La presidenta pide al canciller Juan Ramón de la Fuente que busque una reunión con Marco Rubio, después de que el republicano proponga ataques por tierra a los carteles del narcotráfico
Beatriz Guillén
En los últimos seis días, la presidenta Claudia Sheinbaum ha tenido que repetir en conferencias de prensa, en comunicados y en presentaciones la misma idea: hay una buena coordinación en seguridad entre Estados Unidos y México. Pero, Donald Trump insiste y Sheinbaum también. La última ofensiva del republicano fue en la noche del jueves en la cadena Fox News, cuando afirmó que, después de una treintena de bombardeos a embarcaciones —que han dejado ya más de un centenar de muertos—, había llegado el momento de atacar por tierra a los carteles del narcotráfico. Seguido de esa propuesta añadió: “En cuanto a los carteles, estos controlan México. Es muy triste ver lo que le ha pasado a ese país”. Estas palabras, que Trump ya había repetido antes, cobran un nuevo peso tras el ataque de Estados Unidos a Venezuela. Sin embargo, Sheinbaum trata de relativizarlo y afirma: “Consideramos que es parte de su manera de comunicar. Vamos a estrechar más la relación”.
En un escenario cada vez más tenso, en el que Trump ha ejecutado una operación militar para capturar a Nicolás Maduro en Caracas y ha amenazado a Groenlandia, Colombia y México, la presidenta Claudia Sheinbaum se mantiene en que los resultados son mejores si hay colaboración entre los países. “Vamos a estrechar la comunicación, por eso le pedí al secretario Juan Ramón de la Fuente que pueda, si es necesario, verse con el secretario de Estado, Marco Rubio”. La mandataria mexicana ha recordado que “hace dos o tres días, [Rubio] habló de la buena coordinación en materia de seguridad que hay con México, lo ha presentado en varias ocasiones”. “Entonces vamos a estrechar más la relación y la información. Esta información que estamos dando de la cantidad de laboratorios incautados, en fin, que tengan toda la información”, ha dicho Sheinbaum, que ha puesto de ejemplo el grupo de alto nivel que está trabajando de forma conjunta desde septiembre.
La sombra de una intervención militar se ciñe sobre México desde el primer día del regreso del republicano a la Casa Blanca. Trump y sus alfiles no han escondido nunca esa posibilidad, que varía según el funcionario y va desde el envío de asesores militares a México, guerra cibernética contra los capos de la droga y sus redes, hasta ataques con drones a laboratorios de drogas o el despliegue de equipos de asalto, secuestro y exterminio en suelo mexicano. El equipo de la presidenta nunca había desdeñado esa amenaza velada, pero desde el 3 de enero parece todavía más real.
En la madrugada del sábado pasado, Trump organizó una operación relámpago en Venezuela, que incluyó bombardeos y dejó un centenar de muertos, para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, Cilia Flores. El republicano ni siquiera contaba con la aprobación del Congreso estadounidense para ejecutar ese ataque militar. Sin embargo, después afirmó que Estados Unidos se iba a encargar del país y de su petróleo durante muchos años.
Ese ataque ha sido promocionado como solo el principio, de lo que Trump ha rebautizado como doctrina Don-Roe, en referencia a su proyecto y al imperialismo de James Monroe en el siglo XIX: “Lleva mi nombre y el de Monroe, pero es mucho más fuerte. Significa que Estados Unidos es el jefe de este hemisferio. No vamos a permitir que China, Rusia o Irán tengan presencia en nuestro patio trasero. Durante demasiado tiempo dejamos que nos pisotearan. Eso termina hoy. Este es nuestro vecindario, y lo vamos a mantener limpio y seguro. La Doctrina Monroe fue algo grandioso, pero no tenía los dientes que yo le estoy dando. Tenemos el ejército más poderoso y vamos a usarlo para proteger nuestros intereses y nuestras fronteras”.











