Dicen que las encuestas sirven para saber quién va ganando…
Pero hay una pregunta incómoda que casi nadie quiere hacer:
¿Quién pagó la encuesta?
Porque una cosa es medir lo que piensa la gente… y otra muy distinta es presentar una medición que termine diciendo exactamente lo que alguien quería escuchar.
Y aquí aparece la sospecha ciudadana:
“¿La encuesta encontró al ganador… o el ganador encontró la encuesta?”
Claro, no todas las encuestas están manipuladas. Una encuesta seria tiene metodología, muestra, fechas de levantamiento, preguntas, margen de error y debe transparentar quién la patrocinó y quién la realizó. El INE establece precisamente esas obligaciones.
Pero el ciudadano también tiene derecho a desconfiar.
Porque si una encuesta aparece todos los días diciendo que determinado candidato va arriba, uno puede preguntarse:
¿Estamos viendo una fotografía de la opinión pública…
o una fotografía cuidadosamente acomodada para influir en ella?
Y entonces aquella frase popular cobra fuerza:
“Las encuestas las gana quien las paga.”
Tal vez no siempre sea cierto…
pero mientras más opaca sea la encuesta, más grande será la sospecha.
Y una encuesta que necesita esconder quién la pagó…
ya empezó perdiendo algo mucho más importante que una elección:
la credibilidad.









