La hipocresía y la mentira, como el odio y el miedo, suelen ir de la mano y suelen, las dos, ser las armas predilectas de gobernantes y políticos autoritarios y corruptos.
Engaña a su pueblo y finge el tirano ante él ser de otra manera para someterlo. Quien se sabe libre no se unce mansamente a la yunta ni se lanza voluntariamente al abismo.
Entre Joseph Goebbels, la derecha mexicana y la comentocracia, que es la fuerza mercenaria que la sirve en los medios de comunicación, hay ciertamente muchas afinidades ideológicas y una diferencia sustantiva.
El genocida alemán que aconsejaba repetir una mentira tantas veces como fuera necesario hasta volverla verdad engañaba a su pueblo, pero no al espejo.
La derecha mexicana y sus voceros, a fuerza de repetirlas, han terminado en cambio por engañar al espejo y creerse, solo ellas y ellos, sus propias mentiras.
Que en el régimen neoliberal capos del crimen y gobernantes y funcionarios corruptos eran dos caras de la misma moneda lo saben, por haberlo sufrido en carne propia, las mayorías en México.
No fueron pues la ignorancia, la frustración, la desesperanza que hacen a la gente comulgar con ruedas de molino sino la memoria y la voluntad las que movieron a las y los votantes en 2018.
No fue tampoco —y en eso también se engañan los conservadores— la retórica de Andrés Manuel López Obrador o de Claudia Sheinbaum Pardo la que “sedujo” a las mayorías.
No hubo engaño de por medio ni simulación. El ansia de verdad, justicia y prosperidad compartida movilizó al país.
La combinación precisa de conciencia, memoria y dignidad condujeron así a dos victorias sucesivas; la segunda aún más contundente que la primera.
Que vendrán los estadunidenses por Andrés Manuel, que caerán Claudia y Morena gritan a una voz opositores, fanáticos, columnistas y presentadores de radio y tv que sirvieron a esos gobiernos que engendraron al crimen organizado.
A Trump miran ahora esperanzados como otros, en el pasado, miraban a Napoleón III. Olvidan que quien abrió la puerta de Los Pinos al narco fue Felipe Calderón y que fueron ellas y ellos quienes encumbraron a Genaro García Luna. Olvidan que la gente los conoce, sabe que mienten y que no son lo que aparentan.