Como bien dicen que “la burra no era arisca…la hicieron”, es por eso que gran parte de lo que informa el gobierno no resulta creíble para el ciudadano. Oímos pero no escuchamos.
Fueron muchos años de ocultamiento de información, de mentiras, de verdades a medias o de medias verdades, de jugar con los datos oficiales, para que a estas alturas, los mexicanos creamos a pie juntillas lo que trata de enjaretarnos papá gobierno.
Por ello, las declaraciones del secretario de Seguridad Pública y Participación Ciudadana, Omar García Harfuch, en La Mañanera de este martes, sobre el motivo esgrimido por cuatro sicarios detenidos en relación al “levantón” de diez mineros en Concordia, Sinaloa, causó tanta indignación colectiva.
“Que fueron confundidos con integrantes de grupos antagónicos”, dijo el secretario federal.
Vaya, vaya. Qué argumentación tan más inoportuna, por decir lo menos.
La reacción no se hizo esperar en redes sociales, por básica, de librito, hasta con cierto grado exculpatorio para los grupos del Cártel de Sinaloa en disputa –los muchachos se confundieron-, criticando el manual seguido en la declaración oficial.
Y es que bien a bien no tenemos ni claridad ni certeza de las declaraciones hechas –si es que lo hicieron—por los honorables sicarios. Como no hay acceso al expediente, resulta difícil de aceptar. Ahora, suponiendo sin conceder que hayan declarado lo de la “confusión”: ¿no sería bajo coacción? El punto es que hay muchas interrogantes todavía en torno a este enojoso y doloroso episodio ya tan cotidiano en la vida nacional.
Tanto que le costó a García Harfuch hacerse de una credibilidad que ya empezaba a permear entre el pueblo sabio y bueno, para que en unos cuántos segundos se hiciera añicos. Así de frágil es la reputación.
Eso de la “confusión”, comunicacionalmente fue un grave yerro.
De hecho, en este mundo globalizado informativamente hablando, ya comienzan a circular detalles sobre una presunta extorsión a la empresa minera para dejarlos operar.
Los mismos trabajadores empiezan a romper el silencio y a hablar de la presión ejercida por los grupos delincuenciales de tiempo atrás, ante los desacuerdos económicos con los canadienses concesionarios de la mina.
Un tema al que las autoridades seguramente habrán de sacarle la vuelta, porque sería tanto como aceptar que el crimen organizado manda en esa región del país. Un pésimo mensaje en un momento crucial en la discusión sobre el Tratado de Libre Comercio entre México-Estados Unidos-Canadá.
Además, sería abonarle a la narrativa de Trump. Dios nos libre.
Impensable, entonces, que el gobierno mexicano vaya a aceptar que el “levantón” de los diez mineros haya sido porque la empresa minera se negó a pagar lo exigido por los extorsionadores.
Por eso la salida más fácil, y por lo mismo la menos creíble, fue la “confusión”.
Pobre Presidenta: ya no siente lo duro sino lo tupido. Su gabinete no da una.
ENCUADRE PUNZANTE
1). A reserva de cometer un involuntario e imperdonable equivocación, pero me parece que Edgar Sallard sería, hasta hoy, el funcionario del actual sexenio con más cambios de posición dentro del gabinete estatal. Inició como coordinador general de Comunicación Social del Ejecutivo (Sistema Estatal de Comunicación Social); luego, como director general del Centro Estatal de Desarrollo Municipal (Cedemun); y ahora como subsecretario de Servicios de Gobierno en la Secretaría de Gobierno. Por lo visto, un bato que sabe de todo, con muchas capacidades. Enhorabuena.
2). La dirigente nacional de Morena, Luisa María Alcalde, no se quiso quedar atrás en el tren del mame del Conejo Malo, asegurando que coinciden plenamente con el mensaje del showman en el medio tiempo del supertazón: “Lo único más poderoso que el odio es el amor”. Ojalá que le llegue a López Obrador, quien durante su sexenio se dedicó exitosamente a provocar el odio entre chairos y fifís, entre ricos y pobres, entre patrones y trabajadores, entre los mexicanos en general.
3). Un sigilo bastante sospechoso rodea a una presunta reelección de Luis Fernando Rentería Barragán al frente de la Comisión Estatal de Derechos Humanos. En marzo próximo se vence el período de cuatro años para el cual fue electo. Creo que ya sería hora de que los diputados integrantes de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos del Congreso del Estado estuvieran haciendo su trabajo para realizar un nuevo proceso electivo, mínimamente con el lanzamiento de la convocatoria. A menos que ya se hayan resignado a soportar otros cuatro años a Rentería, y se la quieren poner fácil.
IN PROXIMUM
CARPE DIEM
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