Trump, un peligro nuclear



El sueño de librar al mundo de armas atómicas avanzaba. A paso muy lento, pero avanzaba. El Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares, que las declara ilegales, ya fue firmado por 53 naciones. Susi Snyder, integrante de ICAN, la organización que hizo posible esa utopía (y que por ello ganó el Nobel de la Paz), habla con Proceso de las dificultades que ha sorteado su proyecto y menciona que ahora se aproxima un nubarrón llamado Donald Trump, quien escala el conflicto con Norcorea y amenaza con invalidar un acuerdo que obligaba a Irán a deshacerse de su arsenal nuclear.

Tomado de: Irene Savio / Proceso

Dia de publicación: 2017-11-09


ROMA (Proceso).- La lógica de disuasión sostenida por las potencias que poseen armas nucleares –y que justifican su tenencia como garantía de su seguridad– lleva inevitablemente a que otros países intenten conseguirlas, por las mismas razones.

Pero si las naciones que las tienen y que son también miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU (Estados Unidos, Rusia, China, Francia y Reino Unido), y los Estados que disponen de ellas no oficialmente (Israel, Pakistán, India y Corea del Norte), se comprometieran ahora, en una década el mundo se libraría del peligro de una guerra nuclear.

Lo anterior es la opinión de la estadunidense Susi Snyder, integrante de la Junta Directiva de la Campaña Internacional para Abolir las Armas Nucleares (ICAN). A principios de este mes, esa coalición de más de 400 ONG de unos 100 países ganó el Premio Nobel de la Paz, en medio de una escalada por el conflicto entre Corea del Norte y Estados Unidos y la reapertura del contencioso estadunidense-iraní.

El premio le fue otorgado a la organización por un importante, aunque de momento simbólico, logro diplomático: la adopción, el pasado 7 de julio en el cuartel general de la ONU en Nueva York, del Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPAN), que las ha declarado ilegales.

“Los estudios nos dicen que, tomadas todas las garantías de seguridad necesarias, es posible destruir cada año entre 200 y 300 armas nucleares. Esto significa que en un plazo de 10 años el mundo podría tener ‘cero’ armas nucleares”, afirma Snyder, en entrevista con Proceso, en el receso de un acto de la ONG Archivo Desarme.

El cálculo se basa en que, según estimaciones de esta organización, en el mundo hay nueve países que acumulan alrededor de 15 mil armas nucleares.

Entre esos países, Estados Unidos y Rusia –los dos primeros que formaron arsenales de ese tipo– poseen, respectivamente, 6 mil 800 y 7 mil cabezas nucleares, de las cuales mil 800 están listas para lanzarse pocos minutos después de la orden. Siguen Francia, con 300 cabezas nucleares; China, 270; Reino Unido, 215; Pakistán, con alrededor de 120; e India, unas 110. Corea del Norte, el Estado gobernado por Kim Jong-un, poseería menos de 10 cabezas nucleares, según el mismo conteo.

A partir del pasado 20 de septiembre, cuando se abrió el plazo para hacerlo, 53 países –México entre ellos– han firmado el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares. Pero hasta ahora sólo lo han ratificado tres –Tailandia, Guyana y El Vaticano– y para que entre en vigor se necesitan las ratificaciones de 47 naciones más.

Snyder admite, puesto que las potencias nucleares han dicho reiteradamente que no tienen intención de reducir su capacidad nuclear, que el efecto del tratado no será inmediato. Pero según ella sí habrá efectos concretos en un plazo más amplio. “Llevará algún tiempo. Es muy probable que las grandes potencias no lo apoyen en el comienzo, pero en el largo plazo habrá un impacto que será importante”.

Esa interpretación jurídica se basa en que, en algunos casos, los tratados internacionales pueden ser fuente de derecho consuetudinario, una de las principales fuentes jurídicas del derecho internacional humanitario, la rama que limita los conflictos armados. Para ello se necesita que el tratado entre en vigor.

“Confío en que este tratado (el TPAN), que ha demostrado que la diplomacia y el multilateralismo también cosechan éxitos, generará nuevas normas en el derecho internacional, como antes ha ocurrido con otros tratados de prohibición de armamento bélico”, dice Snyder.

“Véase el ejemplo [de los acuerdos alcanzados sobre]de las bombas de racimo, las minas terrestres y las armas biológicas y químicas. Muchas compañías han dejado de producirlas y, si bien algunos países no han firmado los acuerdos, su empleo ha encontrado límites”, razona.

El punto de partida, admite Snyder, no es esperanzador, pues si bien los de ahora no son los peores tiempos de la Guerra Fría, las potencias nucleares han potenciado y modernizado sus arsenales nucleares en los últimos años.

“Todos los países que poseen armas nucleares las están modernizando. Están invirtiendo enormes cantidades de dinero para hacer nuevas armas nucleares. En algunos casos estos esfuerzos se encaminan a que esas bombas identifiquen con mayor facilidad sus objetivos y sea más fácil usarlas. Esto es completamente ina­ceptable”, explica.

La razón es precisamente que el pensamiento dominante hasta la fecha entre los políticos y militares de los países nucleares y sus aliados, es que la disuasión funciona y por eso la existencia de artefactos nucleares es irreversible. “Y esto es particularmente problemático para los países que poseen armas nucleares y que son parte del Tratado de no Proliferación (como China, Francia, Reino Unido, Rusia y Estados Unidos), ya que ellos se han comprometido legalmente a negociar el desarme nuclear, no sólo a no producir nuevas armas”, indica.

Acuerdo con Irán, en vilo

En esta línea, Snyder señala que uno de los hechos que preocupan más a su organización es el destino del acuerdo –aprobado en Viena el 14 de julio de 2015– entre Irán, Estados Unidos, la Unión Europea y las potencias del Consejo de Seguridad de la ONU.

El documento, ratificado por unanimidad en el Consejo de Seguridad de la ONU, impide durante al menos 10 años el acceso de los iraníes al arma nuclear. Para asegurarse de su cumplimiento, Irán se ha sometido a un rígido régimen de inspecciones y a cambio ha logrado el levantamiento de las sanciones internacionales en su contra.

No obstante, el actual presidente estadunidense, Donald Trump, dijo la semana pasada que no validará el pacto, algo que el ICAN considera nefasto. “El acuerdo de Irán es un buen acuerdo y, sí, ahora está en peligro. Y eso es muy lamentable porque el acuerdo con Irán ayudó a salvar vidas, puso fin al programa nuclear iraní y creó una muy robusta unidad de verificación”, esgrime.

“Repito: es un buen acuerdo. No resuelve todos los problemas, pero no existen los acuerdos que resuelvan todos los problemas”, añade.

En el mismo tono, la activista e investigadora considera que otra situación alarmante es la generada por la tensión entre Estados Unidos y Corea del Norte. Más aún después de que, el pasado septiembre, el ministro de Defensa de Corea del Sur sugiriera a Estados Unidos desplegar sus cabezas nucleares en la frontera con su vecino del norte, una acción que, de cumplirse, varios analistas consideran que incrementa el riesgo de un conflicto accidental.

“Preocupa la escalada entre Corea del Norte y Estados Unidos. Considero que algún país, o las Naciones Unidas, debería mediar para alcanzar una solución que resuelva la crisis. El acuerdo de Irán prueba que eso es posible por medio de la diplomacia”, asevera Snyder.

La experta insiste además en que desplegar arsenales nucleares, más aún en una zona en la que hay una escalada bélica, está prohibido por el recién creado Tratado sobre la Prohibición de Armas Nucleares.

Por lo mismo Snyder, como otros directivos de ICAN, han mantenido en los últimos meses una posición muy crítica hacia Trump, al que han llegado a llamar “imbécil”, como escribió en un tuit la directora ejecutiva de la ONG, Beatrice Fihn. “El problema aquí es que el señor Trump tiene el control de un arsenal que puede destruir al mundo entero y poner a millones de personas en riesgo. Ese poder no debería estar en manos de nadie”, insiste Snyder.

La esperanza latinoamericana

La analista subraya, por otra parte, que no todo son malas noticias y eso lo demuestra el ejemplo latinoamericano: “Los países de América Latina y el Caribe han jugado un enorme papel en lograr que este tratado contra las armas nucleares se aprobara”, afirma. “La segunda Conferencia sobre el Impacto Humanitario de las Armas Nucleares fue realizada en México y ayudó a desarrollar un conocimiento compartido que llevó a un enfoque cooperativo durante las negociaciones”, relata.

Esta posición se asienta también en que Latinoamérica fue la primera región del mundo libre de armas nucleares, gracias al Tratado de Tlatelolco (Tratado para la Proscripción de Armas Nucleares en América Latina y el Caribe), firmado en 1967, inicialmente por 14 países, y promovido por el mexicano Alfonso García Robles, quien obtuvo el Nobel de la Paz en 1982.

Por eso Snyder también cree que los primeros en ratificar el Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares serán precisamente los países de esta región. “Sé que los países de América Latina y el Caribe están firmando y ratificarán este tratado tan rápido como puedan y que ayudarán a que se implemente completamente”, dice.

En otro frente, Snyder también subraya la importancia de otro debate que empieza en la comunidad internacional y cuyo objetivo es reglamentar la aparición de los sistemas de armas autónomas letales (laws), máquinas que, en el futuro, podrían tomar la decisión de matar sin la intervención de un control humano.

Después de más de tres años de encuentros informales dentro de la Convención sobre Prohibiciones o Restricciones del Empleo de Ciertas Armas Convencionales que Puedan Considerarse Excesivamente Nocivas o de Efectos Indiscriminados, en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y en la asamblea general del organismo, para noviembre está prevista la primera reunión del Grupo de Expertos Gubernamentales. Un encuentro que, sin embargo, se ha pospuesto dos veces en este año, la última en agosto.

“Estos retrasos no son raros, lamentablemente”, apunta Snyder. “Como siempre, los gobiernos se mueven muy lentamente para reglamentar los laws, pero hay avances. Y me parece muy positivo que el debate se haya iniciado antes de que el mundo vea la aparición de esas armas”, agrega la también integrante del Programa de Desarme­ Nuclear de la ONG Pax.

De hecho, a pesar de que los Estados no hayan compartido una información suficiente sobre sus avances en el desarrollo de estas armas, la gran mayoría de los expertos cree que ya existe la tecnología para desarrollarlos.

“¿Queremos que el hombre siga controlando estas armas? Nosotros creemos firmemente que sí”, dice. No obstante, hasta la fecha, la comunidad internacional no ha logrado un consenso sobre el asunto, mientras que apenas menos de 20 países se han manifestado abiertamente por la prohibición de estas armas. De ellos, ninguno es miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU, mientras que gobiernos como el ruso incluso se han opuesto a que el debate se formalice. Algo que, como dice Snyder, refleja que “el camino a recorrer todavía es largo”.

Este reportaje se publicó el 22 de octubre de 2017 en la edición 2138 de la revista Proceso.


http://www.proceso.com.mx/508979/trump-peligro-nuclear

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