
Dossier Politico
La reciente postura de la presidenta Claudia Sheinbaum ante los acontecimientos en Venezuela no es solo un comunicado diplomático más; es la reafirmación de una línea roja que México ha decidido volver a trazar con firmeza en el mapa geopolítico. La captura de Nicolás Maduro tras una intervención directa de Estados Unidos ha servido como el escenario para que el Gobierno de México envíe un mensaje contundente: la soberanía no es una moneda de cambio.
La falacia de la “intervención democrática”
Sheinbaum recurre a la historia, ese tribunal que rara vez da la razón a los invasores. El argumento es lúcido: la intervención nunca ha germinado en democracia real ni en estabilidad duradera en América Latina. Al citar a Washington y su llamado a la “buena fe” entre naciones, la presidenta expone una contradicción dolorosa en la política exterior de nuestro vecino del norte.
“Solo los pueblos pueden decidir su camino”, sostiene la mandataria. Es una frase que resuena con el eco de la Doctrina Estrada, pero adaptada a los desafíos de un Siglo XXI donde la fuerza bruta intenta disfrazarse de justicia.
Cooperación vs. Subordinación: El nuevo tablero
Lo más interesante de la columna vertebral del mensaje de Sheinbaum es su pragmatismo económico. No se queda en la queja; propone una alternativa frente al avance de Asia. La tesis es clara: si el Continente Americano quiere competir, no puede hacerlo sometiendo a sus vecinos, sino integrándolos.
México propone cinco pilares para una nueva visión regional:
| Pilar | Implicación Política |
| Autodeterminación | Fin de las presiones externas sobre modelos políticos. |
| Inversión Productiva | El desarrollo no se regala, se construye con infraestructura. |
| Integración Regional | Cadenas de valor para competir contra el bloque asiático. |
| Justicia Social | Crecimiento que no reduce pobreza es progreso ficticio. |
| Diálogo de Iguales | Relaciones horizontales, no jerárquicas. |
El espejo de la seguridad
En el tema del narcotráfico, la presidenta toca la fibra más sensible de la relación bilateral. Al reconocer los avances internos (ese 37% de reducción en homicidios que defiende su administración), lanza un dardo de realidad a Washington: la violencia en México tiene un motor de combustión estadounidense.
Las armas de alto poder que cruzan hacia el sur y el consumo desenfrenado que fluye hacia el norte son las dos caras de una misma moneda de la cual México se niega a ser el único responsable. La frase “Cooperación, sí; subordinación, no” es, quizás, la síntesis más perfecta de lo que será el trato con la administración Trump.
Conclusión
México ha decidido que su política exterior sea un espejo de su política interna: donde “manda el pueblo”. Al invocar a Juárez y Lincoln, Sheinbaum no solo busca legitimidad histórica, sino que le recuerda al mundo que América no es el patio trasero de ninguna potencia, sino el hogar de pueblos soberanos. En un contexto global donde el multilateralismo parece agonizar, México apuesta por el derecho internacional como su mejor defensa.








