
Probablemente no tengamos un testimonio tan calificado sobre los últimos días de vida de Luis Donaldo Colosio, como el dio Julio Scherer García en su libro “Estos años” (1995), particularmente, sobre el Colosio con el que conversó horas después de su famoso discurso del 6 de marzo de 1994, en el que definió su ideario político en caso de alcanzar la Presidencia de la República.
Julio Scherer se reunió con Colosio la noche de ese día.
“Conversamos en mi casa, otra vez en la biblioteca, sin prisa. Lo vi eufórico. Se lo dije.
“Exaltado. Repitió trozos de su discurso y en un momento pensé que se pondría de pie. Le faltaba auditorio, pero se tenía a él mismo.
“Veo un México con hambre y sed de justicia…un México agraviado…veo hombres y mujeres afligidos por el abuso de las autoridades…veo la arrogancia de las oficinas de gobierno…veo q ciudadanos angustiados por la falta de seguridad…”
“—Una pregunta, Luis Donaldo—lo interrumpí en plena carrera.
“Agitado, me vio en súbito silencio.
“—¿Conoció el presidente tu discurso antes de que lo pronunciaras?
–“Espero me comprenda.
–“¿Conoció tu discurso?
–“No.”
El diálogo que sostuvieron ambas figuras fue lapidario; parece dar una sugerente respuesta a muchas especulaciones que se comentan a lo largo y ancho del país.
Colosio y Scherer guardaban una estrecha amistad, como lo deja ver Scherer en varios pasajes de su libro; Colosio lo apreciaba bastante y consultaba sus agudas opiniones políticas, depuradas por décadas de ejercer un periodismo firme e independiente, crítico del poder, pero conocedor a fondo de los entretelones del mismo.
Por eso mismo, la pregunta final que le hizo a Colosio es sumamente reveladora de lo que se debía y no se debía hacer en las formas del presidencialismo mexicano, en el que nadie podía moverse sin la aprobación o conocimiento del Presidente.
Colosio no lo hizo. Y cometió un “error” político grave porque Salinas de Gortari era un hombre que cuidaba celosamente el supuesto “prestigio” de su gobierno, la “inmensa transformación” realizada para lanzar a México a la “modernidad”.
Tal como lo describe Scherer, Salinas no debió pasar por alto el mensaje político del discurso de Colosio.
Scherer conocía bien a Salinas. Describe agudamente en el libro: con “los ojos brillantes en movimiento continuo. Nerviosos sin fatiga, me pareció que flejaban un carácter astuto y receloso. Esos ojos no veían. Vigilaban. También me llamó la atención la voz suave del presidente. Educada para la persuasión, provenía de otra alma”.
El asesinato de Colosio unos días después de esa reunión, el 24 de marzo, acabó con la poca credibilidad y confianza que algunos sectores de la sociedad mexicana todavía guardaban hacia el sistema priísta. Unos meses antes, el primero de enero, la insurrección armada del EZLN le dio un golpe casi mortal el gobierno de Salinas de Gortari. Manuel Camacho le dio otro al no obedecer las reglas de disciplinarse a la designación que hizo el Presidente.
La enorme crisis financiera de diciembre de 1994, acabó no solo con el sistema priísta, sino con el patrimonio de millones de mexicanos, a lo que se sumó el profundo temor de lo que pudiera pasar en el país.
El peor de los mundos posibles.
Seguramente a muchos no les pareció nadita el libro de Julio Scherer, pero su testimonio es de enorme valor por su cercanía con el candidato sonorense y, en especial, por su reconocida capacidad periodística y amplio conocimiento de la política mexicana.
Nota 1. “Estos años”, de Julio Scherer García, Editorial Océano, 1995.