La vaquita marina se extingue a causa de la pesca indiscriminada de totoaba





Tomado de: RIODOCE

Dia de publicación: 2019-05-15


San Felipe, BC.- Los esfuerzos para salvar a la vaquita marina de su extinción definitiva sufrieron un nuevo tropiezo en los últimos meses, luego que los pescadores de San Felipe continuaran la pesca furtiva de la totoaba, a pesar de los trabajos de la Marina y de cientos de ambientalistas que vigilan el mar de Cortés.

Tres barcos de la Sea Shepherd Conservation Society (una organización internacional para la conservación de la fauna marina), seis lanchas rápidas de la Armada de México, y tres más del Ejército mexicano no fueron suficientes para detener a los pescadores que al sentirse acorralados por el gobierno, terminaron atacando a las autoridades y a los mismos ambientalistas, según confirmó Carolina Castro, portavoz de Sea Shepherd.

Aunque la vaquita marina no es el objetivo de los pescadores sino la pesca de la totoaba, de la cual extraen el buche y lo venden a la mafia china por hasta 3 mil 500 dólares, los pescadores tiran redes donde queda varada la vaquita, dando como consecuencia la desaparición del mamífero.

“Nosotros sabemos que ellos no desean pescar a la vaquita sino a la totoaba, pero al tirar sus redes se llevan entre las patas a la vaquita, quedando ya muy pocos ejemplares por culpa de quienes se dedican a la pesca de ese pez”, dijo Castro durante una entrevista con Ríodoce, realizada en uno de los barcos de Sea Shepherd.

Esa situación obligó a grupos ambientalistas financiados por Carlos Slim y por el actor Leonardo DiCaprio, a redoblar los esfuerzos con mayor vigilancia en el mar, pero los pescadores terminaron revelándose al reclamar que ya no pudieran pescar ni mover turistas por las constantes trabas y ataques por parte de Sea Shepherd.

Esa situación causó malestar entre los pescadores que, liderados por personajes desconocidos, terminaron atacando los barcos de Sea Shepherd con bombas molotov, además de quemar las instalaciones de la Profepa y Sagarpa de esa ciudad.

“La gente está descontenta porque no los dejan trabajar, y la gente tiene hambre porque los apoyos no llegan al pescador, sino a las grandes cooperativas de pesca”, explicó Daniel Martínez, un pescador que tiene más de 20 años realizando pesca legal en ese puerto.

En respuesta a esos señalamientos, Sea Shepherd publicó un video que mostraba a tres pescadores sacando una red con una totoaba muerta, para luego emprender la huida. Al llegar a tierra, sacaron la panga y trataron de escapar, pero elementos de la Armada de México fueron tras ellos, y alcanzaron a atravesarles su camioneta. Los pescadores de totoaba arremetieron contra los uniformados, y es cuando el video se corta, aunque según reportes de distintos medios, la persecución concluyó cuando los marinos dispararon a los tripulantes, hiriendo de muerte a uno de ellos.

Ese ataque habría sido lo que provocó que en los días siguientes, los pescadores atacaran los barcos de Sea Shepherd, y las instalaciones del gobierno federal.

“Nosotros no tenemos problema con lo que hace Sea Shepherd, pero deben entender que deben dejar pescar al pescador, porque nosotros vivimos de eso; y sí, hay gente que saca la totoaba, pero eso es trabajo de ellos de proteger al pescado, pero no por eso nos van a dejar sin comer”, explicó Martínez, quien además de pescar corvina, macro y sierra, también se dedica a llevar turistas a practicar pesca deportiva.

La cocaína del mar

 El problema habría iniciado luego que unos chinos de Mexicali hicieron un viaje a San Felipe, a principios de 1930, y notaran que la totoaba tenía un gran parecido a un pez asiático conocido como la Bahaba China, del cual extraían el buche porque decían “tenía poderes afrodisiacos, y era capaz de rejuvenecer a quienes lo consumían”.

Los chinos, según se lee en información de Sea Shepherd, pescaron la totoaba y notaron que tenían el mismo tipo de buche que la Bahaba China, y que era aún mejor, por lo que empezaron a pescarla y comercializarla en cantidades industriales.

Tiraban grandes redes y sacaban miles al año, sobre todo entre los meses de febrero y marzo, que es cuando la totoaba va a desovar. El problema fue que en pocas décadas, las redes arrasaron no sólo con la totoaba, sino también con la vaquita marina, que para 1975 fue catalogada como especie en peligro de extinción, y el gobierno de México ordenó una veda permanente.

Pero debido a los grandes precios que los chinos pagaban por el buche de totoaba, la veda no fue respetada por los pescadores furtivos, pues el buche lo compraban hasta en 7 mil dólares en San Felipe, mientras que en Mexicali el precio subía a 11 mil, y puesta en Calexico aumentaba a 28 mil un buche de hembra, que en promedio pesa entre 900 y mil 200 gramos.

Pescadores asentados en San Felipe, la mayoría sinaloenses, vieron el negocio de sus vidas, y se dedicaron de lleno a la pesca furtiva de la totoaba, a la que extraían el buche que vendían a un mediador, que podía ser chino, estadounidense o mexicano.

Un pescador de origen sinaloense a quien Ríodoce tuvo acceso y quien es uno de los mediadores para la compra y venta de buche de totoaba explicó que ellos no son un ala del Cártel de Sinaloa, como muchos medios dicen, sino pescadores que buscan un ingreso adicional, y entonces venden el buche a personajes como él, que a su vez lo cruza a Estados Unidos para luego venderlo a una mafia china.

“Esto es como la droga: un negocio. Y no tiene que ver con el Cártel de Sinaloa sino con una forma de sacar dinero”, dijo el intermediario, quien mostró dos buches de totoaba que acababa de comprar en 3 mil dólares cada uno, y estaban listos para cruzarse a Calexico.

Detalló que había por lo menos otros cinco intermediarios que vendían los buches a la mafia china, aunque aclaró desconocer cuál era el precio final en que se vendía el buche de totoaba una vez que llegaba al consumidor.

“Es negocio de ellos; el mío es comprarlo (a los pescadores de San Felipe) y hacer que cruce a Estados Unidos, y una vez allá yo lo revendo, pero no sé cómo hace la mafia su negocio”, explicó el traficante de buche de totoaba.

Según reportes de la ONU, la Profepa y grupos ambientalistas como Sea Shepherd, el kilo de totoaba ronda los 60 mil pesos, y por ello es conocido ese producto como “la cocaína del mar”.

Altamar

Este semanario acompañó a un pescador furtivo de totoaba quien, bajo la condición de respetar su identidad, accedió a explicar la forma en que atrapan al pez durante una expedición en Altamar durante más de seis horas, y cuyo fin último era pescar totoaba.

A diferencia de redes, el pescador llevaba “cimbra”, una línea de más de 600 metros de largo que cada tres metros le colgaba un anzuelo de cinco pulgadas; al gancho le colocan la carnada, y lo lanzaban al mar donde supuestamente pasa la totoaba.

Durante tres horas, los dos pescadores a cargo de la expedición esperaron para darle tiempo al pescado que picara el anzuelo. Fue una espera larga bajo el sol, donde los pescadores explicaron que lo hacían por necesidad, y que de eso nadie se hacía rico.

“Está el dueño de la panga, y ahorita somos dos, pero cuando tiran el chinchorro son al menos cuatro, y si caen tres totoabas, a 2 mil 500 cada buche, nos tenemos que repartir: al jefe le toca el 60 por ciento, el resto nos lo repartimos entre cuatro”, explicó el pescador.

Se le hizo ver que en las redes quedaba atrapada la vaquita marina, pero los pescadores negaron que eso ocurriera, incluso, aseguraron que en su vida habían visto esos animales.

“Tengo más de 30 años pescando, y nunca he visto una vaquita, y no conozco a nadie que haya visto una. Mi abuelo una vez me contó que él miró una cuando era joven, como en los 40, pero fue la única que miró. Y le estoy hablando que mi abuelo fue pescador toda su vida”, dijo el pescador más viejo.

“El que era más joven interrumpió: La vaquita es como las sirenas; todos saben qué son pero nunca nadie las ha visto”, y entonces echaron ambos la carcajada.

Regresamos al punto del mar donde esperaba la cimbra; y poco a poco la fueron jalando y reacomodando los ganchos, muchos de ellos ya sin carnada, pero sin presa tampoco.

“Aquí viene algo, aquí viene algo”, de pronto gritó el pescador más viejo. Pero era un pez macro de casi 50 centímetros de largo.

Sacaron todavía tres anguilas de más de un metro de largo cada una, y hasta un tiburón martillo, pero la totoaba, al menos en esa ocasión, se les resistió.

“Es que ahorita ya se fue de regreso; usted debe de venir en febrero o marzo, o los primeros de abril, y puede que vea algo, pero ahorita va a estar difícil”, explicó el pescador más viejo.

La expedición no había logrado la meta, y ahora los pescadores de totoaba esperarían el próximo año para aspirar ingresos producto de la pesca furtiva, aunque por lo pronto se conformarían con la pesca normal, y con los turistas que llegaban a practicar la pesca deportiva.

Todavía quedaba una última pregunta: ¿Es cierto que la totoaba está en peligro de extinción como ocurre con la vaquita?, se le preguntó.

“Es un pretexto del gobierno para chingarnos, totoabas en temporada hay hasta pa’tirar pa’arriba; pero no le puedo decir lo mismo de la vaquita”, concluyó.

Según organismos ambientalistas de todo el mundo, en el Golfo de California existen no más de 30 vaquitas, y tal vez por ello es que los pescadores ya no las observan.

Las aguas del norte del Golfo de California es el único lugar donde viven, y de acuerdo a la ONU es el mamífero marino más amenazado del planeta.

Artículo publicado el 12 de mayo de 2019 en la edición 850 del semanario Ríodoce.


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