La sucesión de 2027 y el poder que se reorganiza.
En política los vacíos de poder rara vez permanecen vacíos. Alguien los llena. Y en Sonora, de cara a la sucesión de 2027, ese proceso parece haber comenzado.
Hace un año escribí que el sistema político sonorense operaba bajo una especie de triunvirato informal: el gobernador Alfonso Durazo, el alcalde de Hermosillo Antonio “Toño” Astiazarán y el senador Manlio Fabio Beltrones. Tres centros de influencia que, desde distintos espacios, incidían en el rumbo de la política estatal.
Hoy el tablero parece haber mutado. Más que un triunvirato, lo que se perfila es una diarquía política. Dos figuras que, cada una desde su territorio, empiezan a ordenar el escenario: Astiazarán y Beltrones.
Mientras tanto, el gobernador aparece en una posición compleja. No por falta de autoridad institucional, sino por las restricciones políticas que acompañan al poder. La legislación electoral le impide intervenir abiertamente en la sucesión, y su propio equipo no siempre ha mostrado la capacidad para conducir la narrativa pública. A sus 73 años, Durazo sigue siendo un operador experimentado, pero gobierna como un hombre orquesta, y hasta los hombres orquesta necesitan una orquesta detrás.
El intento de ordenar la sucesión. En marzo de 2025 el gobernador intentó fijar reglas al juego. Destapó seis “corcholatas”: Lorenia Valles, Javier Lamarque, Célida López, Froylan Gámez, Adolfo Salazar y Paulina Ocaña.
El mensaje parecía claro: la sucesión se procesaría dentro del movimiento. Sin embargo, la política mexicana rara vez respeta los calendarios diseñados desde el poder.
Cuando la presidenta Claudia Sheinbaum elogió públicamente al alcalde de Cajeme, Javier Lamarque, muchos interpretaron aquella señal como un respaldo adelantado. Morena intentó matizar después. La dirigencia estatal habló de tres perfiles competitivos: Lamarque, Lorenia Valles y Heriberto Aguilar.
Pero la realidad del poder empezó a moverse en otra dirección. El movimiento de Beltrones. El senador Manlio Fabio Beltrones introdujo una variable distinta cuando afirmó que Toño Astiazarán estaba realizando un buen trabajo en Hermosillo y que su perfil podría ser considerado para la gubernatura que la oposición disputaría en 2027.
En política, ese tipo de comentarios rara vez son casuales. La señal fue reforzada cuando Astiazarán invitó al dirigente nacional de Movimiento Ciudadano, Jorge Álvarez Máynez, a un acto oficial del ayuntamiento. Un gesto que colocó a Hermosillo en el radar político nacional.
Paralelamente, comenzaron a aparecer aspirantes a la alcaldía de la capital: Flor Ayala, Ramón Corral, Daniel García Escalante y posteriormente el ex alcalde Alejandro López Caballero, quien incluso fue recibido en el Senado por Erik Iván Jaimes Archundia, suplente de Beltrones. También levantaron la mano el diputado federal Agustín Rodríguez y, según algunos panistas, Gildardo Real.
Demasiados movimientos para un tablero que se suponía bajo control del oficialismo. Nuevos actores en el tablero. El escenario se agitó aún más cuando el Partido Verde, aliado de Morena, nombró coordinador de la primera circunscripción al ex alcalde Manuel Ignacio “Maloro” Acosta. Un movimiento que evidenció la autonomía de los aliados del oficialismo.
Y luego apareció Luis Donaldo Colosio Riojas. Durante una visita a Hermosillo reconoció su aspiración a gobernar Sonora. Trascendió que sostuvo encuentros privados tanto con Durazo como con Astiazarán. En política, esas reuniones suelen ser algo más que simples cortesías.
El desafío interno de Morena. Mientras tanto, el supuesto favorito presidencial, Javier Lamarque Cano, es hora que todavía no logra consolidarse plenamente dentro de Morena. Ante ello ha iniciado una intensa agenda estatal de obras y anuncios de proyectos.
Dentro del partido incluso comienzan a mencionarse otros nombres, como María Dolores del Río y Ana Gabriela Guevara, en un intento por ampliar el proceso interno y legitimar el método de encuestas que definirá al futuro coordinador político del movimiento.
Pero el problema del oficialismo no es sólo la competencia interna. Es también el clima político. La narrativa de la Cuarta Transformación en Sonora enfrenta desgaste, mientras persisten críticas a los resultados de los gobiernos de López Obrador, Durazo y la propia Sheinbaum en el estado.
El propio Durazo lo advirtió recientemente: la alianza con el Partido del Trabajo y el Partido Verde no es un simple acuerdo electoral. Es una condición para preservar la gobernabilidad del proyecto.
El verdadero examen. El reloj electoral ya comenzó a correr. En 2027 se disputarán 17 gubernaturas y la renovación total de la Cámara de Diputados. Para Morena será la prueba política más importante desde su llegada al poder.
En términos reales, 2027 funcionará como un plebiscito nacional sobre la Cuarta Transformación. Y en Sonora el tablero ya está desplegado. Las piezas se mueven. Las alianzas se insinúan.
Los aspirantes se posicionan. Pero algo ya es evidente. La batalla por Sonora ha comenzado. Y, por ahora, ya tiene dos generales.




