Raúl Durán / msn.com

En México, Coca-Cola es mucho más que un refresco popular. En muchas regiones del país forma parte de reuniones familiares, comidas cotidianas y celebraciones. Pero hay un lugar donde su presencia va mucho más allá de lo habitual, al grado de destacar como el lugar donde más se consume en el país y el mundo.
Se trata de San Juan Chamula, en el estado de Chiapas, una comunidad indígena tzotzil ubicada en la región de Los Altos. Durante años, ha sido señalado como el pueblo que más consume Coca-Cola en México, dentro de un estado que también aparece como la región con uno de los mayores niveles de consumo a nivel mundial.
Más allá del dato sorprendente, el caso ha llamado la atención porque muestra cómo esta bebida azucarada puede integrarse profundamente a la vida cotidiana de una comunidad, al mismo tiempo que se relaciona con problemas graves como la obesidad, la diabetes y otras enfermedades crónicas.
El pueblo donde la Coca-Cola se volvió parte de la vida diaria
De acuerdo con los datos citados por autoridades y especialistas, en Chiapas el consumo promedio de refresco alcanza 821.25 litros al año por persona, es decir, poco más de 2.2 litros diarios, una cifra muy superior al promedio nacional.
Dentro de ese contexto, San Juan Chamula es uno de los casos más representativos por la manera en que la bebida se ha incorporado a la vida cotidiana de las comunidades.
En entrevista con BBC Mundo, el doctor Marcos Arana, investigador del Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición Salvador Zubirán, explicó que en la región de Los Altos de Chiapas el consumo de refresco está completamente normalizado, incluso desde edades muy tempranas.
Según relató, en muchas comunidades es común que las familias lleven varios litros de Coca-Cola al campo para acompañar la jornada o las comidas del día.
A esto se suma otro factor que vuelve único este caso: en San Juan Chamula, la Coca-Cola también ha adquirido un uso ritual y simbólico.
Uno de los aspectos más conocidos de esta comunidad es la forma en que la Coca-Cola se ha integrado a ciertas prácticas religiosas y de sanación.
En la iglesia de San Juan Chamula, así como en algunos rituales tradicionales, la bebida puede utilizarse como ofrenda o acompañamiento en ceremonias.
Parte de esta práctica se relaciona con la creencia de que el eructo que provoca el refresco ayuda a expulsar malos espíritus o limpiar el cuerpo, por lo que ha llegado a ocupar un lugar especial dentro de algunos ritos espirituales y de curación.
También se ha documentado que, con el paso del tiempo, el refresco desplazó a otras bebidas tradicionales, como el posh, un aguardiente artesanal de maíz usado históricamente en ceremonias indígenas.
Este fenómeno no puede explicarse solo desde la religión. Investigadores también han señalado que el consumo extremo está ligado a factores mucho más amplios, como la fuerte presencia comercial de la marca, campañas de publicidad en lenguas indígenas, la gran cantidad de puntos de venta y la falta de acceso suficiente a agua potable en algunas comunidades.
Otro de los especialistas que ha estudiado el tema es Jaime Page Pliego, doctor en Antropología y uno de los investigadores que ha analizado el fenómeno del consumo de refresco en Chiapas.
Entre las causas que ha identificado están una legislación débil frente a la industria refresquera, la facilidad para conseguir el producto, sus precios accesibles y su inserción en la vida cotidiana y religiosa de las comunidades.
Ese contexto ayuda a entender por qué el caso de San Juan Chamula no es solo una “curiosidad”, sino una muestra de cómo factores culturales, económicos y estructurales pueden influir en los hábitos de consumo de toda una población.
El impacto de la Coca-Cola en la salud
Ahí es donde entra la parte más delicada del tema. Diversas instituciones y organizaciones han advertido que el consumo excesivo de bebidas azucaradas está relacionado con un mayor riesgo de obesidad, diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y otros problemas de salud.
La Profeco, por ejemplo, ha señalado que el consumo excesivo de refrescos aumenta el riesgo de obesidad, infarto y diabetes, mientras que organizaciones como El Poder del Consumidor han insistido en que el problema tiene un impacto directo en la salud pública nacional.
En México, además, el problema es especialmente delicado. El país se mantiene entre los de mayor consumo de refrescos, con alrededor de 163 litros por persona al año, y organizaciones civiles han señalado que los productos de Coca-Cola representan una parte muy importante de ese mercado.
Por eso, el caso de San Juan Chamula y de Chiapas en general se ha convertido en una especie de espejo incómodo: muestra cómo una bebida profundamente integrada a la cultura y la rutina también puede convertirse en un problema serio cuando su consumo deja de ser ocasional y se vuelve parte del día a día de comunidades enteras.








