Abate policía federal a hombre armado en el Aeropuerto de HMO



El primer parte oficial de la PGR está plagado de inconsistencias y un marco lógico sobre la forma y modo de cómo se dieron los hechos en el trágico y lamentable suceso que solo demuestra lo inverosímil y falto de verdad del informe ministerial, ya que en él se alteraron las etapas de la escena tanto en tiempo como en espacio, lo que enrarece aún más el atípico suceso que tiende a polemizarse y judicializarse.

Fernando Gutiérrez R. Dossier Politico

Dia de publicación: 2018-05-14


Un hombre no identificado que portaba un cuchillo de cocina fue abatido la tarde de este domingo en el interior del aeropuerto internacional “Ignacio Pesqueira” de Hermosillo, de manos de un policía federal que disparó su arma de cargo al repeler una presunta agresión contra él y encargado del restaurant del complejo aeronaval.

De acuerdo al parte informativo emitido por el Ministerio Público Federal y la Unidad de Atención Inmediata de la PGR, difundido la tarde noche de este domingo a los medios, se indica que el sujeto que murió, minutos antes había sustraído un cuchillo de la cocina del restaurant Wings, ubicado dentro del aeropuerto capitalino sonorense.

Posteriormente, narra la PGR, el sujeto se trasladó al piso inferior del inmueble y se introdujo en uno de los baños públicos del sector central del edificio principal del aeropuerto y, ahí, intentó quitarse la vida auto infringiéndose varias heridas lacerantes sobre la piel.

El informe oficial añade que, acto seguido, el hombre “se abalanzó contra el gerente del restaurant para después amenazar al agente policiaco federal adscrito a la seguridad del lugar”, de nombre, Víctor Cortez Martínez Manuel (sic), quien repelió la agresión, disparando en una ocasión su arma de cargo, con los fatales resultados descritos arriba.

En el contraste de testimonios presenciales, evidencias que arrojan los videos que circulan en redes y del informe oficial dado a conocer por la PGR, saltan graves imprecisiones, omisiones y contradicciones que enrarecen el marco lógico y secuencial de los hechos y dejan más dudas que claridades sobre el lamentable suceso donde perdió la vida un hombre.

La versión oficial dista mucho de las evidencias públicas no oficiales que aportan testigos presenciales, entre ellos, un video difundido en redes sociales, donde se escuchan al menos cinco detonaciones en un lapso de tres minutos, actos de autoridad no asentados en el parte difundido por el MP.

Más aun, en el informe, la autoridad ministerial habla de “un solo disparo para neutralizar al riesgo inminente”.

Un solo disparo: PGR; Balacera: testigos

Cabe hacer notar que las cinco detonaciones que se escuchan al transcurrir el video difundido en redes sociales por un testigo, corresponde a actos posteriores a la evacuación de usuarios, viajeros y personal aeroportuario, pues en el contenido se ven instalaciones semivacías; además el video capta el momento donde el propio operador de la videograbación es obligado a salir del inmueble por un civil con apariencia y vestimenta usual en la seguridad privada.

La PGR no dio a conocer la identidad del presunto agresor abatido, edad o motivo de su presencia en las instalaciones aeroportuarias; es decir, al redactar este despacho no se informaba si la persona fallecida era trabajadora del lugar, viajero, visitante o acompañante de alguno de los anteriores concurrentes.

La PGR no solo omite, sino que falsea su informe oficial al no indicar la cantidad de disparos realizados, cuantas armas se accionaron o si participaron más elementos policiacos en tal cometido.

Por ello, resulta razonable presuponer que se han violado los protocolos que deben aplicarse en la seguridad y salvaguarda de instalaciones federales estratégicas y en casos como el relatado supra líneas.

Ante las evidencias públicas oficiales y no oficiales, así como aquellas aportadas hasta hoy por testigos oculares,  y al hacer un comparativo lógico con lo relatado en el parte de autoridad,  emitido con posteridad de escasas horas, se fortalece y solidifica la hipótesis de que el personal de seguridad federal adscrito al aeropuerto de Hermosillo no siguió los protocolos establecidos en la normatividad que los rige, cuando de preservar los bienes patrimoniales federales y la integridad  física y emocional de las personas.

Estos protocolos son de rigurosa observancia ante cualquier eventualidad donde se altere el orden y se amenace la integridad física y emocional del personal trabajador, visitantes y viajeros que concurren en instalaciones propiedad de la nación o bajo resguardo de la autoridad federal en materia de seguridad.

Sobre las amenazas a las personas y la presencia de personas armadas en instalaciones estratégicas y de concurrencia masiva, el uso de armas letales por parte de la autoridad debe regirse bajo el siguiente razonamiento de la lógica y filosofía del derecho: “a igualdad de peligro, corresponderá igualdad de reacción para neutralizar los riesgos en las vidas, aun por una que hubiere bajo tal situación o en riesgo objetivo y real de estarlo”.

De acuerdo a los protocolos internacionales, un cuchillo, sea de cocina o de cualquier otro uso o afín, se convierte en arma blanca una vez que se le adjudica un fin específico subjetivo a su uso, y solo así puede aparecer ante el juzgador como un arma altamente letal y susceptible de aplicar sobre ella cualquier elemento de a teoría del delito.

Cierto, el artilugio de cocina, aun en su calidad de arma blanca jamás competirá en letalidad y su efecto y poder neutralizador como lo es un arma de fuego y del poder en el entorno que se evidencia por la investidura de quien la porta, respecto de quien se confronta a ella, como es el arma blanca y su portador en plena medición de fortalezas de las cuatro categorías.

En el caso del hombre que murió abatido, el “riesgo inminente” no se configura, más bien, es generalizado y subjetivo; esto es, que antes, durante y aun después de ser abatido el hombre, jamás hubo un objetivo específico de la acción por la que se le privo de la vida, menos riesgo personal directo hacia la vida de alguien, cuando menos, la autoridad no está en posibilidad de demostrar los alcances de la agresión en ciernes y la posible letalidad que para terceros representó el uso del arma blanca.

Es decir, nunca estuvo focalizado el riesgo en una o varias personas en específico, ni se sometió a victima alguna al poder del arma que da a quien la porta para que él o la sometida hiciera o dejara de hacer algo, enrejara o se despojara de algo propio o bajo su encargo, en contra de su voluntad o con ella y que siguiera todas las órdenes del cometedor ante un peligro inminente de perder su vida por un eventual uso del arma blanca aquella.

La PGR y sus datos, la risa en medio de la tragedia

Más aun, la PGR alteró el marco lógico de tiempo y espacio de los sucesos que tejen el caso, además que miente en su parte de autoridad cuando informa como dato cronológico que:

El abatido (1) “agarra el cuchillo de la cocina del restaurant Wings” (piso superior); (2) “para posteriormente ingresar a los baños (piso inferior) donde empezó a lesionarse” y (3) “para posteriormente salir de los baños y lanzarse contra el gerente del negocio (del restaurnt en planta superior).

Esto da por hecho que los tres sujetos de la acción, es decir, agresor, gerente y policía siempre estuvieron bajo el mismo espacio y marco temporal; o bien, supone irrisoriamente que el gerente “acompaño” a su agresor al baño, luego que este agarró el cuchillo de la cocina, además, lo espero mientras se lesionaba y después, ser objeto de la amenaza multicitada;

Otro escenario, ilógico supone que el abatido subió al piso donde está el restaurant, amago al gerente y luego bajo de nuevo para hacer lo mismo con el policía, y fue donde este optó por abatirlo, por amenazas a la autoridad y al gerente, que se encontraba arriba o si estaba abajo, afuera del baño, ambos esperaron al agresor a que se lesionara y saliera amenazarlos.

Por ilógico a más no poder e inverosímil, resulta lo anterior irrisible y para el anecdotario.

Visto lo anterior, todo indica que la autoridad ministerial actuó e informó todo a la inversa del marco lógico que debe prevalecer en las actuaciones tipo, además que no sopesó algo que es relevante ante casos similares:

Que las agresiones auto infligidas en el baño por la persona abatida, suponen, por sentido común, un estado de cosas muy diferentes sobre el que debe ser tratado un caso así, que debe ser desde el punto de vista de la salud mental de un eventual transgresor del estado de derecho y de las normas que rige la paz social y la sana convivencia entre gobernados para con las autoridades que representan el poder del estado.

Sobre tal escenario, el protocolo de neutralización letal del “riesgo inminente”, debe ser el último en aplicarse sobre el entendido que el transgresor de la norma o probable agresor subjetivo, lo mueve una hipotética enajenación mental, que, a la luz del estudio del derecho y su filosofía, lo hace aún más vulnerable a la letalidad y fuerza desigual del o las armas confrontadas en dicho momento del acto antijurídico que supone el peligro subjetivo y por el que se le negó la existencia.

El simple despejar de la ecuación: “estado mental del probable agresor o transgresor de la norma”, “el cuchillo de cocina como eventual arma blanca y letal” y “la inexistencia de una real e inminente víctima, pero si victimario”, da como resultado la siguiente conclusión:

La muerte de una persona como fin irremediable e irremplazable para “neutralizar un riesgo” resulta altamente cuestionable, si no es que violatoria a las leyes que tutelan el derecho a la vida al que todo ser humano le asiste que el estado se lo garantice, por el solo hecho de serlo a consta de lo que fuere.

Los protocolos internacionales establecen ante escenarios similares al del aeropuerto de Hermosillo la tarde de este domingo que la neutralización del “riesgo inminente” por la vía del impacto balístico letal es inválido, pero el que se infiere en zonas corporales con efectos no letales, pero por su naturaleza lesionan la salud y resultan aplacantes y ultimantes a cualquier finalidad del riesgo mismo y por lo mismo son reconocidas y hasta cierto punto aprobadas en algunos protocolos.

Para la filosofía derecho humanista, aun estas prácticas no letales pero lesivas a la salud de quien porta el arma “más débil” en una confrontación desigual entre ellas y quien de ellas se vale para empoderarse siguen siendo excesivas y cuestionable su aplicación.

Justamente, aducen que ante armas de letalidad desigual y desigualdad en el grado de poder de quien las porta y usa, uno gobierno, otro gobernado, pero ambos con el fin de medir fuerzas, no puede resultar en la eficiencia del poder público para el servicio de seguridad pública o prevenir actos delictivos, menos para perseguir delitos o castigarlos según el orden de atribuciones.

 

Un video publicado en redes delata omisión de la PGR

A las anteriores reflexiones, sume usted que en el lamentable caso del hombre abatido en el aeropuerto de Hermosillo este domingo, hay evidencia real y comprobable de que al menos hubo cinco detonaciones en un lapso de tres minutos, que es la duración de la videograbación capturada por el teléfono de un testigo presencial. Representa solo una parte de las varias etapas en las que se desarrolló y dividió la contingencia generada ante la presencia de una persona armada con un cuchillo que sustrajo de la cocina del restaurant del aeropuerto, hecho que la PGR no solo omitió consignar públicamente, sino que mintió flagrantemente en los hechos narrados cronológicamente y así descritos en el parte del MP  en donde se pretende más justificar la muerte del hombre que dar al hecho el seguimiento legal y jurídico que merece.

Parece que todos los elementos de juicio que rodean el caso y que no encajan en el marco lógico vuelven aún más atípico este polémico caso, que apenas inicia su disección, pero que, tarde que temprano, arrojará luz sobre la verdad y muy en especial, sobre el extraño actuar de la autoridad policiaca y ministerial respecto al trágico suceso de marras.



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