Científicos confirman que el asteroide Ryugu contiene las cinco nucleobases esenciales (adenina, guanina, citosina, timina y uracilo). El hallazgo de la misión Hayabusa2 refuerza la teoría de que los ladrillos biológicos llegaron a la Tierra desde el espacio y son un estándar en el cosmos.
Internet / Google Gemini
El misterio sobre el origen de la vida en la Tierra parece haber encontrado su respuesta definitiva a millones de kilómetros de nuestro planeta. Un equipo de científicos japoneses ha confirmado un hito sin precedentes en la astronomía y la biología: el asteroide Ryugu alberga los cinco componentes fundamentales necesarios para la formación del ADN y el ARN.
Tras analizar apenas 5,4 gramos de material recolectado y traído a la Tierra por la sonda Hayabusa2, los investigadores identificaron la presencia de adenina, guanina, citosina, timina y uracilo. Es la primera vez en la historia de la exploración espacial que un solo cuerpo celeste revela poseer el “set completo” de moléculas necesarias para almacenar y transferir información biológica.
De la química espacial a la biología terrestre
Este descubrimiento, publicado en la prestigiosa revista Nature Astronomy, supone un respaldo masivo a la teoría de la panspermia molecular. Según esta hipótesis, la Tierra primitiva, en su etapa de formación, fue “sembrada” con los ingredientes básicos de la vida mediante el bombardeo constante de asteroides y meteoritos.
A diferencia de misiones o estudios anteriores que solo detectaban fragmentos aislados de estas moléculas, Ryugu presenta una mezcla equilibrada y compleja. Los expertos sugieren que estas nucleobases se formaron en un “cuerpo padre” rico en agua, donde reacciones químicas estables ocurrieron durante millones de años antes de que el asteroide se fragmentara.
Un estándar cósmico
El hallazgo de la misión japonesa no solo explica nuestro pasado, sino que redefine nuestra búsqueda de vida en el universo. La presencia de estas bases en un cuerpo tan primitivo como Ryugu implica que la receta de la biología no es una anomalía terrestre, sino un fenómeno frecuente en el espacio profundo.
“La base molecular de la vida es mucho más prevalente en el cosmos de lo que nos atrevimos a imaginar”, señala el estudio liderado por Y. Oba.
Aunque el salto entre estas moléculas y el primer organismo vivo sigue siendo el “eslabón perdido” de la ciencia, Ryugu nos ha entregado la prueba de que el plano de la vida está escrito en las estrellas.
Fuente: internet









