Después de décadas de esfuerzos binacionales, el lobo mexicano se reprodujo y actualmente hay 317 ejemplares en Estados Unidos; pese a su papel para conservar los pastizales que benefician a ganaderos, el presidente Trump ordenó analizar si es hora de levantar las restricciones para dispararle.
LA SILLA ROTA
Se les pinta temibles, de mirada torva y asociados al mal, como el del cuento, donde uno quiere acabar con Caperucita Roja.
Pero la función ecológica que cumplen los lobos, en este caso los mexicanos, es la de ser pastores. Al acechar a los venados, conejos y vacas, evitan que estos arrasen con el pasto, obligan a que se muevan e incluso, pese a las quejas de ganaderos, también terminan por ayudar a la ganadería.
“El lobo es un pastor ahora, porque hace que las vacas y los herbívoros se muevan y no consuman todas las hierbas y los pastos que quisieran sin necesidad de vigilarlos, porque los venados y las vacas, cuando hay lobos, osos o pumas, comen un poquito y levantan la cabeza para vigilar, dan unos pasos y ahí se salvan muchas plántulas y especies”, explicó a La Silla Rota el investigador del Departamento de El Hombre y su Ambiente de la UAM Xochimilco, Jorge Servín.
Pese a esa función, Donald Trump ordenó a su secretaria de Agricultura, Brooke Rollins, revisar si los 317 ejemplares en territorio estadounidense ya pueden perder la categoría de especie en peligro de extinción. Actualmente, México y Estados Unidos protegen a los lobos mexicanos, que tienen presencia en Chihuahua, con entre 30 y 35 ejemplares, así como en Nuevo México y Arizona, con 317 entre ambos estados estadounidenses.
En caso de que se le quite la protección, los ganaderos que vean a sus vacas ser atacadas por lobos podrían dispararle, expresó Trump el 4 de octubre, ante ganaderos quejosos de la presencia de esta especie distribuida especialmente en Norteamérica.
Servín aclara que aunque se le quite la categoría, no será tan simple dispararle aunque lo ordene Trump. El acuerdo binacional marca que para perder la categoría debe haber más de 320 ejemplares del lobo mexicano en territorio estadounidense, y actualmente hay 317.
Esta cifra podría ajustarse por motivos políticos porque solo son 3 de diferencia y se podría alegar que tal vez no todos estén contabilizados.
No basta la presión política
Sin embargo, hay otros requisitos que deben analizarse.
Uno es la endogamia, ver que genéticamente los lobos ya adquirieron características que los hagan fuertes, luego de cruzarse con otros que no son de su familia, algo que sólo ha sido posible cuando hay más ejemplares.
Servin reconoció que las presiones políticas podrían pesar. Recordó que en su anterior administración, Trump también quiso quitarle esa categoría a los lobos grises del norte de Estados Unidos, pero enfrentó la oposición de organizaciones ecologistas que se lo impidieron.
“Vamos bien con el lobo mexicano, pero aún no estamos en la posición de tener poblaciones silvestres y genéticamente sanas. En donde el programa sí está atrasado es en la interconectividad entre poblaciones de Estados Unidos y México. Estas órdenes ejecutivas y organizacionales del gobierno federal estadounidense no influyen ni en nuestras leyes ni en nuestros programas de manejo. Nosotros vamos a seguir como siempre, con la protección completa de los lobos en territorio mexicano, no solamente en reservas”.
Víctima de las guerras
El biólogo Rurik List también aclaró que Trump ordenó analizar el manejo de la especie, pero no que se le dispare. En su caso, el investigador del área académica en Biología de la Conservación de la Universidad Autónoma Metropolitana Lerma lo vio como una medida del presidente estadounidense para tener contentos a los ganaderos de su país, afectados por el aumento del precio de combustibles y fertilizantes, a causa de las guerras en Irán y Ucrania.
“Los ganaderos necesitan utilizar gasolina para mover sus máquinas, mover comida, pero también Ucrania es la región donde se produce la mayor parte de fertilizantes e Irán es productiva en términos de petróleos”, explicó.
La guerra ha encarecido fertilizantes que son muy importantes para la producción agrícola, el forraje y la operación de ganaderos, así como las cabezas de ganado que se encuentran en el punto más bajo de su precio de los últimos 75 años, afirmó.
A ello se suma que la administración trumpista decidió eliminar aranceles durante 90 días sobre la carne en 90% para reducir el impacto del precio de los alimentos en su país. El resultado es que se importa carne de Argentina sin que pague impuestos, lo que para los ganaderos se convierte en una competencia desleal.
“Hay un gran enojo entre los ganaderos que tienen un lobby de cabildeo fuerte. Este grupo está descontento. Para contentarlos Trump dijo que va tratar de eliminar a los lobos, matarlos y que no representen presión adicional. El lobo está pagando decisiones políticas de la administración”, describió el contexto político.
México tendría que seguir protegiendolo
En un plazo de no más de 90 días, la administración del presidente Trump decidirá si le quita o no la protección al lobo mexicano y si autoriza a los ganaderos dispararle. En caso de que fuera así, de todos modos el gobierno mexicano está obligado a continuar la protección de los ejemplares que hay en México, principalmente en Chihuahua.
Pero lo que podría salir afectado es el intercambio de ejemplares para su reproducción en cautiverio, y que cuando ocurre, son usados para liberarse en sitios adecuados, explicó Servín.
La población tanto de Estados Unidos como México se toma como una sola. “Ellos no se pueden desligar de nosotros y tomar sus decisiones de manera independiente e imparcial”, enfatizó.
Los 317 ejemplares que hay en Estados Unidos, principalmente en los estados de Nuevo México y Arizona, siguen siendo reducidos para mantener una población genéticamente saludable. Si comienzan a dispararles, será más difícil que sobrevivan, advirtió por su parte Rurik.
“Permitir la cacería puede reducir números de lobos de manera que se reduzca la población para que con el tiempo tengan problemas genéticos de consanguinidad, que registren pérdida de variabilidad genética, no habrá diversidad, unos resisten más al calor, a estar sin agua un rato, las características que los hacen distintos son las que permiten que sobrevivan a condiciones difíciles”.
Pero su no presencia degradaría más los ecosistemas que se dañaron cuando no campeaba el lobo, añadió. La posibilidad de que sean cazados por ganaderos sería contraproducente, porque primero caerían los lobos más experimentados, que dejarían en su lugar a los más jóvenes, que si no están familiarizados con los lugares donde hay más herbívoros para alimentarse, recurrirán a las vacas para hacerlo, lo que causará más presión de los ganaderos para acabar con ellos.
“Potencialmente podrían aumentar los casos de depredación y aumentaría la cacería de lobos y la población disminuiría y quedaría reducida”, alertó.
No sólo los lobos están en la mira de los ganaderos y de Trump. En un mismo caso están los bisontes, que también fueron casi extintos en su totalidad de las praderas norteamericanas.
“Para complacer a los ganaderos que no quieren a los bisontes, tratan de prohibir que pasten en tierras federales que los ganaderos rentan para pastar. Los bisontes están siendo usados como ganado, pero no lo son y no son productivos, lo que ha generado una discusión pública, ya que algunos exigen que no se les proteja, pero eso va en contra de los pueblos originarios”, concluyó.
Contexto
El programa binacional comenzó en 1978 y dos años después fue cuando un cazador de lobos de Estados Unidos fue contratado para cazar lobos en México porque allá ya estaban extintos. La ley de EU requería que se recuperaran; se capturaron 5, empezó el programa y ya después se incorporaron otros grupos y el total de la población viene de estos individuos, rememoró Rurik.
De acuerdo con la Comisión Nacional de la Biodiversidad, el lobo culturalmente ha sido muy importante en la cosmovisión de los pueblos indígenas del norte de México. En la Pirámide de la Luna de Teotihuacán y en el Templo Mayor se han encontrado entierros en donde se incluyen animales con poderes míticos, entre los que se encuentran varios lobos y loberros (híbridos de lobo y perro).
Al lobo se le apreciaba por su bravura y fuerza y se asociaba con la guerra, con la fuerza y la potencia individual y con el sacrificio.
ENLACE: El lobo mexicano, clave para el ecosistema, en la mira de Trump | La Silla Rota









