La secretaria de Seguridad Nacional, Kristi Noem, llegó a Arizona esta semana con el peso de una administración que promete seguridad absoluta, pero deja un rastro de incertidumbre en comunidades como las nuestras. Por semanas se ha rumorado que Phoenix es la próxima ciudad en la mira de las autoridades de migración. Después de las violentas protestas en Los Ángeles, la persecución en Carolina del Norte, los encontronazos en Chicago, las detenciones en Nueva Orleans y los ciudadanos baleados a muerte en Minneapolis, los operativos de ICE y la Patrulla Fronteriza se han recrudecido. ¿Qué puede esperar Arizona?
No hay una fuente confiable que confirme la intención de redadas masivas en Arizona, pero tampoco otra que lo desestime. Estamos en ese purgatorio migratorio en el que no se terminan de pagar las penas y tampoco hay un camino al paraíso.
Por eso, cuando esta semana el Departamento de Seguridad Nacional anunció la visita de la secretaria Kristi Noem, los ánimos se calentaron. ¿Será que llegó la hora?
El regreso de Noem a Arizona fue solo un despliegue de poder. No hubo novedades. Solo refrendó la retórica de que se construirá un muro fronterizo equipado con todo lo necesario para engrandecer a América. Un muro que existe desde que tengo memoria; una barrera física que cada vez se enmaraña más con alambres de púas y dispositivos de vigilancia… un recordatorio constante de dónde se termina y empieza el sueño americano.
O tal vez se refería al muro que no se ve, el que se está creando en nuestras comunidades con la intimidación y el miedo, el que lleva uniformes y pistolas, el que se cubre la cara, el que radicaliza y nos empuja a los extremos.
Mientras Noem recorría la frontera, en la capital de Arizona había protestas. Siguen, de hecho. Desde que comenzó el año no han parado. Esta vez son por el posible establecimiento de un centro de procesamiento y detención de ICE en Surprise, que se suma a la propuesta de otro centro similar en Marana, al sur de Arizona. Para muchos de los que viven aquí, el peligro no está cerca de la línea divisoria entre México y Estados Unidos, sino en esas amenazas latentes en lugares más civilizados.
Pero la maquinaria de propaganda no para. En su visita a Nogales, la secretaria dijo que estaba frente a “la frontera más segura de la historia”, a pesar de que la mayoría de las acciones de los agentes migratorios se justifica con la retórica contraria. Además, la definición de la frontera ha cambiado a conveniencia, dando la facultad a oficiales fronterizos de operar al interior del país.
“Se acabó el mensaje de que cualquiera podía entrar a Estados Unidos libremente y sin ley”, afirmó Noem. Habló de una reducción del 95% en los cruces irregulares y un 56% menos en flujo de drogas. También elogió la “valentía” del presidente Trump y al zar Tom Homan.
Pero no tomó el toro por los cuernos. Noem no habló de las críticas a su labor ni de cómo hasta en Washington están condenando el proceder de los agentes a su cargo. Ella ha defendido lo indefendible en una época de duelo nacional, mientras se para frente al muro para hacer puntos en una administración en la que la migración pareciera seguir siendo un estandarte de campaña. ¿Quizá ese es el muro invisible del que hablaba parada frente a la cerca de metal ya oxidada por el tiempo?







