Lo que viene es una guerra comercial que forzosamente disminuirá las exportaciones mundiales y, por tanto, el crecimiento económico del planeta.
Ayer, en un discurso largo y lleno de digresiones, el presidente de Estados Unidos anunció su muy esperada política arancelaria.
Para México, todos los productos que se exportan al vecino del norte que cumplan con las reglas del Tratado México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC) quedarán exentos de cualquier arancel. Se trata de alrededor de la mitad de las exportaciones mexicanas hacia Estados Unidos.
Sin embargo, todos los productos que no califiquen como originarios bajo el T-MEC estarán sujetos a un arancel del 25 por ciento. Antes, estos bienes solían pagar un arancel de 2.5% bajo las normas de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
El 25% de arancel a productos que no entran en el T-MEC es el que decretó Trump para presionar a México por el tema del combate al fentanilo y la migración de indocumentados. Si dicha orden se termina o suspende, los artículos no protegidos por el T-MEC estarán sujetos a una tasa de arancel del 12 por ciento.
Habrá quien dirá que no nos fue mal a los mexicanos, tomando en cuenta el incremento de aranceles que anunció a Trump a otras naciones, en particular los asiáticos y europeos. Yo no lo veo así. Creo que estamos frente a malas noticias.
Para empezar, sí hay un incremento de los aranceles para México.
Todas aquellas mercancías no protegidas por el T-MEC, que son la mitad de las exportaciones hacia Estados Unidos equivalentes a unos 300 mil millones de dólares, que antes pagaban un promedio de 2.5% de arancel bajo las reglas de la OMC, ahora pagarán diez veces más: 25 por ciento.
Los productores de estos bienes podrían buscar ceñirse a las reglas del T-MEC, pero esto no será ni fácil ni expedito. En lo que lo logran, con el nuevo arancel podrían volverse menos competitivos y perder participación de mercado.
Algunos lo verán como una oportunidad para una mayor integración de insumos de América del Norte. Puede ser. Pero ahí entra el siguiente problema de lo anunciado ayer por Trump: Estados Unidos ha enterrado el régimen de libre comercio que dominó al mundo durante muchas décadas.
Hemos regresado a un modelo proteccionista. Los nuevos aranceles de Estados Unidos generarán represalias de los otros países. Lo que viene es una guerra comercial que forzosamente disminuirá las exportaciones mundiales y, por tanto, el crecimiento económico del planeta. Esto afectará a todas las naciones incluyendo a México.
Estados Unidos, de hecho, podría caer en una recesión por culpa de su nuevo proteccionismo comercial, lo cual tendría un efecto económico negativo para nuestro país. No es gratuito que Trump anunciara los aranceles cuando ya habían cerrado los mercados accionarios. Quería evitar, como sucederá, una caída en los precios de las acciones (al momento de escribir estas líneas, los futuros del Dow Jones y SP-500 para mañana pronostican una caída de entre el 2 y 3 por ciento).
Pero, además, el anuncio de ayer es la confirmación que Estados Unidos ha dejado de ser un socio comercial confiable. Quizá le haya ido mejor a México que a otros países, pero mañana, si se le antoja a Trump, nos mete otro garrotazo arancelario.
¿Qué lo para?
Nadie, porque el presidente de ese país se ha robado, literalmente, la facultad de imponer aranceles. La Constitución de ese país le otorga dicha atribución al Congreso. Trump, sin embargo, ha invocado la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional de 1977 para decretar las nuevas tarifas.
El Congreso podría demandarlo por extralimitarse en sus poderes, pero no lo hará porque hoy el Legislativo está controlado por los republicanos. Además, de llegar a la Corte Suprema este caso, también hay una mayoría de ministros que apoya a Trump.
Así que la política comercial del vecino del norte la controla Trump, y punto.
Lo siguiente en su agenda es la renegociación del T-MEC. Seguramente no se esperará hasta 2026 cuando viene la revisión de dicho tratado. Querrá que se lleve a cabo de inmediato buscando afectar los intereses de México y Canadá en favor de los de Estados Unidos.
Así que las condiciones de incertidumbre seguirán. Por un lado, en cualquier momento Trump cambia los aranceles actuales a su antojo porque tiene el poder. Por el otro, comienza el compás de espera de una negociación más de un tratado de libre comercio que, por cierto, podría acabar siendo ya bilateral y no trilateral como en el pasado.
El problema de fondo es que Estados Unidos, con Trump, ha dejado de ser un socio confiable. México no puede basar su modelo de desarrollo económico con un socio así. Aranceles más, aranceles menos, ésta es una mala noticia porque significará menos crecimiento hasta que el país encuentre nuevos motores que impulsen a su economía.
X: @leozuckermann