Se suponía que sería una operación rápida; entrar, bombardear, decapitar al régimen y el pueblo iraní haría lo propio, con ayuda de la CIA derrocar al gobierno, instalar un gobernante afín a Estados Unidos e Israel. ¡victoria!
Pero no ocurrió, pese al asesinato del máximo líder, el Ayatola Jamenei, el régimen iraní no colapsó, sino al contrario, en medio de bombardeos de la coalición EU-Israel, millones de iraníes salieron a las calles a lamentar el martirio de su líder político y religioso, y a pedir a su ejército venganza por tal afrenta.
Tan pronto como un día después del inicio los ataques de decapitación a Irán, que se dieron en medio de un proceso “diplomático” de negociación entre EU e Irán, el Presidente de Estados Unidos a través de Italia, mandó el mensaje a Irán de poner fin al conflicto, propuesta rechazada rotundamente por el mando político y militar. En ese momento, Irán dejó claro que la guerra terminará cuando ellos lo decidan.
Si observamos únicamente los medios tradicionales tendremos la idea de una coalición de Estados Unidos e Israel victoriosos que por motivos estratégicos conseguirán el triunfo definitivo “en unas tres o cuatro semanas más”, pero en medios alternativos en idioma inglés, un grupo de ex militares estadounidenses, quienes han ocupado los más altos cargos en el Pentágono, la CIA y la Marina, advertían desde antes del inicio de la guerra que había pocas, si no es que nulas, posibilidades de una victoria sobre Irán.
Una de las máximas atribuidas a Sun Tsu en el libro “El Arte de la Guerra” consiste en conocer al enemigo… una gran falla, de acuerdo a las decisiones tomadas por la dupla Trump-Netanyahu de preparar una guerra de “tres o cuatro días” y salir luego ganadores, como virtuales gobernantes de Irán, un país del tamaño de Europa, con vastas reservas de uno de los petróleos ligeros de mayor calidad, gas, minería estratégica y una posición geográfica inmejorable, a las puertas de Rusia y China, los dos principales rivales de EU.
Durante meses, Estados Unidos rodeó a Irán con dos grupos de portaaviones, cientos de aeronaves militares y decenas de aviones tanque para reabastecer en vuelo a los aviones de ataque. En respuesta Irán advirtió que, cualquier ataque de Estados Unidos sería respondido con represalias a sus bases militares en los países árabes, colocadas estratégicamente durante décadas alrededor de las fronteras de Irán.
Contrario a lo ocurrido en la “Guerra de los 12 días”, en junio de 2025, donde Irán demoró más de un día en responder a los ataques de decapitación de Israel, en esta ocasión era cierto lo advertido de que los iraníes tenían el dedo en el gatillo, y en menos de media hora, decenas de misiles y centenares de drones comenzaron a volar hacia Israel y bases militares estadounidenses en países como Bahréin, Arabia Saudita, Catar, Kuwait y Jordania.
Despejado el polvo de los primeros días, los satélites evidenciaron el resultado de los primeros ataques: Irán había dejado ciega la defensa aérea de Estados Unidos para toda la región.
Mediante la estrategia de la saturación, Irán dirigió misiles y drones hacia los más avanzados radares de Estados Unidos, tres de ellos con costos de más de mil millones de dólares, radares especializados en monitorear aviones y lanzamientos de misiles, no solo en todo Irán, sino en la parte occidental de Rusia y China.
Los siguientes ataques fueron a los centros de comunicaciones de esas bases militares. En la guerra anterior, Israel sabía en tiempo real cuando Irán lanzaba sus misiles y los sistemas de detección de gran altitud, THAAD, de Estados Unidos, atajaban misiles incluso fuera de la atmósfera terrestre, además de que pasaban información vital para que otras capas de la defensa apuntaran los cohetes interceptores hacia los misiles iraníes.
En esta ocasión, la alerta temprana quedó desactivada y las bases militares estadounidenses y el propio Israel dependen de radares de corto alcance, lo que prácticamente ha inutilizado las defensas aéreas.
Por eso Trump quería detener todo desde el segundo día del conflicto, porque en unas pocas horas habían asesinado a los altos mandos de Irán, pero en represalia, les habían inutilizado los ojos de sus bases militares en todo el medio oriente, que ahora estaban a merced de los misiles para terminar con ellas.
Además, Irán cumplió su promesa de cerrar el Estrecho de Ormuz, donde no solo ha ahorcado el paso de más de un 20 por ciento del petróleo que se consume en el mundo, sino que, en un ataque financiero a Estados Unidos e Israel, han atacado infraestructuras petroleras y gaseras.
Los futuros del precio del crudo se han duplicado en una semana de conflicto, similar a los precios del gas, luego que Catar, uno de los principales productores mundiales, cerró sus operaciones y canceló pedidos por “fuerza mayor”.
El ex analista de la CIA, Scott Ritter, sostiene que Estados Unidos perdió la guerra desde el primer misil lanzado contra Irán.
En un momento, los chinos definieron el poder militar de Irán como “con una espada muy filosa, pero con un escudo muy débil”, y ahora lo mismo podría decirse de los ejércitos de EU-Israel, lo que anticipa en en los días siguientes tendremos una guerra de grandes daños por ambos lados, donde las armas de alcance largo de la llamada “Coalición Epstein” se terminan y los futuros bombardeos a Irán tendrán que ser con aviones sobre territorio Iraní, lo que los expone a las defensas antiaéreas y grandes pérdidas.
Para EU e Israel, la guerra suponía derrotar al enemigo y ser el hegemón en la región; para Irán, parece ser expulsar a Estados Unidos de todo el medio oriente y someter a Israel, país responsable de todas las guerras ocurridas en la zona, debido a su expansionismo.
Mientras tanto, la economía mundial depende de la intensidad y más que ello, de la duración del conflicto.







