El presidente de EE UU anuncia en una comparecencia urgente en la Casa Blanca un “gravamen global del 10%” para sortear la sentencia, que deja herida de muerte su política comercial
Iker Seisdedos
Sin tiempo apenas para recuperarse del golpe, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, compareció este viernes al principio de la tarde de Washington para reaccionar a la sentencia del Tribunal Supremo que tres horas antes había declarado inconstitucionales buena parte de sus aranceles. El fallo fue una bomba; no solo empujó hacia el abismo la política económica del Gobierno de Estados Unidos, también le hurtó de una herramienta que el republicano ha usado a discreción para reconfigurar el orden mundial a base de amenazas de gravámenes comerciales.
“Me avergüenzo de los jueces que votaron en contra; son una vergüenza para nuestro país, porque se dejaron influir por intereses extranjeros y no han tenido el coraje de hacer lo correcto”, dijo un Trump visiblemente contrariado al principio de su comparecencia, al tiempo que felicitó a los tres magistrados que se posicionaron con él. Antes de su aparición en escena, la Casa Blanca había atenuado las luces de la sala de prensa, en la que los reporteros esperaban con expectación la intervención anunciada de urgencia. El drama anunciado por ese gesto llegó pronto, cuando arremetió una y otra vez, en una violación flagrante de la separación de poderes, contra los magistrados que no le dieron la razón, a los que llamó “perros falderos”, y definió la sentencia como “profundamente decepcionante”.
Traía el discurso escrito, al final del cual, y antes de las preguntas, dijo: “Con efecto inmediato, todos los aranceles de seguridad nacional bajo la Sección 232 y los aranceles existentes bajo la Sección 301, están vigentes. Siguen vigentes, plenamente vigentes y en pleno vigor. Hoy firmaré una orden para imponer un arancel global del 10% bajo la Sección 122, además de los aranceles habituales que ya se aplican. Además, estamos iniciando varias investigaciones bajo la Sección 301 y otras para proteger a nuestro país de las prácticas comerciales desleales de otros países y empresas”, sentenció.
El artículo en el que Trump se apoya para esa nueva tasa global permite imponerlas durante 150 días, mientras estas reciben la aprobación de Congreso. Pero su texto permite un rodeo que nadie está en condiciones de descartar que tome la Casa Blanca: si el Congreso se niega a actuar, la administración podría, al menos en teoría, permitir que los aranceles caduquen, declarar una nueva emergencia de balanza de pagos y reiniciar el proceso. La maniobra plantearía serias preocupaciones sobre la separación de poderes, pero nada en el estatuto la prohíbe claramente.
El presidente de Estados Unidos lamentó que no le permitieran “gravar” el comercio; aprovechó para cantar las bonanzas de los aranceles; mintió, como acostumbra, sobre su derrota en las elecciones de 2020; desplegó su discurso contra la inmigración; y exageró sobre sus logros desde que regresó a la Casa Blanca, en enero del año pasado, también sobre las guerras con las que asegura que ha terminado. También advirtió que “hay maneras” de sortear lo decidido por el alto tribunal. “El fallo podría no limitar el poder del presidente para imponer aranceles”, dijo, tras leer una porción de la opinión disidente de Brett Kavanaugh, magistrado nombrado por él; una decisión que celebró este viernes (“fue una gran designación”).
El momento de la sorpresa
La convocatoria de este viernes recordó a la que el pasado mes de junio hizo la Casa Blanca, también de urgencia, para que Trump pudiera celebrar ante la prensa el trascendental fallo del Supremo que acababa de limitar el poder de los jueces federales para dictar resoluciones que se opongan a las decisiones ejecutivas presidenciales. Aquella sentencia la definió como “una victoria monumental para la Constitución, la separación de poderes y el Estado de derecho”. El tono esta vez fue muy distinto.
Trump se había enterado de la decisión del Supremo que tumbó este viernes gran parte de sus aranceles mientras asistía al tradicional desayuno con gobernadores de todo el país en la Sala Este de la Casa Blanca. Alguien se le acercó, según relataron los testigos presentes, y le deslizó un papelito que todo indica que llevaba resumida la decisión del alto tribunal.
Trump preguntó: “Hemos perdido, ¿no?“. Y calificó el fallo como una “vergüenza”. A continuación, criticó a los nueve magistrados del alto tribunal, y avisó de que tiene “un plan B” para sortear los efectos de la sentencia en su política comercial, construida sobre los gravámenes impuestos arbitrariamente a decenas de socios comerciales recién declarados ilegales.
En esta ocasión, la votación fue de 6-3, pero por una vez no reflejó la supermayoría conservadora del Supremo, inédita desde los años treinta. Tras recibir el golpe, Trump respondió a una pregunta del gobernador Josh Stein, de Carolina del Norte, sobre la ayuda para la recuperación tras el paso de un huracán como el Helene, que asoló ese Estado en septiembre de 2024. El presidente de Estados Unidos, habitualmente locuaz, ofreció una respuesta breve, siempre según los testigos, y dijo que necesitaba retirarse para estudiar la histórica sentencia. Así, quedó abruptamente cancelada la reunión.
Trump llevaba semanas presionando directa e indirectamente a los magistrados del Supremo para que no tomaran la decisión que finalmente han tomado, con los votos a favor del presidente del Supremo, John Roberts, las liberales Ketanji Brown Jackson, Elena Kagan y Sonia Sotomayor, y los magistrados conservadores Neil Gorsuch y Amy Coney Barrett. En contra se han pronunciado Clarence Thomas, Samuel Alito y Brett Kavanaugh, en cuya opinión disidente escribió que lo que se avecina con el fallo será un “desastre” para la economía estadounidense.
El fallo no establece qué consecuencias tiene la declaración de inconstitucionalidad de la política arancelaria, más allá de que la sentencia dice que para una decisión de ese calado Trump tenía que haber contado con el Congreso de Estados Unidos. La audiencia del caso se celebró en noviembre pasado, y entonces ya quedó claro el escepticismo de los jueces con la decisión de la Casa Blanca de invocar la ley de poderes de emergencia de 1977 (IEEPA son sus siglas en inglés). Pese a esas señales, la sentencia cayó este viernes como una bomba en Washington.
Así que todos esperaban en la capital estadounidense a conocer qué planes tiene la Administración de Trump para sortear los efectos de la decisión del Supremo. El presidente de Estados Unidos declaró esta misma semana que sin los aranceles, el país estaría “indefenso financieramente”. Este viernes, Trump dijo que su plan evitaría ese extremo. Hay 150.000 millones de dólares (unos 127.000 millones de euros) recaudados en el último año en gravámenes comerciales en el aire, y la sentencia no específica qué pasará con ellos.
“¿No es asombroso que hayan tardado meses en deliberar y redactar la sentencia y que esa pregunta esencial no quede respondida en ella?“, se preguntó el presidente ante la prensa. ”No parecen personas muy inteligentes si han hecho eso”, añadió, en otra invectiva contra la independencia de los magistrados del Supremo.






