertos con Jóvenes construyendo el futuro; las vías de un tren que debía unir dos océanos; y lo dicen, sobre todo, uno a uno, todos los que hablan. La vecina que afirma que está primero Dios, porque es Dios, y después, a través de él, Andrés Manuel López Obrador. La joven que reconoce que su madre, entre votar a su hermana que se presentaba en un ayuntamiento con el PT o votar al partido creado por López Obrador, eligió al de López Obrador. Los hombres y mujeres que recuerdan a sus padres y a sus madres marchando por él, recibiendo pedradas por él, viajando hasta Ciudad de México en chanclas por él. “Siempre estuvimos con el proyecto de Andrés Manuel, gracias a Dios pude ver que él llegó a ser presidente, a pesar de todas las cosas. Ahora viene el hijo y también lo vamos a apoyar”, sostiene Eréndira de la Cruz, de Ceibita, en el patio de una casa que construyó con mucho esfuerzo después de una vida de pobreza. No es posible que Andrés Manuel López Beltrán, olvide que esta que camina ahora es la tierra de su padre.
López Beltrán, Andy para los de dentro e inevitablemente también para los de fuera, es el único de los hijos del expresidente que trata de seguir su trazo en la política. De 40 años, fue secretario de Organización de Morena, el partido fundado por su padre, desde octubre de 2024 hasta este mayo, cuando renunció para buscar el próximo año ser diputado federal por Tabasco. Su distrito combina la zona urbana de una parte del municipio de Centro (en Villahermosa, la capital) y la rural de Jalapa, Tacotalpa y Teapa. El político ha instalado en esta última localidad su refugio, frente a la retirada de su visa por el Gobierno de Donald Trump y las investigaciones periodísticas que apuntan a que las agencias estadounidenses están analizando acusaciones de posibles vínculos con contrabando de combustible.
Esta es una zona donde en la última elección a diputados hace tres años Morena sacó el 60% de los votos (ocho puntos menos que en 2018). López Beltrán todavía no ha sido nombrado como el candidato de Morena, pero se ha registrado como aspirante. El partido no ha transparentado si hay algún inscrito más para el 6 o si está solo el hijo del expresidente.En total en el distrito hay 170 secciones electorales, que López Beltrán empezó a recorrer el 1 de agosto con la promesa de caminarlas todas. “Lo haremos siempre como nos enseñaron: desde abajo, casa por casa, con humildad y en contacto directo con el pueblo”, dijo en un vídeo de ese primer día. Hasta ahora, según ha publicado en sus redes sociales, ha visitado 104. EL PAÍS ha recorrido una docena por las que él ha pasado: “Él nos dijo que no era campaña, porque eso no se puede, sino pues visitarnos y conocernos”, cuenta Giovanni, tendero de la comunidad de La Estación. El político ha rechazado dar una entrevista a este periódico para hablar de estos recorridos.
El acento tabasqueño
A López Beltrán le acompaña un equipo pequeño, afirman los vecinos, con una o dos camionetas, en las que va un asistente que toma notas de las preocupaciones en cada comunidad y también colaboradores locales que van abriendo el paso para ver quiénes lo quieren recibir. Visita una decena de viviendas por localidad, sin seguridad ni patrullas. “No puede ser ahora así extensivo porque todavía no es la campaña. En noviembre, primeramente Dios, ya se abre para que podamos reunirnos un poco más de personas”, apunta Eréndira de la Cruz, de 60 años.





La mayoría de los vecinos recibieron el aviso un par de días antes, por parte de los delegados municipales o de familiares que apoyan este recorrido de López Beltrán. Para otros, como Yolanda Díaz, de Eureka y Belén, fue una sorpresa y también una alegría. “Tocó a la puerta un muchacho, salimos y nos dijo: ‘Él es el hijo de Andrés Manuel López Obrador’. Nunca lo habíamos visto. Mi hermano le dijo: ‘Tienes la cara igual que tu papá’. Y él: ‘Pues sí, yo soy su hijo’. Muy bien, porque en mi casa y en mi familia, todos están con López Obrador”.
La opinión es casi unánime, solo cambian los matices: “Son dos gotas de agua su papá y él”; “ese porte igual que su papá”; “sí se parece bastante, la misma frentona”; “este es más altote”; “parecido pero algo más llenito”; “la forma de expresarse es casi igual”; “no se le ha modificado a pesar de que ya salió de allá del rancho”; “el hablar un poquito más fino que su papá porque el papá sí es choquísimo, este ya salió del Estado un poquito más, pero sí es choco”. El acento choco, el tabasqueño, López Beltrán lo recuperó al volver a su Estado.
Él vivió en Villahermosa hasta los 11 años, cuando se mudó a Ciudad de México porque a su padre lo hicieron presidente del PRD. En la capital, donde estudió la licenciatura en Ciencia Política en la UNAM —igual que López Obrador— solía moverse por la Roma y la Condesa, pero viajaba una vez al mes a Tabasco, donde tiene una compañía de venta de chocolate, llamada Finca Rocío en homenaje a su madre, Rocío Beltrán, fallecida en 2003. Desde mayo está empadronado en Teapa, donde está la empresa, y ahora también vive allí, según él ha confirmado.
“Yo ya estaba presente viendo mi negocio, viendo mi rancho. Nunca me desarraigué, conozco bien el distrito, lo he trabajado, fui delegado en Tabasco de Morena y he hecho trabajo político aquí permanentemente”, dijo en una entrevista de radio en XEVX, en la que afirmó tener el respaldo de su padre para este salto: “Yo llevo más de 15 años haciendo política y es la primera vez que voy a ser candidato a un puesto de elección popular. ¿Por qué esperé tanto tiempo? Porque tenía un acuerdo con Andrés Manuel López Obrador acerca de que yo no iba a participar en política el tiempo que él estuviera en activo. Él se encuentra en total retiro de la política y creí que era justo participar en la elección de 2027”.






El legado
Entre los 15 vecinos entrevistados, la mayoría habla de él como “el hijo del presidente”, algunos lo conocen como Andy, una vecina se refiere como Beltrán y un señor ya mayor le dice Dani. Ninguno lo llama Andrés Manuel. No muchos tienen claro exactamente a qué puesto se presenta, pero prácticamente todos afirman que van a apoyarlo.
“Usted sígale echando ganas, trae buen proyecto, usted siga el legado de su papá y aquí estamos para apoyar”, le dijo Eréndira al político, delante de sus cajas de limones, de sus dos borreguitos y su estanque de tortugas. “Él está muy quemado, aún así, por ser el hijo del presidente, yo estoy dispuesta a votar por él. Créame que sí. A darle el beneficio de la duda”, dice Guadalupe Ballina, sin atreverse a salir a su calle en una colonia de Villahermosa. ”El proyecto que nos presenta es muy bueno. Nosotros confiamos porque vimos resultados con el papá y pues él nos dice: ‘Yo vengo de la línea de él’. Esperamos que así sea”, añade Claudia Cornelio, en el centro de Astapa.
¿Y cuál es ese proyecto? Depende de a quién se pregunte: la ayuda a la gente humilde y a las comunidades más necesitadas, el apoyo a la educación, al agua y a la vivienda. Todos lo definen como amable, tranquilo, cercano y, sobre todo, dispuesto. “Nos preguntó que si necesitamos algo, que le digamos, que no está el dinero ahí, no está ya, pero dijo: ‘Yo tengo que apoyarles, si Dios me da fuerza voy a ayudarles”, apunta Díaz, que tiene 61 años y le platicó de un muro de la parte de atrás de su casa que se derrumbó por la caída del agua. Él —dice— le afirmó que iba a hablar con el Ayuntamiento de Teapa para ver que podía hacer. “Estuvo bien, tiene buenas ideas. Nos prometió si ganaba que cualquier problema que tuviésemos aquí en la comunidad, que le avisáramos para que él promueva todo”, cuenta José María Muñoz, de 80 años, de La Parrilla II.
En la Ceibita Primera Sección le hablaron de los problemas que tienen cuando se inunda la zanja entre la carretera y sus casas; en La Estación le preguntaron por la relocalización, a raíz de la construcción del Tren Interoceánico (uno de los proyectos insignia del expresidente), porque las casas que les dieron “no son dignas”; en Chichonal y en Astapa mencionaron la falta de abastecimiento de agua y los constantes cortes de luz; en Tamulté de las Barrancas, de las calles sin asfaltar, del agua que sale sucia de los grifos, de la inseguridad que les acecha. Los vecinos afirman que López Beltrán indicaba “apunta eso, apunta eso” a sus secretarios. Solo al pavimento de las calles en Centro contestó: “Eso no me pertenece a mí, eso es del municipio”.
El periódico de las causas justas
Todos recibieron el periódico que reparte, llamado Regeneración, el periódico de las causas justas y del pueblo organizado. En la portada, en mayúsculas, un mensaje habitual entre los morenistas: “Soberanía, sí; injerencia, no. No te dejes enlodar por la guerra sucia y de mentiras de la derecha mexicana”. En las páginas principales, la defensa de Claudia Sheinbaum ante la “injerencia extranjera”, un cómic de la CIA en Chihuahua y la amenaza que supone para México las fake news y The New York Times. Ese periódico publicó que dos agencias de Estados Unidos han investigado a López Beltrán por posibles señalamientos de contrabando de combustible. Esto después de que apareciera la mención a un “Andy” en la investigación de la Fiscalía General de la República sobre la trama de huachicol fiscal que involucra a altos mandos de la Marina. Esto después de que el propio López Beltrán anunciara que Estados Unidos le había cancelado la visa.
“Lo vi en la tele. Pero eso son los enemigos, o sea, los otros partidos que tienen que buscar por ahí”, apunta José María Muñoz. “Leí algo, pero de todos los políticos se ha hablado. Yo me voy a los hechos: qué haces por las personas. Veamos cómo trabaja. De eso se trata”, dice Miriam. “Él me dijo: ‘¡Cómo nos han golpeado!’. Pero yo le dije que así es la política: los que gobernaron y quieren regresar, van a golpear”, considera Eréndira de la Cruz. Más suspicaz es Guadalupe Ballina, de Centro: “Cuando el río suena es porque agua o piedra lleva”; o Consuelo Jiménez, de Chichonal: “Se ve mal, hace perder lo que tenía el Peje. Creo que la gente ya sabe la situación, se da cuenta de que no va a funcionar”.




Excepto un vecino que prefirió no dar su nombre, todos los entrevistados por EL PAÍS se alegraron de que López Beltrán se acercara a sus casas y caminara por sus comunidades. Y, por donde no ha pasado, ya le esperan. Antonio Pérez, delegado municipal de Ejido La Montaña, tiene preparadas las peticiones: necesitan techar la cancha, dos transformadores y 10 luminarias, caminadoras para cuando el lodo inunda estas calles de terracería, y médicos para la Casa de Salud. El hombre, trabajador, se ha reunido ya con los mandatarios locales que ha podido y también ha metido 94 solicitudes de mejoramiento en el Ayuntamiento de Jalapa, al que pertenecen. No ha recibido ninguna respuesta. Ahora confía en López Beltrán. “Ojalá, Dios quiera que venga. Si no, voy donde vive el papá, a llevarle a él la solicitud. Yo sé que él me echaría la mano”.










