El republicano, aliado de líderes de la ultraderecha mundial, promete un Gobierno de emergencia centrado en el orden, la seguridad y el crecimiento económico
Rocío Montes
Chile comienza un nuevo ciclo político. A 36 años de la dictadura militar de Augusto Pinochet (1973-1990), llega a La Moneda un presidente conservador como no se había visto en estos años de democracia. La derecha llegó al Gobierno en dos ocasiones con Sebastián Piñera, pero el empresario era un rara avis en su sector político. Con José Antonio Kast vuelve la derecha que conecta con la herencia de Pinochet. Abogado de 60 años, nueve hijos, del movimiento católico Schoenstatt, y fundador del Partido Republicano -que pasó por la derecha a la derecha tradicional- Kast llega con la promesa de un Gobierno de emergencia, centrado en el control de la delincuencia, el freno de la migración irregular y el crecimiento económico. Sucederá a Gabriel Boric, líder de una nueva generación de izquierda, que llegó al poder en 2022 con la idea de que en Chile se enterrara el neoliberalismo. Lo que surgió en estos años, sin embargo, fue una ciudadanía que, impaciente y asustada por los delitos, le da la oportunidad ahora al primer presidente que no ha cortado con Pinochet, aunque en esta campaña, en su tercer intento, optó por el pragmatismo y dejar de lado la nostalgia autoritaria y silenciar sus creencias contrarias a las libertades individuales, como el aborto.
En Chile se habla de un cambio de un ciclo político porque Kast demostró que, a 52 años del Golpe de Estado contra Salvador Allende, en 1973, resulta posible que un partidario de la dictadura llegue a dirigir el país. Lo hará por cuatro años, hasta marzo de 2030. Llega a La Moneda tras resultar electo en diciembre con el 58% de los votos y luego de transformarse, por el voto obligatorio, en el presidente más votado de la historia de Chile. Arriba al poder, además, con altas expectativas ciudadanas, que desde 2005 no eligen a un presidente del mismo signo político de su antecesor, en una especie de castigo a los gobernantes en ejercicio. Es un electorado exigente y que no se compromete con los proyectos políticos, en buena parte por la desafección que existe hacia la clase dirigente. En las presidenciales de 2025, luego de Kast y de Jeannette Jara, el tercer lugar lo ocupó Franco Parisi, un populista que reniega de la política y que ha desvelado sus intenciones de presentarse por cuarta vez a la Presidencia en 2030. Su formación, el Partido de la Gente, se ha convertido en una fuerza importante en el nuevo Congreso y una de sus parlamentarias, Pamela Jiles, se quedará probablemente este miércoles con la presidencia de la Cámara de Diputados por un acuerdo con la izquierda. Existe consenso que se trata de una fuerza que sobrevuela con fuerza la política chilena, que ha logrado conectar con sectores de la población que ni la derecha ni la izquierda habían visto con seriedad: lo segmentos medios y emergentes de regiones diferentes a Santiago de Chile.
A Kast y su círculo no les acomoda que les llamen de ultraderecha, pero desde que fue electo a mediados de diciembre ha mostrado sus preferencias a nivel internacional. Su primera visita fue al presidente argentino, Javier Milei, con el que se fotografió con una motosierra, símbolo del desguace del Estado. Luego estuvo en El Salvador de Nayib Bukele, visitando su megacárcel, el Centro de Confinamiento del Terrorismo (Cecot). “Queremos pedirle colaboración a ustedes en temas de mejorar nuestro sistema penitenciario, en conocer mejor su sistema de derecho penal, no necesariamente haciendo lo mismo, sino, de acuerdo a nuestra realidad, poder perfeccionar”, dijo Kast a Bukele a fines de enero en San Salvador. Luego emprendió una gira por Europa. Estuvo en Italia con la primera ministra, Giorgia Meloni, y en Hungría con Viktor Orbán, ambos ultraderechistas. Estuvo además en Bélgica, donde fue orador de la VII Cumbre Transatlántica, organizada por Political Network for Values [Red Política de Valores], una organización ultraconservadora que el chileno lideró entre 2022 y 2024. Aliado del líder de VOX, Santiago Abascal -se reconocen amigos-, Kast llamó en Europa a promover “familia, verdad y libertad” frente a los “ismos” de la izquierda.
Luego de quebrar con el Gobierno de Boric y dar por terminado el traspaso de mando en una reunión bilateral la semana pasada -luego se recompuso la relación-, Kast viajó a Miami para participar el sábado de la cumbre de Escudo de las Américas, en el resort de Donald Trump en Florida, donde el chileno alabó la operación de su Gobierno en Venezuela y lo animó a hacer lo mismo en Cuba, alabando su política exterior. En la ceremonia de toma de posesión de este miércoles se preveía la presencia del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, pero Lula anuló su viaje a Chile ante la presencia de Bolsonaro hijo, cercano a Kast. En la ceremonia no habrá ningún presidente de izquierda de peso.
El nuevo Gobierno chileno buscará un recorte fiscal de 6.000 millones de dólares en 18 meses, pero el ministro de Hacienda de Kast, Jorge Quiroz, ha arrancado antes del comienzo de la Administración con un instructivo que ordena un recorte transversal del 3% del gasto público para todas las carteras del Ejecutivo. En paralelo, a través de diferentes iniciativas, la nueva Administración busca tomar distancia de Boric y su generación. Junto con anunciar una auditoría a toda su gestión, el nuevo Gobierno busca cambiar lo simbólico. Los funcionarios chilenos a partir de este miércoles deberán seguir un nuevo código de vestimenta. Para hombres: camisa, chaqueta y corbata. Para mujeres: tenidas sobrias y de carácter formal. Mientras, la izquierda chilena se prepara para una larga noche en el Gobierno de Kast.
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