Desde hace 10 días, la familia Ríos Fimbres de la colonia Altares que denunció a Dossier Político el caso de enfermedad por cáncer derivado de las varillas contaminadas por radiación con las que construyeron su vivienda, sigue sin ser atendida por el Gobierno del Estado.
A casi dos semanas de la reunión sostenida con funcionarios de la Secretaría de Salud y Protección Civil del Estado, los señores Dulce María Fimbres y Jesús Ríos León aún esperan la respuesta de las autoridades que continúan mostrando indiferencia oficial, principalmente el secretario Bernardo Campillo y Rubén Rodrigo García.
Los afectados señalan que no pretenden entrar en conflictos con la autoridad, sólo que los atiendan con seriedad ya que su situación verdaderamente es grave en todos los sentidos, por lo que piden la intervención del gobernador para que dé instrucciones a los funcionarios antes señalados y den seguimiento al caso.
Alrededor de 30 domicilios se encuentran desolados por el temor que representa que la contaminación tóxica pueda poner en riesgo la vida de otros vecinos y de los mismos familiares de los enfermos.
La familia Ríos Fimbres expuso su caso a las autoridades mientras que éstas, aún permanecen inmersos en la indiferencia y la apatía oficial que han mostrado a lo largo de más de 20 años por atender y solucionar esta crítica problemática de salud pública que estaría diseminada en territorio sonorense.
El señor Jesús Ríos León declaró que desde el pasado 25 de octubre del 2002 adquirió la vivienda marcada con el número 3 de la calle Manuel Rivera Zamudio de la colonia Altares, Sección Franciscanos y que al paso de 5 años, en noviembre del 2007, se vieron en la necesidad de internar a Dalia María, una de sus hijas, por una inflamación en el cuello.
Después del chequeo médico practicado por personal del Hospital Infantil del Estado de Sonora (DIF), se detectó un absceso por lo que el día 20 de noviembre de ese 2007 la intervinieron quirúrgicamente para extraerlo.
La preocupación y la sospecha de la existencia de material radiactivo en la vivienda de la familia Ríos Fimbres, los llevó a solicitar la intervención del entonces secretario de Salud en el Estado, Manuel Robles Linares, a través de Arbitraje Médico en diciembre del mismo año.
En enero del 2008, un nuevo absceso en el cuello de la menor Dalia María propicia una segunda operación y una serie de estudios Gamma gama de glándula tiroides que le son practicados día 15 de ese mes en la Clínica del Noroeste, mismos que continuaron hasta el 20 de junio y el día 26, le practican una biopsia.
Para el 9 de septiembre de ese año, nuevamente es sometida a una operación por tiroides y el 20 de octubre, el personal médico del DIF les notifica que la región operada de la menor está infectada con células cancerosas.
Al certificar la enfermedad de su hija –la segunda de tres hijos-, los señores Dulce María Fimbres y Jesús Ríos León recurren a varios hospitales y clínicas de la Ciudad para someter a la menor al delicado tratamiento médico y el 23 de octubre le realizan estudios de triglobulina; un día después, tomografía axial de tórax y TAC de cuello.
El día 28 de octubre, por tercera vez es operada de urgencia derivado de las complicaciones de la enfermedad por lo que los análisis clínicos constantes no se hacen esperar y durante todo el mes de noviembre, la joven va de lugar en lugar hasta el primero de diciembre, cuando en el hospital CIMA le es practicado un rastreo gamma gama.
Durante 10 días se encuentra en observación y el día 10 de ese mes, recibe una dosis de 150 mCi de Radio y Yodo; todo diciembre, Dalia María padece los estragos de las células cancerosas que cada vez, dañan su cuerpo.
En enero del 2009, el señor Jesús Ríos León realiza un monitoreo especializado (con un Centilómetro y Gueiger) de detección de radiación en su vivienda donde detectó altas concentraciones tóxicas en paredes y piso, por lo que decide informar a las autoridades de la presencia tóxica en su vivienda que a la postre, ha dañado la salud de su familia.
“En la casa comenzamos a pensar que hay radiación al momento que a la niña se le dio un tratamiento de Yodo radiactivo que no le hizo efecto, además de que todos empezamos a sentir síntomas de agotamiento, pero no sólo en la familia, sino también en vecinos que están afectados.
No podemos decir que la situación es la misma que la de nosotros, pero sí semejante; yo cuando me di cuenta de la radiación me di a la tarea de investigar y utilizo el equipo de detección y lo paseo por la casa y vi, que en la parte de los ´castillos’, se notaban anomalías muy fuertes, entonces el aparato empezó a ´chillar´ y supe que había radiación”, apuntó.
Acudió a la Unidad Municipal de Protección Civil a reportar el hecho y fue hasta marzo que pidió la intervención del entonces subdirector de Protección Civil Municipal, Francisco Matty Ortega, para solicitarle al Departamento de Geología de la Unison que certifique la existencia del material peligroso.
El señor Ríos manifestó que “la Universidad se da a la tarea de investigar y me dicen que sí hay radiación y que se deben hacer estudios posteriores; entonces ahí, con apoyo del comandante Trujillo de Protección Civil del Estado, nos ponemos en contacto con la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardia, entonces viene el día 12 de octubre y hace el estudio.
Pero después de un tiempo nos dan una respuesta absurda, después de explicarles las afectaciones que estamos sintiendo llegan con una prepotencia sugiriendo que nosotros habíamos enfermado a la niña”.
Por su parte, la señora Dulce María dijo que tenían entendido que la CNSNS “tenía la última palabra, que era la máxima autoridad en el oficio y que si la radiación en la casa no rebasaba el doble de la de afuera, no existe riesgo para la salud de las personas pero en el estudio de la Comisión sale que afuera da 10 y adentro 40
Expresó que aún esperan respuesta de la Comisión Nacional de Seguridad Nuclear y Salvaguardia desde el 12 de octubre del año pasado, “pero ésta no ha llegado, no nos han mandado ni un acta ni un oficio por eso ahora decidimos hacer pública nuestra situación para haber si así las autoridades nos atienden”.
En un domicilio de la colonia Valle del Marqués vive la familia del niño Alán, quien perdiera la vida el pasado mes de julio del 2008 a consecuencia de las varillas contaminadas con las que se construyó su vivienda.
La señora Leticia, madre del menor, se solidarizó con la familia Ríos Fimbres pues conoce el penoso peregrinar por el que atraviesa por la enfermedad de dos de sus hijos, Dulce y Jesús y el recuerdo reabrió sus heridas.
Derivado de las investigaciones realizadas por Dossier Político, los efectos dañinos a la salud de quienes habitan y/o habitaron este sector de la Ciudad revelan que la presencia de altos grados de toxicidad radiactiva en sus hogares es, principalmente, la causa de malformaciones físicas y fisiológicas en centenares de recién nacidos, niños y adultos.
Como segunda razón, los vecinos del Sur de Hermosillo consideran que es la gran variedad de desechos químicos que fueron enterrados en el Cytrar, que el pasado 19 de noviembre cumplió 11 años de haber sido clausurado por las autoridades federales pero que aún, las más de 350 mil toneladas de material tóxico ocultas en el lugar, estarían contaminando el ambiente y la salud humana.
Durante más de dos décadas, las autoridades de los tres niveles de Gobierno han mantenido total hermetismo en el tema pese a los resultados de los estudios realizados por especialistas del Departamento de Geología de la Universidad de Sonora y diversas empresas internacionales que se han interesado en esta problemática social y que advierten, del permanente peligro de muerte.
Se creía que la Unidad Municipal de Protección Civil, Estatal y la Secretaría de Salud, estarían interesados en el caso de la familia Ríos, pero hasta hoy no han dado muestra de interés, mucho menos, en los demás vecinos de las otras colonias del Sur de Hermosillo… ni del Estado.
Mientras se deciden a atender a los habitantes de ese sector de la Ciudad, en decenas de hogares más cientos de niños y adultos padecen de extrañas enfermedades y cáncer, mientras otros han muerto y unos más morirán por la negligencia, indiferencia y olvido del Gobierno Municipal, Estatal y Federal, así como por la triste apatía de la sociedad.
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