Hijo de Salvador Lutteroth, el “Padre de la Lucha Libre Mexicana”, Héctor Lutteroth Camou fue un empresario y político nacido en 1926, en Hermosillo, quien desarrolló una importante trayectoria en Tijuana y San Diego, California
Como empresario, se destacó en los ramos inmobiliarios, industriales, hoteleros, restauranteros, de la construcción y en el desarrollo de franquicias (Carl’s Jr.). Fue tesorero del Estado de Sonora, síndico municipal en Tijuana y secretario de Turismo del Gobierno de Baja California; también fue diputado federal por el PRI y dirigente municipal de este partido. Además,participó en distintos proyectos educativos y culturales, como los Patronatos de la Orquesta de Baja California, de la Universidad Iberoamericana y del Centro Cultural Tijuana, y en iniciativas de ámbitos como el Museo de Historia Natural de San Diego y el organismo Dialogue de la Universidad de California, también de San Diego.
.Alejado de los reflectores y sin autopromocionar sus logros, el empresario tijuanense Héctor Lutteroth Camou, se convirtió en líder de las relaciones binacionales entre Tijuana y San Diego. Uno silencioso.
Murió pacíficamente por problemas de salud el 10 de febrero de 2020. Tenía 93 años.
Mary Walshok, vice canciller asociada de Programas Públicos y decana de Extensión de la Universidad de California San Diego (UCSD) recuerda a Lutteroth como una persona silenciosa, pero con ideas fuertes que ayudaron a dar forma a la vida fronteriza tal y como la conocemos hoy en día.
Walshok lo conoció en los años ochenta, cuando el difunto editor del San Diego Union-Tribune Neil Morgan lo invitó a ser parte de la junta comunitaria, en su esfuerzo por incluir a la comunidad mexicana contigua como parte de la región de San Diego.
Lutteroth llegó a Tijuana en 1961 para ayudar a su padre con el hotel Country Club. Más tarde, ayudó a crear muchos puestos de trabajo en los sectores de bienes raíces, restaurantes y deportes. Su compañía Grupo AFAL (acrónimo de Asociación Familia Lutteroth), fue la primera en llevar la franquicia de Carl’s Jr. a la región de Baja California y el norte de México en 1991, siendo ahora propietario de 70 restaurantes.
Como parte de San Diego Dialogue, el primer grupo transfronterizo de la región, miembros de la comunidad, empresarios, líderes espirituales y otros, solían reunirse un sábado cada trimestre. Se reunían durante la mañana con un orador invitado, alternando sedes entre Tijuana y San Diego, para hablar de ciudades globales, infraestructura y otros temas relacionados con la frontera.
“Ayudó a crear una comunidad de líderes que abordaban los temas juntos. Hablando sobre lo que una cierta idea puede significar para cada ciudad, tratando de encontrar qué hacer para que las cosas funcionen mejor”, dijo Walshok.
Lutteroth se convirtió en un líder muy acreditado en el contexto mexicano para San Diego Dialogue, generando datos y conocimientos que ayudarían a dar forma a la región binacional. Una de esas ideas que nacieron en las reuniones de San Diego Dialogue fue el carril Sentri.
Alejandra Mier y Terán, directora ejecutiva de la Cámara de Comercio de Otay Mesa, dijo que la labor de Lutteroth sigue teniendo un efecto en los puertos fronterizos de entrada comerciales y no comerciales.
“Construyó las relaciones que aún rigen la forma en que trabajamos a través de grupos comunitarios que se reúnen todos los meses con la agencia de Aduanas y Protección Fronteriza para tratar cuestiones relacionadas con el cruce de fronteras”, dijo.
Lutteroth también será recordado como un padre estricto, pero justo, una persona educada que disfrutaba de la pintura y la música clásica. También fue corredor y participó en muchas carreras de 5 y 10 kilómetros en todo el condado de San Diego hasta los 85 años.
En Tijuana, también fue un filántropo silencioso que guió con consejos y ayudó a muchas personas con uniformes de baloncesto, equipo deportivo o dinero en efectivo para pagar las cuotas escolares.
“Muchas personas que ni siquiera conocíamos nos han dicho ‘él era una gran persona, nos ayudó a pagar la escuela de mi hijo, nos ayudó a construir un aula’ y eso es solo una muestra del gran corazón que tenía”, dijo su hijo Luis Lutteroth.
A Lutteroth le sobrevivieron su esposa Mercedes Del Riego Lutteroth; sus cinco hijos Ascan, Ana Armida, Luis, Jorge y Ernesto; 17 nietos y 3 bisnietos. Sus restos fueron enterrados en Hermosillo, Sonora.
Por su parte, el expresidente del Consejo Coordinador Empresarial (CCE) Tijuana, Kurt Honold Morales, consideró que el legado de Lutteroth Camou es “la honestidad y el trabajo. Don Héctor siempre trató de poner en alto a Tijuana, y es un hombre admirado y seguirá siéndolo”, afirmó.
Sobre la labor política de Lutteroth Camou, Honold Morales comentó que “Don Héctor fue uno de los políticos más honestos que tuvimos, siempre muy derecho, echado para adelante, procurando hacer las cosas bien”.
Lutteroth Camou también destacó por su labor en favor de la cultura al ser parte de los patronatos de la Orquesta de Baja California, de la Universidad Iberoamericana y del Centro Cultural de Tijuana (Cecut). Así como el Museo de la Historia Natural en San Diego.

El empresario José Galicot lo recuerda así:
“Un amigo querido y admirado, hombre de carácter, de nobles sentimientos, de acción. Me cuentan que, en su juventud, su padre, que era dueño de la Arena México, se quedó sin entrenador de box y lo nombró entrenador.
“Con la seriedad y disciplina que le eran notables, pronto tomó la acción de entrenar a pupilos que lograron ser campeones.
“Llegó a Tijuana de Hermosillo a los 41 años junto con su numerosa familia. El objetivo de su venida fue manejar algunas propiedades de su padre, como el Hotel Country Club.
“De ahí desarrolló varios centros comerciales, un negocio inmobiliario, un pequeño parque industrial e intentó y consiguió la franquicia de Carl’s Jr., que ha manejado diligentemente su hijo Enrique, llegando a más de 100 unidades que han marcado hitos en la concepción de negocios de comida rápida, enseñándole a los americanos cómo manejar mejor su franquicia, cuya extensión llega hasta Guadalajara.
“Brillan, sin duda, la honorabilidad y el servicio social, el valor ético de sus hijos Ascan y Luis (Wicho). Siendo su yerno y su hija los impulsores del proyecto México Sin Hambre, logran llevar diariamente comida recabada a más de 1 millón de personas necesitadas.”






