La guerra de Estados Unidos e Israel derrumbó ya los pilares que sostenían la endeble economía mundial y desde los escombros humeantes de las infraestructuras industriales, militares, gaseras y petroleras en el Golfo Pérsico, en aumento cada día, se gesta ahora la próxima crisis planetaria.
No se trata solo de los cerca de 10 millones de barriles de petróleo que entraban día a día al mercado mundial y que ahora generan disrupción, escasez y precios a la alza, principalmente en Asia y Europa, sino toda la cadena de hidrocarburos y derivados que elevarán la inflación en prácticamente todos los sectores y tendrán repercusiones específicas en la agricultura, la alimentación y decenas o cientos de ramas industriales.
El historiador de la Universidad de Arizona, David Gibbs, sostiene que el embargo petrolero de 1973-74, cuando los países de la OPEP castigaron a los aliados de Israel en la guerra del Yom Kipur, tuvo repercusiones económicas décadas posteriores en el mundo y una “cicatriz” financiera que Estados Unidos no superó.
Los economistas y analistas geopolíticos estadounidenses John Mearsheimer y Jeffrey Sachs sostienen que la respuesta de Irán a la agresión militar de Estados Unidos e Israel está perfectamente planeada, pues al cerrar el Estrecho de Ormuz provocaron un incremento en los precios del petróleo que afectó directamente a los estadounidenses, el país del mundo que más consume gasolinas y diésel, y el que más depende del automóvil para su movilidad diaria.
La guerra que tenía escaso respaldo entre los gobernados de Trump, generó con esta escalada de precios un rechazo aún mayor a las políticas de la administración, pero la afectación de la escasez de combustibles se extendió a los aliados de Estados Unidos en Asia, como Japón, Filipinas y Corea del Sur.
La guerra que pretendía cambiar el régimen iraní y poner en jaque a Rusia y China en sus fronteras y en en especial quitar el suministro de petróleo y gas para asfixiar al “Gigante Asiático”, no logró cambiar el régimen de los ayatolas, sino unificó a la gente que noche a noche desde el inicio de la guerra, e incluso bajo bombardeos aéreos, han salido sin parar a demostrar el apoyo a su gobierno.
Irán permite el paso de petroleros chinos por el Estrecho de Ormuz y ha dispuesto una “caseta de peaje” del equivalente a 2 millones de dólares en yuanes a todos los países no beligerantes que paguen su petróleo en la moneda china.
Es decir, voltearon las intenciones de Trump-Netanyahu de afectar a Irán y a China y ahora el yuan chino está fortaleciéndose en la región, su petróleo sigue llegando a puertos. El colmo vino cuando, en aras de estabilizar los precios internacionales del petróleo, el Tesoro de EU retiró a Rusia y a Irán las sanciones sobre las ventas de sus hidrocarburos. Rusia vende ahora más y más caros sus recursos, en tanto que Irán genera ingresos por peaje y por su venta incrementada de petrolíferos.
La crisis económica y militar que tiene a Estados Unidos en una derrota estratégica ante Irán se desató cuando Trump decidió ignorar los informes de inteligencia que le indicaban que Irán no perseguía armas nucleares y aquellos que decían que el país persa no representaba un riesgo inminente. Por el contrario, escuchó a su yerno Jared Kushner, de quien la prensa estadounidense señala como un activo del sionismo Israelí, directamente ligado a Bejunamín Netanyahu.
Pero la guerra contra Irán que Trump idealizó en tres o cuatro días, terminó con más de 23 bases militares que albergaban a 50 mil militares de EU en Arabia Saudita, Catar, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait o Irak.
Desde los primeros días Trump quiso buscar una salida, pero las vías diplomáticas estaban cerradas. El primer ataque artero a Irán, en junio de 2025 se dio en medio de un proceso de negociación, donde asesinaron al equipo negociador y a los principales mandos militares. La segunda agresión se dio, por segunda ocasión en medio de un proceso diplomático, donde en el mes más sagrado para el Islam, el Ramadán, asesinaron a mandos militares y a su líder supremo, el Ayatola Jamenei.
Sin embargo, la administración Trump ha buscado enviar mensajes de “alto al fuego” a través de otros países como Turquía o Pakistán, pero Irán no quiere otro alto al fuego para ser atacado nuevamente dentro de nueve meses. Con tal de cumplir sus objetivos y vencer a sus enemigos, ha aceptado todo el dolor de los bombardeos a más de 11 mil objetivos militares que han incluído infraestructuras civiles como depósitos de combustible, desalinizadoras de agua, centrales eléctricas, mientras mantiene asfixiado el paso de gas, petróleo, fertilizantes e insumos vitales para industrias como la de semiconductores.
Además de desatar la crisis militar que tiene a su país devastado con rondas diarias de misiles y drones que han provocado la huída de más de un millón de habitantes, Benjamín Netanyahu ha avivado el fuego. Fueron sus ataques a depósitos de petróleo en Irán que provocaron la represalia y destrucción de infraestructuras petroleras con intereses de EU e Israel en Arabia o Bahréin, fueron los ataques al yacimiento más grande de gas en Irán, lo que desató una represalia al puerto de Gas Natural Licuado de Catar, fueron los ataques de Israel a las acereras de Irán, el principal productor de acero en la región, las que provocaron la destrucción de una fundición de aluminio en los Emiratos y de una planta química militar en Israel.
Es por eso que los profesores estadounidenses Sachs y Measheimer señalan que la crisis es inevitable y puede ser peor, porque ya no se trata solo del bloqueo de Ormuz al paso de mercancías, sino que las capacidades de refinación de combustibles y de gas natural están ya afectadas y, de seguir en ese camino, podrían ser devastadas, con iguales consecuencias a la economía mundial.
Ante situaciones desesperadas, las medidas desesperadas de Trump son intentar operaciones terrestres en Irán, pero con un número que ronda 10 mil efectivos. Bajo la mirada de mandos del Ejército retirados y en activo, de Estados Unidos, Reino Unido y muchos otros países es una acció suicida.
Los mismos mandos militares ven a un Estados Unidos derrotado en lo estratégico, donde la medida más prudente sería declarar la victoria y retirarse con la pérdida de su imagen y prestigio militar, antes de consumir más vidas, recursos propios y de acerca más la economía mundial a un precipicio sin retorno.








