Hay ciudades que escriben su historia en monumentos, archivos y fotografías; otras la conservan en la memoria de quienes vivieron sus acontecimientos. Navojoa también ha construido su memoria a través de sus cronistas, cuya tarea ha sido recuperar testimonios, documentos y relatos para evitar que el pasado desaparezca.
En 1970, el profesor Francisco Alfredo Larrañaga fue designado como primer cronista oficial de Navojoa. Durante dos décadas investigó y documentó acontecimientos fundamentales para la identidad municipal. Entre sus aportaciones destaca Sucedió en Navojoa, publicado en 1987, obra que representa una parte importante de aquella labor de recopilación histórica. Posteriormente, Manuel Hernández Salomón comenzó, desde 1990, a reunir fotografías, anécdotas y testimonios de la vida cotidiana. En 1997 fue nombrado oficialmente cronista durante la administración de Arsenio Duarte Murrieta y permaneció en esa responsabilidad hasta abril de 2018, cuando falleció.
Hernández Salomón dejó una importante colección documental y tres volúmenes dedicados a reconstruir distintos periodos de la historia regional. Su trabajo representa un esfuerzo por preservar la memoria de Navojoa desde los testimonios y acontecimientos de la vida cotidiana. Después de su muerte, la figura del cronista quedó vacante durante varios años, dejando pendiente una responsabilidad institucional relacionada con la preservación y divulgación de la memoria histórica del municipio.
En julio de 2026, las comisiones de Educación y Cultura, Gobernación y Reglamentación, Hacienda, Patrimonio Cultural y Cuenta Pública del Cabildo de Navojoa comenzaron a trabajar en la convocatoria para designar al nuevo cronista. El 20 de julio, el Cabildo aprobó por mayoría el inicio formal del procedimiento mediante una convocatoria pública. Se registraron tres aspirantes: Miguel Lagarda Flores, Felipe Gutiérrez Millán y Javier Félix Gastélum.
Hasta ese momento, el proceso parecía abrir la posibilidad de conocer las trayectorias, investigaciones y propuestas de quienes aspiraban a ocupar una responsabilidad vinculada directamente con la memoria histórica de la ciudad. Sin embargo, el procedimiento avanzó con rapidez. El 13 de agosto, apenas unas semanas después de la aprobación de la convocatoria, el Cabildo celebró una sesión extraordinaria para elegir al nuevo cronista. El resultado fue de 17 votos para Miguel Lagarda Flores, 2 para Felipe Gutiérrez Millán y ninguno para Javier Félix Gastélum. Con ello, después de casi ocho años, la silla del cronista volvió a ocuparse. La elección, sin embargo, abre una serie de preguntas que trascienden el resultado de la votación. El documento base establecía diez días hábiles para el registro y cinco días hábiles para que las comisiones convocantes realizaran la evaluación de los expedientes. La rapidez con la que se desarrolló el procedimiento permite plantear una cuestión legítima: ¿hubo tiempo suficiente para conocer y valorar ampliamente las trayectorias, investigaciones, publicaciones y propuestas de los aspirantes?
La rapidez, por sí misma, no demuestra una irregularidad. No obstante, sí plantea la necesidad de conocer con mayor claridad cómo se construyó la terna, cuáles fueron los criterios utilizados para valorar los expedientes y qué peso tuvieron la experiencia, las investigaciones, las publicaciones y los planes de trabajo de cada participante. También resulta pertinente conocer qué metodología emplearon las comisiones para sustentar su propuesta ante el Cabildo.
En este sentido, hablar de un proceso “fast track” debe entenderse como una referencia al carácter acelerado del procedimiento, no necesariamente como una afirmación de ilegalidad. La discusión de fondo se encuentra en la transparencia, la metodología de evaluación y la legitimidad cultural de una decisión que tiene consecuencias para la memoria histórica de todo el municipio.
Por ello, resulta pertinente preguntarse si la designación de quien tendrá la responsabilidad de contar la historia de la ciudad debe corresponder exclusivamente al Cabildo o si, en futuros procesos, sería conveniente incorporar mecanismos de participación y consulta de historiadores, investigadores, universidades, instituciones culturales, cronistas comunitarios y ciudadanía.
Con la designación de Miguel Lagarda Flores, Navojoa recupera formalmente la figura del Cronista Municipal. El nuevo reto será convertir ese nombramiento en un trabajo permanente de investigación, documentación y divulgación. Entre las tareas que demanda esta responsabilidad se encuentran el rescate de la memoria oral, la organización y digitalización de archivos, la colaboración con instituciones educativas y culturales, la incorporación de las voces de las comunidades rurales y pueblos mayos, así como el aprovechamiento de las nuevas tecnologías para acercar la historia a las nuevas generaciones.
La elección concluyó con una votación; la responsabilidad del cronista, apenas comienza. El verdadero desafío será que la memoria histórica de Navojoa pueda documentarse con rigor, pluralidad y continuidad, de manera que la figura del cronista trascienda el acto administrativo de su designación y se consolide como un referente permanente para preservar, investigar y difundir la historia y el patrimonio cultural del municipio.





