La presidenta se reúne con su Gabinete para profundizar en la estrategia de incentivar la producción nacional después de que el presidente de Estados Unidos no añadiera más aranceles al país, pero mantuviese las tarifas al acero, al aluminio y las autopartes
Beatriz Guillén
Donald Trump presentaba su tabla de “aranceles recíprocos” y en la lista aparecían Burundi, Azerbaiyán o Bután (todos con el 10%) pero no había ni rastro de México y Canadá, sus principales socios comerciales. El republicano sí había cargado en su discurso contra sus compañeros del TMEC —al que denominó el “peor acuerdo de la historia”—, pero a la hora de los números: ni una palabra. El misterio se resolvió después en una nota enviada por la Casa Blanca en la que se explicaba que mientras sigan vigentes las órdenes de emergencia sobre fentanilo y migración, México y Canadá están exentos de estos nuevos gravámenes. Eso sí, tendrán que afrontar los ya anunciados: el 25% para el aluminio, el acero y las autopartes, y también el 25% para los bienes que no estén protegidos por el TMEC. Esto es, en el caso de México, impuestos para más del 50% de sus exportaciones. La presidenta Claudia Sheinbaum había avisado horas antes que, fuera cual fuera el anuncio de Trump, había un plan para el país: seguir fortaleciendo la economía mexicana.
La mandataria no hizo ninguna declaración tras el acto de Trump, pero sí reunió a una parte de su Gabinete en Palacio Nacional. Además del canciller Juan Ramón de la Fuente; el jefe de Unidad para América del Norte, Roberto Velasco y la secretaria de Energía, Luz Elena González, ha asistido a la reunión Altagracia Gómez, el puente de enlace entre la iniciativa privada y la Administración federal. La coordinadora del Consejo Asesor Empresarial ha declarado que la respuesta del Gobierno se conocerá el jueves durante la Mañanera, pero sí ha puesto sobre una pista que ya había avanzado la presidenta: “Nosotros estamos particularmente enfocados en aterrizar el Plan México”.
Este plan, que nació un poco antes de la toma de posesión de Trump con el propósito de convertir al país en la décima economía del mundo, se ha convertido ahora en la base para resistir el nuevo orden comercial. Los pilares del Plan México son frenar la llegada de importaciones asiáticas, principalmente de China, y aumentar la producción nacional y de Norteamérica. Con esta estrategia, el Gobierno busca generar 1,5 millones de empleos en sectores prioritarios y que en cinco años, la mitad del consumo de textiles, calzado, mobiliario y juguetes sea local. Esas promesas son ahora una hoja de ruta que irá tomando cuerpo con nuevas medidas.
Sheinbaum apeló este miércoles a “fortalecer más el Plan México” y a la firmeza de la economía mexicana para soportar el impacto de “la nueva situación internacional”: “No somos negativos. (…) Vean nuestros indicadores del cierre de marzo: empleo histórico, recaudación histórica, y la inflación está bien también”. La presidenta ha adelantado que la estrategia va a estar muy enfocada en la industria automotriz, a la que desde mañana se le aplican tarifas parciales de hasta el 25%: “Queremos fortalecerla, no nada más por el tema de Estados Unidos, sino por cuánto estamos importando y cómo hacer que la mayoría de los vehículos que se compran en México se fabriquen en México”.
La fortaleza norteamericana
El anuncio de lo que Trump llamó “uno de los días más importantes de la historia de Estados Unidos” fue un alivio para México. El Gobierno llevaba semanas tratando de lograr “un trato preferente” en la guerra arancelaria y había destinado muchos recursos, económicos y humanos, para conseguirlo. Sheinbaum aceptó militarizar la frontera con 10.000 agentes de la Guardia Nacional, entregar a 29 capos del narcotráfico a EE UU o elevar las cifras de decomisos de fentanilo a niveles históricos. En las últimas semanas, casi toda la plana mayor de su Gabinete ha desfilado por Washington para enseñar estos resultados. Eso y una llamada telefónica entre ambos líderes, le permitieron a la presidenta mexicana ganar tiempo en marzo. Y también le han servido ahora para evitar, por ejemplo, tarifas como la del 34% de aranceles que enfrentará China, el 26% de India o el 46% de Vietnam.
Algunos analistas ya han avanzado el campo de oportunidades que se abre ahora para la economía mexicana, dados los fuertes gravámenes que van a sufrir las potencias asiáticas, o el 20% general a las importaciones que provengan de la Unión Europea. El economista Luis de la Calle lo ha interpretado como un intento de construir “una fortaleza norteamericana”, dado que “México y Canadá han recibido un trato muy diferente al del resto del mundo”. En esa misma línea, la directora de Análisis de Banco Base, Gabriela Siller, ha apuntado: “¿Qué sigue para México? Incrementar el porcentaje de exportaciones que se envían a Estados Unidos bajo el TMEC, que en 2024 alcanzó 49%, y aumentar el contenido regional”. Esa idea, sin embargo, se ve mellada por las palabras que ha dirigido este miércoles Trump al tratado de libre comercio, al que ha definido como “un desastre”: “Vamos a necesitar el apoyo del Congreso para acabar con ese acuerdo”. Hasta que eso suceda, a México todavía le dura el respiro.