Oaxaca sitiada, de Diego Osorno





Tomado de: Rincón Almadía / Crónica

Dia de publicación: 2018-08-06


VIII

El camarógrafo anarquista que grabó su muerte

Hola. Mi nombre es Brad Will. Estoy planeando un viaje a Oaxaca, en octubre. He estado trabajando con Indymedia desde su inicio. Vivo en NYC [New York City] y trabajé en Radio Pirata con Al Giordano, de Narco News.

Cualquier ayuda o consejos que ustedes puedan compartir sería grande. He trabajado con varios grupos antiautoritarios y anarquistas de todo el mundo. Viajaré con una cámara profesional decente y estoy interesado en intercambiar material con los grupos locales.

Mi esperanza es hacer un documental que ayude a los movimientos sociales. Tengo gran experiencia en el trabajo de solidaridad de los medios en muchas partes de América Latina y participé por un par de semanas en La Otra Campaña, en Quintana Roo y en Yucatán.

Con la esperanza de que todo esto salga bien y podamos encontrarnos en las barricadas.

Solidaridad,

Brad

22 de septiembre de 2006. Conocí a Brad en 2002, durante las acciones del Movimiento de Resistencia Global. Brad había sido desalojado de una “ocupación” en Nueva York, demandó a la policía y, con el dinero que recibió por indemnización, emprendió un largo viaje por América Latina. 

A este viaje le siguieron otros, así fue como acompañó —durante los últimos años— los acontecimientos importantes del continente: las movilizaciones contra los organismos multilaterales en Fortaleza y Quito; la resistencia de “los sin techo” en Goiania; las movilizaciones de los aymaras en El Alto en Bolivia; los piquetes y asambleas populares en Argentina y, finalmente, la comuna de Oaxaca, en México. Brad perseguía la historia de nuestro continente.

A sus 36 años, Bradley Roland Wheyler había estado en casi todos los frentes del movimiento “altermundista”. Había sido punk en Pittsburgh, okupa en Nueva York, ecologista en Oregon. Había vivido con Allen Ginsberg, mientras fue poeta, y había vivido con los indígenas aymara en El Alto, Bolivia. También fue locutor en las radios clandestinas de Estados Unidos; “sin techo”, en Goiania, Brasil; zapatista en Chablekal, Yucatán; piquetero en Buenos Aires; “chavista” en la Caracas del V Foro Social Mundial, y activista antiglobalización en Seattle.

Pero sobre todo, Bradley Roland Wheyler fue un anarquista. Brad, como se le conoció en las redes globales de la izquierda subterránea, fue un camarógrafo anarquista. El camarógrafo anarquista que grabó su propia muerte en Oaxaca.

Miles como él, de Seattle a Delhi, de São Paulo a Barcelona, de un lado al otro del globo terrestre, producen cotidianamente las imágenes que pueblan las miles de páginas de internet, los documentales, los volantes callejeros, los periódicos impresos en pequeños talleres, los sonidos de los programas radiofónicos, de las televisoras barriales y los correos electrónicos que, en cadenas de información alternativa, saturan los espacios de la izquierda subterránea. Son los hombres y las mujeres como Brad quienes desean cambiar las cosas trabajando bajo el lema “Otra comunicación es posible”.

Todos ellos, hacedores de los medios alternativos, conocían al camarógrafo anarquista recién llegado a Oaxaca, a quien la muerte sorprendió en una calle del municipio de Santa Lucía del Camino.

Cuando Brad llegó a Cochabamba, Bolivia, apenas y se diferenciaba de nosotros. Era un muchacho, eso sí, alto y con una cara de gringo que nadie le quitaba, pero cuando pasabas un rato con él [te dabas cuenta de que] era igual a los demás.

Brad nos dejó diversos textos fotocopiados para que los leyéramos. Una actitud, debemos ser honestos, que media entre el compañerismo y el paternalismo. Una buena nota, después de todo, que demostraba militancia. Algo diferente a la faceta del día anterior, en la que nos divertimos demasiado en un concierto punk en la federación cocalera.

En vísperas de las protestas de Seattle, en 1999, nació Indymedia, una de las principales alternativas de información, en la cual publican activistas que, como Brad Will, en algún momento de su vida decidieron “convertirse en los medios”.

En 2001, cuando Brad se integró como redactor, fotógrafo, camarógrafo y sonidista al capítulo de Nueva York, las redes de Indymedia abarcaban más de cien ciudades pertenecientes a los cinco continentes. A partir de entonces, la red ha aumentado su oferta frente a la “globalización informativa hegemonizada por grandes cadenas como CNN”.

La incomodidad causada por Indymedia en las altas esferas del poder se hizo patente durante la reunión del Grupo de los 8, celebrada en Génova, Italia, durante julio de 2001. En particular, cuando una patrulla de los carabinieri italianos asesinó al activista Carlo Giuliani, allanó y destruyó el Centro de Medios de Indymedia, Italia, desde donde se hacían constantes denuncias contra las principales empresas trasnacionales.

Esa incomodidad que hoy genera Indymedia seguirá creciendo, como las denuncias de los gobiernos respecto a los periodistas del grupo alternativo. Una y otra vez se seguirá, desde el poder, diciendo lo mismo: los miembros de Indymedia asesoran a los grupos insurrectos, no son periodistas. Esto es exactamente lo que hizo en Oaxaca el gobierno de Ulises Ruiz, la muerte violenta de Brad Will, provocada por los disparos de un grupo paramilitar.

En la desocupación de Goiania participaron más de 2,500 efectivos policiales, que portaban armas tales como fusiles de alta velocidad y bombas de gas incendiarias lanzadas con morteros. En aquella ocasión, Brad fue detenido por la Policía Militar del Estado y conducido ante la Policía Federal de Brasil, donde permaneció durante varias horas. A pesar de esto, Brad siguió filmando y retratando la lucha de estos militantes sociales, quienes propugnan por tierra y vivienda, cuando fue puesto en libertad.

En el 99.1 de FM, la clandestina Radio Ciudadana, vitorea “al pueblo que está por fin liberando a la ciudad del secuestro de la APPO”. Un locutor anónimo reporta que “los vecinos de Santa Lucía del Camino decidieron quitar las barricadas y fueron atacados por los amigos de Flavio Sosa”. Mientras incitan a los escuchas “a tomar el ejemplo de Santa Lucía del Camino”, en la calle de Calicanto, los supuestos vecinos tienen en su poder rifles AR-15 con los que atacan a tiros a los miembros de la APPO, quienes atienden el llamado de alerta externado por los vecinos de la zona.

Estos “vecinos” son quienes acaban de desatar la balacera en la que ha perecido Brad, son quienes acaban de disparar contra el fotógrafo de Milenio Oswaldo Ramírez, el de El Universal Raúl Estrella y contra dos vecinos que también yacen heridos.

—¡Adelante, pueblo! Recuperemos Oaxaca —grita una voz en la radio, en la misma radio en la que los héroes habituales son Ulises Ruiz y la procuradora Lizbeth Caña. La misma estación en la que los villanos siempre son los mismos: Flavio Sosa, Carlos Abascal y Gabino Cué.

Mientras tanto, los “vecinos” siguen, a lo lejos, disparando con sus rifles AR-15. Después sonríen: gozan de la impunidad que les otorga su verdadera condición de ser policías al servicio del ayuntamiento priista de Santa Lucía del Camino. Que disfrazan de enfrentamiento ciudadano la operación parapoliciaca, es decir, la operación definitiva, la acción terminal que busca, de una vez por todas, que en Los Pinos se opte por enviar a la Policía Federal Preventiva a Oaxaca.


http://www.cronica.com.mx/notas/2018/1089373.html

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