No podría precisar el tamaño de las diferencias que, según, habría entre el gobernador del Estado, Guillermo Padrés Elías y el alcalde de Hermosillo, Javier Gándara Magaña. En todo caso, de ser reales, alguien o algunos, las aprovechan bien.
El problema de la escasez del agua, por poner el ejemplo más dramático y político, igual fue “bateado” por los beneficiarios de esta presunta disputa.
Los hermosillenses le tenemos que reclamar – por la falta de agua – de frente al alcalde, pero como sonorenses (porque la escasez abarca varios municipios) se tiene que reclamar al gobernador.
Padrés Elías, sin embargo, ya se está cansando.
Me parece que su discurso humanitario, sensible, negociador y de unidad a toda costa, tendrá que ser modificado; “ni tanto que queme al santo, ni tanto que no lo alumbre”, como rezan los refranes pueblerinos.
La nueva estrategia o plan hidráulico anunciado por el gobernador allá en Cajeme, donde lo tenía que anunciar (para resolver el problema en el corto plazo) desplazó la rispidez – por lo menos así se maneja en los medios de comunicación – entre alcalde y gobernador.
En todo caso, ahora el gobernador ubicó su presencia en su exacta competencia: en el nivel estatal, y la respuesta endurecida y feroz de parte de los ricos de abolengo del sur (agricultores y ganaderos, sobre todo) es la que me lleva a presumir que solamente tiene dos opciones:
O cambia el discurso o hace exactamente lo mismo que hizo en su tiempo el gobernador Armando López Nogales con la discusión de la desaladora: frenar el proyecto y nadar de muertito.
TIRO CANTADO, EMPIEZA EL PLEITO
Yo supongo que a varios colegas debió llegarles: antier por la noche en mi “correo no deseado” que la computadora envió a ese apartado por tener un origen engañoso, apareció una “nota” en la cual sus autores – es claro, no es interés particular – se van con todo en contra del gobernador:
Porque “… inició una campaña para apoderarse del agua de la región del Valle del Yaqui y del Valle del Mayo”.
Es una nota bien redactada; son profesionales, conocen a los protagonistas políticos y advierten sus posibles actitudes ante el problema del agua, considerando los intereses de cada uno de ellos.
De entrada critican al gobernador acusándolo de poseer actitudes políticas de odio, puestas en marcha incluso antes de llegar al poder y, consecuentemente, abundar en ellas ya como Ejecutivo.
Con esta acusación – harto subjetiva y temerariamente dolosa – justifican su reclamo de negarse a que se construya el acueducto de la presa “El Novillo”, como primera obra necesaria para mitigar la sed de los hermosillenses.
Déjenme decirles que no es una posición inteligente, es más bien una posición de choque, como insistiendo en que: ni una gota de agua de El Novillo para la capital del Estado, que en todo caso tiene la opción de la desaladora.
Esta nota – anónima, pero no por ello menos atrayente en medio de la actual disputa – ignora el Plan Hidráulico anunciado por Padrés, que habla sí, del acueducto (que urge en estos momentos) pero que igual contempla la construcción de presas y obras diversas para evitar que continúen los desperdicios del agua en la gran extensión del territorio sonorense.
JAVIER GANDARA vs. MANUEL BARRO
Estoy de acuerdo, la posición de Javier Gándara, debe ser por una solución pronta para satisfacer la sed de los capitalinos y, de no haber otra opción en el corto plazo, jalarla del sur; mientras que Manuel Barro, si bien apoya al gobernador Padrés Elías, ¡tampoco se quiere pelear con los agricultores de Cajeme!
Por eso el señor Barro anda enredado buscando – hasta por debajo de las piedras – una solución “intermedia”, que solamente la justifica la mente afiebrada de quien se siente acorralado, a dos fuegos.
Cierto, el problema del agua ya está politizado. Y dicen bien, cuando asientan que el coordinador parlamentario y dirigente del PRI estatal, Roberto Ruibal Astiazarán, lo más probable es que se incline por la opción de traer el agua de El Novillo.
Los intereses del Rober están en la capital…
Pero ¿y el diputado Faustino Félix Chávez? Aquí la puerca puede torcer el rabo. ¿En serio este asunto dividirá tanto a los sonorenses empezando por los intereses de su clase política?
El caso es, las “guerritas” tienen un fuerte tufo de intereses rancios, de aquellos que siempre se han beneficiado del usufructo del agua en las grandes empresas agrícolas, con todo y que exista algún beneficio residual (me refiero a los ingresos económicos) de familias de ejidatarios y pobladores comunales.
Una cosa es cierta: el gobernador Guillermo Padrés se debe a todos los sonorenses, tanto a los del norte, centro y sur.
La suya es una posición difícil. Pero al final es el Ejecutivo y tendrá que atender y convencer que las acciones de su Gobierno ven por el interés de la colectividad, que por esta razón quizá asuma decisiones impopulares en el nivel regional… pero compensatorias en el mediano plazo.
El asunto es convencer no imponer… sin que ello demerite la figura del Ejecutivo.
Hasta pronto
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