Hay una palabra que se ha convertido en protagonista de la política sonorense rumbo a 2027: encuesta.
Se habla de ella como si fuera una sentencia. Como si aparecer arriba significara tener la candidatura en la bolsa y aparecer abajo fuera suficiente para quedar fuera de la competencia.
Pero no funciona así.
Y quizá convenga recordarlo ahora que Morena se encuentra en la etapa decisiva para definir quién encabezará su proyecto rumbo a la gubernatura de Sonora.
Las encuestas sirven para medir. No para adivinar.
Mucho menos para sustituir una decisión política.
En los últimos meses hemos visto mediciones distintas, con resultados distintos y, en algunos casos, con diferencias importantes entre una casa encuestadora y otra. Eso no necesariamente significa que unas encuestas mientan y otras digan la verdad.
Significa algo mucho más sencillo: la fotografía cambia dependiendo de cuándo, cómo y a quién se pregunta.
Una encuesta puede medir conocimiento. Otra puede medir opinión positiva. Otra puede preguntar por preferencia dentro de un partido. Otra puede medir escenarios frente a la oposición.
Y todas pueden ser correctas dentro de su propia metodología.
El problema aparece cuando pretendemos convertir un número en una verdad absoluta.
El primer lugar no siempre es el candidato
Hay una idea que se ha instalado en la conversación política: quien gana la encuesta gana la candidatura.
Pero Morena ha dejado claro que el proceso es más complejo.
La encuesta es el instrumento central para medir competitividad, pero no es el único elemento que interviene en la decisión. La dirigencia nacional ha señalado que también se revisan los perfiles, sus antecedentes, criterios de honestidad y el principio de paridad de género.
Esto cambia completamente la lectura. Porque entonces la pregunta no es solamente:
¿Quién va arriba?
La verdadera pregunta es:
¿Quién reúne las condiciones para representar al partido y competir por la gubernatura?
Son preguntas distintas. Y en política, la diferencia puede ser enorme.
El problema de las encuestas privadas
Hay otro elemento que no debe pasar desapercibido.
Morena ha decidido mantener bajo reserva los resultados de las encuestas internas utilizadas para definir sus coordinaciones estatales rumbo a 2027. A diferencia del proceso de 2023, cuando los resultados fueron difundidos públicamente, ahora la dirigencia ha optado por comunicar los resultados directamente a los participantes y no hacerlos públicos.
La decisión puede tener una explicación política.
Cuando una competencia interna es cerrada, hacer públicos los números puede producir ganadores y perdedores mucho antes de que exista una definición formal.
Y un partido que necesita llegar unido a una elección no necesariamente quiere exhibir las heridas de su proceso interno.
Pero también existe un costo.
Cuando los resultados oficiales no se conocen, el espacio lo ocupan las versiones.
Las encuestas publicadas por medios de comunicación, las mediciones de casas encuestadoras, las filtraciones, las declaraciones de los equipos y, por supuesto, las redes sociales.
Entonces cada grupo interpreta los números a su conveniencia.
Si su perfil aparece arriba, la encuesta es “la buena”.
Si aparece abajo, la metodología está equivocada.
Y así comienza una guerra de encuestas que poco tiene que ver con la ciencia demoscópica y mucho con la estrategia política.
Ganar la encuesta no es ganar Sonora
Este es quizá el punto más importante.
Una elección constitucional no se gana dentro de un partido.
Se gana frente a todos.
Un aspirante puede ser muy competitivo dentro de Morena y no necesariamente ser el más competitivo frente a otras fuerzas políticas.
También puede ocurrir lo contrario.
Un perfil que no sea el favorito de toda la militancia puede tener mejores condiciones para crecer frente a una oposición determinada.
Por eso, reducir la selección a una sola pregunta sería un error.
No basta con preguntar quién gusta más dentro del movimiento.
Hay que saber quién puede convencer fuera de él.
Porque Morena competirá contra otras fuerzas políticas, contra el desgaste del gobierno, contra los problemas que afectan a los sonorenses y contra una oposición que, aunque hoy enfrenta dificultades, todavía puede modificar su estrategia.
De hecho, el escenario nacional muestra que Morena conserva una ventaja importante en preferencias, pero también que Movimiento Ciudadano ha ganado terreno y que el PAN y el PRI buscan redefinir su estrategia rumbo a 2027.
Sonora no será una elección aislada del contexto nacional.
Pero tampoco será una simple extensión de él.
La encuesta mide el presente; la elección ocurre en el futuro
Hay otra razón para tomar las encuestas con cautela.
Faltan meses para la elección, y en la política, meses pueden ser una eternidad.
Un candidato puede crecer después de ser definido, otro puede desgastarse, un escándalo puede cambiar percepciones, una crisis de gobierno puede modificar prioridades, una alianza puede alterar completamente el tablero. Incluso la aparición de una candidatura competitiva puede obligar a todos los partidos a modificar su estrategia.
Lo que hoy parece una ventaja sólida puede desaparecer en cuestión de semanas, por eso las encuestas son fotografías.
Y una elección es una película.
Confundir ambas cosas es uno de los errores más comunes del análisis político.
El verdadero reto comienza después de la encuesta
Hay una pregunta que debería importar tanto como quién encabeza la medición:
¿Qué va a pasar después de que se anuncie el resultado?
Porque habrá quienes ganen.
Y habrá quienes pierdan.
Y el verdadero desafío para Morena será conseguir que quienes participaron en la contienda interna entiendan que la elección no termina con la definición de la candidatura.
Ahí comienza.
El candidato necesitará estructura, pero también necesitará unidad, necesitará a quienes hoy compiten por la misma posición, necesitará operadores que quizá apostaron por otro proyecto, necesitará convencer a militantes que no necesariamente estaban de su lado y, sobre todo, tendrá que construir una candidatura capaz de trascender las fronteras del propio partido.
Porque una cosa es ganar una encuesta interna, y otra muy distinta, es ganar una elección estatal.
Morena no necesita solamente un ganador
Si Morena quiere conservar Sonora en 2027, no puede pensar únicamente en quién tiene mejores números hoy.
Tiene que pensar en quién puede construir mejores números mañana, en quién puede sumar, en quién puede resistir una campaña, en quién puede enfrentar a sus adversarios, en quién puede mantener unido al partido y finalmente, en quién puede gobernar.
Porque existe una diferencia enorme entre ganar una candidatura y ganar una gubernatura.
La primera depende de un proceso interno.
La segunda depende de millones de decisiones individuales tomadas frente a una boleta.
Por eso, quizá sería conveniente dejar de preguntar quién ganó la encuesta antes de conocer siquiera cuál será la decisión.
La encuesta puede ser un dato importante.
Puede ser incluso el dato más importante del proceso interno.
Pero no es la elección.
No es el gobierno.
Y tampoco es el futuro de Sonora.
La encuesta puede ayudar a elegir al candidato. Lo que no puede hacer es garantizar que ese candidato gane la elección. Y mucho menos garantizar que Morena llegue unido a ella.
Porque al final, el verdadero reto no será ganar una encuesta.
Será demostrar que se puede ganar Sonora.
Y, todavía más importante, demostrar que se sabe gobernarlo.




