En el complejo tablero de la administración pública, los presupuestos suelen ser leídos como simples columnas de números. Sin embargo, cuando esos números se traducen en la permanencia de un niño en el salón de clases o en la posibilidad de que un joven universitario acceda a la red global de conocimiento, la cifra deja de ser fría para convertirse en justicia social.
El anuncio de que el Gobierno de Sonora consolidará en 2026 el programa de becas más robusto de su historia —con una inversión acumulada de mil millones de pesos— no es un dato menor. Representa, en esencia, la cristalización de una visión que entiende a la educación no como un gasto, sino como el único vehículo real para la movilidad social en un estado históricamente marcado por disparidades regionales.
El fin del “talento desperdiciado”
La trascendencia de alcanzar a más de 500 mil estudiantes radica en el combate frontal a la deserción escolar. Durante décadas, el sistema educativo mexicano ha sido un embudo donde el talento se pierde no por falta de capacidad, sino por falta de recursos. Al fortalecer el programa “Beca Sonora de Oportunidades”, la administración de Alfonso Durazo está enviando un mensaje claro: el código postal o el ingreso familiar no deben determinar el techo profesional de un sonorense.
Educación en la era digital
Un aspecto que eleva la competitividad de esta política es la entrega de más de 22 mil tarjetas SIM con internet ilimitado. En 2026, hablar de educación sin hablar de conectividad es una simulación. Al cerrar la brecha digital, Sonora no solo está otorgando un apoyo económico; está entregando las herramientas tecnológicas necesarias para que sus estudiantes compitan en una economía global cada vez más exigente.
Un legado de largo aliento
Lo que hoy vemos es la consolidación de un compromiso asumido desde la campaña y sostenido con rigor presupuestario. Invertir mil millones de pesos en becas es apostar por un Sonora más próspero a largo plazo. Los frutos de esta política no se verán únicamente en las estadísticas de este sexenio, sino en la próxima generación de ingenieros, científicos y ciudadanos que, gracias a un impulso oportuno, no tuvieron que abandonar sus sueños por falta de sustento.
La educación es, sin duda, el nivelador social por excelencia. Mantener y crecer este programa es garantizar que el futuro de Sonora se escriba desde las aulas y no desde la exclusión.







