Lejos del neoliberalismo, cerca del populismo.



Es joven, es culto, es serio y está informado. A Gibrán Ramírez Reyes le gusta polemizar con destacados intelectuales y tiene con qué hacerlo. En esta entrevista con Eugenio Fernández, el politólogo habla de su visión sobre el populismo del nuevo presidente, sobre la justicia social y sobre austeridad.

Tomado de: Eugenio Fernández Vázquez / Este País

Dia de publicación: 2019-03-10


El “círculo rojo”, como conoce a los columnistas, analistas, periodistas y tertulianos de la televisión, se protege ante los extraños con una membrana que filtra a quienes engrosarán sus filas según su clase y formación —según su raza, inclusive—, según su edad y sus posturas políticas. Entre los pocos que han logrado traspasar esa barrera está Gibrán Ramírez Reyes. Joven en medio de columnistas dos o tres décadas mayores que él, moreno en un entorno de güeros, de izquierdas y de posturas firmes y dichas en voz alta, en un mundo de tertulianos que rara vez salen del consenso liberal, quien además llegó desde los márgenes de la columna política. Sus primeros textos aparecieron en la revista Emeequis hace casi un lustro, de ahí saltó a Sur, de Guerrero, y fue en las filas del periódico de Acapulco donde empezó a cobrar fuerza su pluma y a ganar eco su voz. El terremoto que la victoria de Andrés Manuel López Obrador supuso para el mundo de los medios de comunicación lo catapultó a la prensa nacional y lo llevó a Milenio, donde se ha consolidado entre los veteranos del círculo rojo. Pascal Beltrán del Río lo llamó hace unos días “comentarista proclive al oficialismo democrático” y Denise Dresser, que lo ha nombrado “el vocero de la cuarta transformación”, lo “joveneó” famosamente en una mesa de discusión por televisión, reclamándole que no tuviera suficiente edad cuando se aprobaron las últimas reformas de fondo al Poder Judicial. En entrevista con Este País, Ramírez Reyes aporta algunas claves para entender al gobierno de López Obrador en función de dos indicadores: el paquete económico que presentó al Congreso de la Unión y su relación con los órganos autónomos establecidos en las últimas dos décadas. De entrada, caracteriza al gobierno actual con claridad y concisión: “Es un gobierno populista, postneoliberal y de centro izquierda”. 

EUGENIO FERNÁNDEZ VÁZQUEZ (EFV): ¿Qué quiere decir que este gobierno sea populista?

GIBRÁN RAMÍREZ REYES (GRR): Es un gobierno que reivindica un discurso que divide en dos el campo de lo político y es un discurso legítimo. La sociedad está efectivamente muy polarizada y lo que hace es politizar esa polarización económica y de acceso al bienestar en general. Es populista porque algunas de las características del populismo, que es diferente en cada sitio, son que hace un reclamo, uno, contra los valores de las élites vigentes y, dos, a la democracia realmente existente. En nuestro caso este es un reclamo a la transición, a la fiebre procedimental que acabó en un buen diseño de política pública en el sistema electoral, en algunos casos en los órganos autónomos, pero también en un federalismo imaginario que acabó en una corrupción intocada en los estados y muchos otros espacios. El populismo dice: “a esto le decían democracia y no lo es”. El tercer punto populista de este gobierno es que cifra los términos del antagonismo también en la moral. El populista siempre afirma que sí existen el bien y el mal y pone la moral sobre la mesa, y eso lo hace López Obrador.

EFV: ¿Tú aceptarías entonces el uso del término “populismo” para englobar a fascistas y a populistas tradicionales, por llamarlos de alguna forma? Es decir, ¿caben en el mismo término el primer ministro húngaro, el ultraderechista Viktor Orbán, Andrés Manuel López Obrador y Donald Trump?

GRR: Es una cuestión de grado, como también ocurre en la democracia liberal. Claro que hay rasgos del fascismo que son identificables con el populismo, pero de ninguna manera todo populismo es fascista ni mucho menos. Puede haber versiones democratizadoras del populismo, como me parece que es el caso de Andrés Manuel, o versiones antidemocráticas. El reclamo a la democracia realmente existente puede plantearse por lo menos de dos maneras. Una es la que te señalaba, la que dice: “a esto le llaman democracia y no lo es, entonces construyamos una verdadera democracia”. La otra es la que señala: “esto que llaman democracia no sirve, entonces vamos a otra cosa”, que es el caso de Orbán o Trump.

EFV: Ahora, ¿qué quiere decir ser postneoliberal?

GRR: Andrés Manuel es postneoliberal porque no puede plantearse ser solo antineoliberal. No sé si sería gobernable una sociedad tan profundamente neoliberal como la mexicana, en la que ha cambiado todo con la transición neoliberal. No sé si es pensable un cambio radical de paradigma. Hablando del presupuesto, si el paquete económico dio tanta tranquilidad a los mercados fue porque es un presupuesto en algún sentido neoliberal. Tiene mucho control, y la austeridad no es sólo la austeridad republicana, de ahorrar en salarios y en oficinas para gastar en lo sustancial, sino también que algunas labores sustanciales se recortaron para apostar a otras. Se maneja como un asunto no sólo de responsabilidad financiera, sino en algún sentido como si el Estado fuera una empresa. No cumplió las profecías más apocalípticas de que se iba a endeudar un montón, etcétera.

EFV: Eso es lo que hace de Andrés Manuel un neoliberal. ¿Qué es lo que lo hace postneoliberal?

GRR: Este gobierno pone un énfasis en política social que no se permite el neoliberalismo. Hay una intervención en el mercado que no es una intervención agresiva, como la que se plantea el programa Jóvenes Construyendo el Futuro. Sobre todo, y éste es el rasgo más rupturista, hay una reivindicación del valor de lo público sobre lo privado, y esto se ve en todos sitios. Lo que hay en el proyecto de López Obrador es una gran reivindicación de lo público, de la escuela pública —aunque es en lo que ha hecho menos énfasis—, de la Compañía Federal de Electricidad y de Pemex sobre todo, y también de la salud pública.

EFV: ¿Y por qué es de centro izquierda?

GRR: Porque se plantea una distribución de la riqueza que no es una distribución estructural de la misma, por lo menos por el momento, y él nunca ha sido un promotor de la gran reforma fiscal. No es un igualitario estructural. Andrés Manuel cree que hay que paliar la desigualdad, pero está muy lejos de ser un anticapitalista, aunque sí es antineoliberal. Él piensa que hay que cobrar bien los impuestos que hay y usar bien el dinero de quienes pagan impuestos. Si lo piensas, no es ni demasiado radical ni demasiado de izquierdas.

EFV: Hablando de la reforma fiscal, la analista Viridiana Ríos sostiene que sí hay una reforma fiscal, que carga más el peso de la recaudación a los estados, diciéndoles a los gobernadores: “Señores, se acabó lo que se daba. Ahora tienen que ser ustedes quienes recauden sus propios impuestos”.

GRR: Esa sería una gran reforma fiscal, aunque yo creo que es una lectura muy atrevida de Viridiana. El presidente lo que puede gobernar, sobre lo que puede mandar, es sobre el gobierno federal y puede decidir ya no darles dinero. Eso se llama centralización. Si los gobernadores responden unánimemente diciendo “Ah, bien: yo voy a operar lo que me toca y voy a cobrar impuestos”, entonces tendremos una reforma fiscal de facto y formal. Está en manos de los gobernadores decidir si la centralización del presidente López Obrador se queda nomás en eso, o si empujan a un federalismo sostenible y no a la farsa federalista que hemos vivido desde 2000 por lo menos.

EFV: Se ha criticado de Andrés Manuel que lidera un gobierno que mira hacia atrás, que en su presupuesto y sus políticas erosiona al medio ambiente, que su primer impulso, aunque luego lo corrigió, fue sacrificar a las universidades en favor de Pemex y del petróleo, y que invierte poco en investigación.

GRR: El presupuesto fue la muestra más clara de que hay un cambio de régimen en marcha. Hay lugares que no se pueden tocar porque son sagrados en el discurso público y el presidente —cualquier presidente— no los puede tocar. Es el caso, por ejemplo, de la UNAM. Es muy difícil en el discurso público hablar de los excesos en la UNAM: de lo oneroso que resulta el sindicato, de la alta burocracia universitaria y una casta minoritaria de profesores hiperprivilegiados que cobran cientos de miles de pesos, de las compras opacas. Se intentó poner sobre la mesa y no sé si fue un calambre intencionado que ya sabía no iba a salir.

EFV: Pero no fue sólo la UNAM...

GRR: No, fue a las grandes universidades públicas. Se hizo un llamado a gastar bien y a gastar en lo que es su tema y su labor. Ahora, yo estoy en contra de hacer esa equivalencia de universidades y futuro. Hay dependencias universitarias que en realidad son consultoras, que no investigan para la nación, sino para la iniciativa privada. Eso es el lucro, no futuro. Eso es el neoliberalismo de siempre.

EFV: ¿Cómo se vería entonces un presupuesto que apoyara a la universidad pública? ¿Sería lo mismo que con los estados, plantear que habrá un recorte y esperar a que actúen?

GRR: Hay un problema de fondo que sólo puede resolverse desde la universidad. Si yo fuera el presidente les diría: “No hay más presupuesto o hay un recorte de presupuesto hasta que arreglen su desmadrito”. Pero, ¿qué sería arreglar el desmadrito? Abatir la desigualdad al interior de la universidad, basificar a gente que sí hace investigación básica y no sólo investigación aplicada, orientada a lo que pidan las empresas. Todos los que piden presupuesto, como los organismos internacionales o las organizaciones de la sociedad civil, tienen que demostrar que gastan bien para pedir presupuesto. Las universidades tendrían que demostrarlo también. Ahora, es cierto que hay prioridad por lo inmediato, por ejemplo en materia de energía. En ese sentido este es un gobierno neodesarrollista, del siglo pasado. Probablemente esa energía sea uno de los pocos instrumentos fuertes que quedaron del siglo pasado para desarrollar al país. Ahora, en el concierto de las naciones México no es un gran contaminador, en comparación con los países desarrollados.

EFV: México aporta algo menos del 2% del total de emisiones de dióxido de carbono, Estados Unidos y China 40%, pero si los quitas a ellos México queda en el lugar diez o 15 del mundo. Pemex está entre las 100 empresas que más contaminan. México sí es uno de los grandes contaminadores del planeta.

GRR: Realmente privar a los países no desarrollados de utilizar esos instrumentos que están a la mano es recortarles capacidades de las que sí han gozado los países desarrollados. ¿Hace un mundo peor? Sí. Es uno de los dilemas de la política. Sí es pasado, pero acompañado de una reivindicación ética de esos instrumentos.

EFV: Otro elemento que ha levantado mucha polémica son los recursos que el Presupuesto de Egresos de la Federación otorga a los órganos autónomos. Ha habido inclusive controversias constitucionales porque se les recorta el presupuesto y se les impone una reducción de salarios. ¿Cómo deberíamos leer estas decisiones en el presupuesto? ¿Es un enfrentamiento con los poderes?

GRR: El neoliberalismo construyó toda una institucionalidad basada en criterios de política pública despolitizantes. Como el gobierno era lo malo, y el presidente y la Presidencia en general eran lo malo, se empezó a legislar para dejar cada vez más cosas fuera de la política. El neoliberalismo es despolitizador. Lo primero que quiso despolitizar fue la economía, pero mientras más cosas puedan dejarse fuera del alcance de los representantes electos popularmente, mejor. Entonces, dejaron las elecciones fuera del alcance de la política, porque era el PRI, el presidente era malo y autoritario y todo eso. Dejaron también la contraloría fuera de las manos del gobierno, igual la justicia quedó fuera de su alcance. Lo que me parece más grave es precisamente la procuraduría. Se buscó dejar la procuración de justicia, la parte que corresponde al Ejecutivo, fuera de las manos del gobierno, como si hubiera capacidades institucionales para ello, como si fuera una maquinita y no hubiera que elegir hacia dónde orientar esas capacidades, qué delitos se persiguen primordialmente, etcétera. Además, se habla con una pureza discursiva que no corresponde a la realidad. En ese trayecto estuvimos respondiendo a los problemas sociales con diseños institucionales de autonomía. Es patente que eso fracasó. Mucho IFAI y mucho INAI, y el sexenio pasado fue lo que vimos, y eso que Peña no fue particularmente agresivo contra los órganos autónomos. Esta institucionalidad cohabitaba con toda esa corrupción y autonomía no fue ni siquiera relativa, sino sólo nominal. ¿Cómo puedes salir de ser consejera del INAI e irte a una plurinominal del PRI? Así es: es política. En eso sí hay una recentralización y una repolitización, creo que en algunos casos eso debe dar buenos resultados. Que el gobierno tome en sus manos algunas áreas sustanciales suyas, como el combate a la corrupción, no debería llamarnos a escándalo. Sí debería llamarnos a escándalo si ver con el pasar de los años que volvemos al viejo entramado de corrupción en el que todo estaba ordenado a que el gobierno no hiciera lo que le tocaba, si volviéramos a lo que causó esa reforma. Pero si al tomar el gobierno esas labores en sus manos los institutos empiezan a volverse cada vez más prescindibles, será porque no era un problema de diseño institucional, sino de poder político. Como con todos los gobiernos, es una hipótesis a prueba, algunas cosas se verificarán y otras no.

EFV ¿Qué respondes a quien dice que esto es “echeverrismo austero” y con decencia?

GRR: Y democracia.

EFV: ¿Coincidirías entonces con los primeros elementos?

GRR: Sí. Pero agregaría a lo de echeverrismo austero el elemento de la responsabilidad económica. El echeverrismo fue la bestia negra del neoliberalismo, y el gobierno de López Obrador no lo es. Mira lo tranquilos que están los mercados. En ese sentido, esto es otra cosa. 

EFV: ¿Qué les dices a quienes sostienen que esto es una embestida contra los órganos autónomos y el entramado de la democracia?

GRR: Que sí es una embestida contra los órganos autónomos, contra la institucionalidad del viejo régimen que no sirvió para remediar los problemas para los que estaba planteada, y tuvo ya su tiempo de prueba. Algunas instituciones no tuvieron su tiempo se prueba, pero no se ataca a una institución en particular, sino a una lógica.

EFV: Entonces, son problemas viejos con soluciones nuevas que fracasaron. ¿Qué hace Andrés Manuel? ¿Recurrir a soluciones viejas que él va a aplicar mejor? ¿Plantear soluciones nuevas que ahora sí van a funcionar? ¿Hay alguna tercera opción que se me escape?

GRR: En política, y en muchos otros campos de la vida social, todo nuevo bloque histórico tiene algo de viejo. El neoliberalismo, las élites del antiguo régimen, desde Echeverría o López Portillo, relegaron por completo a sus elementos igualitarios. Esos elementos, que estaban en un segundo o tercer término cuando gobernaban las élites neoliberales, es natural que salten a primer término como respuesta a aquello que los desplazó. Lo nuevo es plantear otras soluciones que tienen algo de viejo y que tienen, creo, algo de bueno también. No es lo mismo plantearlas en un sistema de partido hegemónico sostenido por el fraude, que en un sistema pluralista como el que tenemos; con control de los medios de comunicación, que con el... no sé si descontrol, pero digamos la efervescencia mediática que vivimos hoy. Hay un cambio que creo que es todo el cambio: la autoridad presidencial cambia mucho de un entorno autoritario a uno democrático. 


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