Las áreas del cerebro que se activan para recibir y comprender lo que oímos son muchas, aunque, como “hay una tendencia de querer separar este órgano en zonas, por tradición decimos que el lóbulo temporal, ubicado arriba de los oídos, es el que se prende más; ahí el sonido se hace percepción”, explicó en entrevista Gonzalo Corvera Behar, director del Instituto Mexicano de Otología y Neurotología (IMON).
Sin embargo, agregó, en el tallo cerebral “hay un montón de –digamos– estaciones de procesamiento que van comunicando la señal captada que se cruza de un oído al otro, lo que permite distinguir voz de ruido y saber de dónde vienen los sonidos que escuchamos; esto no ocurre tanto a nivel de la corteza cerebral, aunque ésta es la última parte, pero no necesariamente la más importante”.
Una de las tareas del cerebro es el procesamiento central auditivo, que consiste en la detección de los sonidos y la facultad de ese órgano para interpretarlos. “Hemos encontrado la deficiencia de esa capacidad sobre todo en niños y niñas. Escuchan bien, según estudios, pero les cuesta mucho trabajo distinguir entre voz y ruido de alrededor, pueden tener dificultad para identificar de dónde viene el sonido, comprender una conversación. A estos pequeños no les va muy bien en la escuela, los tachan de tener problemas de atención y no es eso, sino les es más difícil entender lo que pasa en su entorno y se distraen. Al detectar esta condición se puede ayudar a que mejoren y evitar complicaciones más adelante”, señaló el especialista.
“El cerebro todo el tiempo compara lo captado por un oído y el otro; sabe que un sonido llegó al derecho porque entró primero por ese lado y después por el izquierdo, con una diferencia de milisegundos; también detecta que ingresó más fuerte del lado derecho que del izquierdo y midiendo la intensidad sonora, que se va perdiendo con la distancia, ese órgano estima con precisión el sitio del cual surgió. Por esa razón, es necesario escuchar con los dos oídos; si una persona sólo tiene sano uno, le cuesta más trabajo entender en ambiente ruidoso y si alguien le habla desconoce el punto del que proviene la voz o, por ejemplo, la sirena de una ambulancia que se acerca a ella, lo que la hace más vulnerable porque puede estar en una situación de peligro.”
Asimismo, en un ambiente ruidoso, el cerebro obtiene el sonido que interesa a la persona y borra lo demás. Realmente la capacidad que tenemos de procesar el sonido para entender lo que escuchamos es extraordinaria, aunque nuestra audición esté limitada a una banda más angosta que la de otras especies, como la de los perros o los murciélagos, añadió.
Corvera Behar detalló que los fonemas tienen distintas frecuencias, unas agudas y otras graves. “Cuando con la edad las primeras se van perdiendo, se reduce la capacidad de escuchar sobre todo las consonantes, entonces las personas comentan: ‘oigo lo que me dicen nada más que no entiendo’. Si no podemos distinguir todas esas vibraciones, no diferenciamos un fonema de otro y se dificulta comprender las palabras. Los tonos graves dan la sensación de volumen y los agudos, la comprensión”.
Memoria auditiva
Otra de las partes del cerebro involucradas en este tema es la memoria auditiva, “no sólo de la forma en que un sonido la activa y se recuerda algo, una música, por ejemplo, o un momento familiar. En ésta se almacena información sonora que permite comprender el lenguaje, reconocer voces y ruidos; la sordera también afecta esa capacidad”, destacó.
Por otro lado, las niñas y niños que nacen sordos no desarrollan las conexiones cerebrales que les permitirán expresarse verbalmente. Por ejemplo, si se tardara 15 años en ponerle un implante coclear, cuando lo lleve escuchará los tonos, pero no comprenderá las palabras, precisó.
Esos pequeños tampoco pueden aprender a leer. “Cuando empecé a trabajar en esto me preguntaba cómo enseñarles lenguaje. Pensé que por medio de la lectura y escritura era posible conseguirlo, pero es muy difícil. Creí que podía ganar tiempo. La lingüista italiana Bruna Radelli creó en México la logogenia, método para ese fin, con el que logró cosas muy interesantes, pero, para mí, no es la absoluta solución. Sencillamente, debes ayudarlos a oír”, sostuvo.
Corvera insistió en la importancia de atenderse a tiempo tanto en el caso de los adultos como de los niños, si se detectan dificultades para oír. “Si un niño es reportado en la escuela por mal comportamiento o falta de atención, lo primero que hay que hacer es revisarle el oído y si escucha bien, hay que buscar si padece trastorno del procesamiento central auditivo. La audición es relevante para nuestro desarrollo como seres humanos”.









