El mito Bolsonaro se desinfla



 A 100 días de jurar como presidente de Brasil, todos los temores sobre la llegada al poder del primer gobernante de extrema derecha elegido en las urnas se están cumpliendo. De momento, su único récord ha sido el de impopularidad y la mayor caída de Petrobras en un día, por un comentario suyo

Tomado de: Fran Ruiz Perea / Crónica

Dia de publicación: 2019-04-15


Jair Bolsonaro no es un mito, como creen sus seguidores, es un fraude. Al menos así lo cree ya el 63 por ciento de los brasileños, que consideran que su gobierno durante sus primeros 100 días de gobierno ha sido “malo o pésimo” (30%) o regular (33%), como alerta la primera gran encuesta sobre la gestión del primer presidente de extrema derecha de la historia de la democracia brasileña.

Según la consulta Datafolha, comparada con las de los anteriores mandatarios la cifra es más que preocupante, ya que Bolsonaro bate por goleada el récord que parecía que nadie podía quitarle a Fernando Collor de Mello, que en 1990 obtuvo un 19% de impopularidad. Las cifras son realmente sangrantes si se compara con los obtenidos por sus enemigos ideológicos, los izquierdistas Lula da Silva, que obtuvo un 10 % de impopularidad en sus centésimo día, y su sucesora Dilma Rousseff, con apenas un 7% de rechazo.

La piñata de Trump. En su afán por parecerse a su admirado Donald Trump, el presidente Brasileño ha buscado en estos 100 días las palabras que puedan agradar al mandatario republicano, desde apoyar entusiasmado el muro en la frontera con México, a prometer el traslado de la embajada de Brasil en Tel Aviv a Jerusalén (que finalmente no se atrevió a hacer durante su reciente viaje a Israel), o no descartar una intervención armada extranjera para derrocar al “régimen comunista” venezolano.

Lo único que logró fue dañar la relación bilateral con México, ayudar a Maduro a recuperar su rol de víctima del imperalismo y enemistarse con los países árabes y con la importante comunidad libanesa que vive en Brasil. También causó indignación entre muchos brasileños su intento de convertir el aniversario del golpe de Estado de 1964 en una ocasión para exaltar el papel de los militares para impedir el triunfo del comunismo en Brasil. Lo  que sobre todo logró fue reactivar el activismo de los familiares de desaparecidos y torturados durante la dictadura.

Una de sus últimas metidas de pata fue durante su visita al Monumento al Holocausto en Jerusalén, cuando generó estupor al proclamar que “no hay duda de que el nazismo fue un movimiento de izquierdas”.

Tuit demoledor. El fiasco de su gestión se vio nítidamente el pasado viernes, cuando logró que Petrobras perdiese en un día 32 mil 400 millones de reales (alrededor de 8 mil 330 millones de dólares) en valor de mercado, luego de verse obligada la estatal petrolera a cancelar un aumento del alza del precio del diésel, tras la intervención de Bolsonaro con un simple tuit.

El líder ultraderechista, que durante la campaña electoral defendió una política de corte liberal no intervencionista, incumplió su promesa y lo hizo con la empresa más importante y estratégica de Brasil. “Llamé al presidente (de Petrobras). Sí. Me sorprendí con el reajuste del 5.7% (del precio del diésel). No voy a ser intervencionista. No voy a practicar la política que hicimos en el pasado, pero quiero ver los números de Petrobras”.

Nada más conocerse la injerencia de Bolsonaro, el banco BTG Pactual publicó un informe con el ilustrativo título Déjà Vu, en referencia a la congelación del precio de los combustibles durante la gestión de Dilma Rousseff, destituida en 2016 por el Congreso. “La percepción de que la compañía está expuesta a influencia política, aún con una agenda liberal, pone en riesgo el pilar central de la petrolera de reducción de riesgos”, resaltó BTG.

Más violencia. Otro de los factores del hundimiento de la imagen de Bolsonaro es, precisamente, su fracaso a la hora de frenar la epidemia de asesinatos y de crímenes, una de sus promesas estrellas de campaña.

Su llamados a liberalizar las armas, a que los policías disparen primero y pregunten luego, y sus comentarios vulgares sobre las feministas y los gais, han logrado un repunte alarmante de asesinatos cometidos por policías y que hasta un 90% de las de las mujeres y un 80% de homosexuales y negros perciban que se ha incrementado la violencia de género, según la última encuesta de Oxfam.

Tampoco escapa la cultura, vista como un “nido de marxistas” por Bolsonaro. En esta creciente atmósfera asfixiante, el obispo de la arquidiócesis militar de Brasil, José Francisco Falcão, llamó recientemente al cantante Caetano Veloso “un imbécil que en los años setenta cantó que está prohibido prohibir” y que merece un castigo ejemplar por ser uno de los artistas más críticos con el mandatario ultraderechista.

“Me gustaría darle un veneno para ratones”, declaró, sin que el gobierno, la Conferencia Nacional de Obispos Brasileños ni el Vaticano exigieran una disculpa o una investigación al clérigo por incitar al odio.

Y el mandato de Bolsonaro no ha hecho más que empezar.

 

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