“Como periodista, señalo lo que está mal, no lo juzgo”: Rius



El trabajo de cómicos en las carpas, como Palillo y Clavillazo, me ayudó a ir puliendo mi humor, dice. Con la práctica diaria y con la autocrítica honesta, logré un estilo, añade

Tomado de: Miguel Angel Muñoz / Crónica

Dia de publicación: 2017-08-09


En el ejercicio periodístico, lo que hago es señalar lo que está mal, no lo juzgo, dice Eduardo del Río, Rius, y recuerda que cuando empezó en el oficio lo más díficil era que los medios publicaran tus trabajos, y sin ningún tipo de censura. 

En entrevista, el caricaturista, escritor e historietista cuenta varios aspectos de su ejercicio profesional y personal. Se le pregunta: ¿En qué momento abandonó prejuicios y tabúes para escribir Rius para principiantes, o prefirió incluir cosas privadas?

En  primer lugar todo lo que se refiere a mi privacidad es un verdadero desastre, por lo cual no lo incluí. Por ejemplo, no están mis experiencias con las mujeres, y mucho de mis pasiones con ellas. He deseado trabajar en un libro sobre  el tema y, en segundo lugar, si meto asuntos demasiado personales, el volumen sería de un grosor interminable. Tengo  tres o cuatro cajas llenas de revistas con caricaturas que se han publicado en el extranjero y demás cosas... en fin, sentí que ya era demasiado para un solo libro.

—Hábleme sobre su vida católica y relación con el seminario, ¿todavía conserva algunos principios éticos y morales de esa doctrina?

—Los principios cristianos, aunque la gente no los siga, creo que son válidos en todo momento. La cosa no es  que se llegue a practicar el cristianismo como un acto de fidelidad. Algunos monjes se han recluido de los problemas del mundo, aunque ésa no sea una buena forma  de afrontarlos y mucho menos de predicar una moral cristiana. La religión debe de ser un contacto con  el mundo, es decir, debe de demostrar su  comportamiento con el prójimo. El ir a misa los domingos y darse de golpes de pecho es lo peor que  hay dentro de la religión.

—¿En qué momento de su carrera se da cuenta que la ironía es importante en su trabajo?

—No sé. Tal vez se da en el intento de ser algo parecido al trabajo de Quezada o de Renato Leduc... en ese   momento me doy cuenta  que quería seguir el camino del humor.

—¿En su carrera de caricaturista se puede ser juez y parte al mismo tiempo?

—Nunca he sido juez, señalo las cosas. Opino en mis cartones: La gente es corrupta por esto y esto otro, para después pa­sar al criterio general, es decir, que en realidad hubiera un consenso, pero desgraciadamente eso es una utopía muy gastada en nuestro país. Aquí no hay una verdadera imparti­ción de la justicia. Por ejemplo, el trabajo de un periodista es señalar lo que está mal hecho, aportando al­gunas evidencias, pero sin juzgar.

—¿Qué problemas encontró en sus primeros años y cuáles sigue en­frentando?

—Lo difícil en los primeros años era lograr que te publicaran y, que por supuesto, lo publicaran sin ningún tipo de censura. En esos años eran muy pocos los medios, y  había una gran censura. En todo momento había que manejar el humor de acuerdo al interés del pe­riódico o revista para que los due­ños del medio vieran inofensivo el trabajo para poder publicarlo. Hubo una época en que los españoles lo practicaron mucho, en especial cuando Franco estaba en el poder. Conocí varios caricaturistas de esos años, los que me contaron qué ha­cían para que sus editores no se dieran cuenta del verdadero conte­nido del trabajo.

—¿Hay algo de influencia del humor de las carpas en su trabajo formativo?

—Me sirvió para ir puliendo mis ideas sobre el humor. Me gustaba ese ambiente, frecuentaba el Tívoli, el Margo, entre otros que mane­jaban el sketch con tintes políticos. Por esos años conocí a Palillo, Clavillazo, además de cómicos y hu­moristas. Algunos los volví a encon­trar cuando se filmó la cinta de Los Supermachos, donde se reunió a muchos de los cómicos que que­daban de las carpas. Entonces, uno se influye en todo momento, es como una retroalimentación cons­tante.

—¿Cómo logró Rius tener un estilo propio?

—Con la práctica diaria y por su­puesto con una autocrítica honesta. Hay que tomar una posición de ser mejor cada día, y además de buscar un lenguaje propio.

—¿Cuáles han sido sus peores bron­cas al criticar a personajes públicos?

—La peor es el intento por desapare­cerme de la Tierra. También tuve dos secuestros. Fue entonces cuando dije: “a qué le tiro en este país”, y de plano me voy de México. Poste­riormente, me acerqué a Fausto Zapata, quien habló con algunas gen­tes para negociar mi tranquilidad y pudiera seguir trabajando sin pro­blemas. Otra vez me dediqué al car­tón entre comillas, tranquilo, pero me vine para Cuernavaca. He reci­bido otras indirectamente por cues­tión de los editores, hay trabajos que molestan al gobernador tal, pero por fortuna se han quedado en simples disgustos.

—Después de sus dos secuestros, ¿cómo ha sido su relación con los hombres del poder?

—Nunca he estado cerca del poder. Mi trato con los presidentes, por ejemplo, ha sido para recibir pre­mios. Siempre he de llevar una sana distancia de ellos, además qué dia­blos puedes aprender de un político, pura corrupción, ¿o no?

—¿Cómo fue la ruptura entre Rius, Cuba y Fidel?

—Uno cree que una persona y un sistema como el que lleva Fidel pue­den funcionar. Hasta que te das cuenta que ese hombre va a morir así, comulgando con sus propias ideas, sin tomar en cuenta al resto de la humanidad. A partir de mi li­bro: Lástima de Cuba, algunas per­sonas me han preguntado por qué cambié tanto. Yo no cambié nada, son Cuba y Fidel, esos países que se decían socialistas se fueron deterio­rando en todo sentido hasta llegar a que se acabara todo un sistema que nos había dado muchas esperanzas en el pasado. Tengo los mismos pensamientos respecto al marxismo y al socialismo, pero los hechos que se han dado en Cuba desde hace dos décadas han venido a desespe­ranzarme por completo de ese sis­tema. Muchos esperábamos que se implantara un socialismo con liber­tad muy diferente al acostumbrado por los rusos. Esa ilusión jamás se dio, el socialismo en Cuba se convir­tió en una copia de la URSS, con los mismos errores y todo su aparato de burocracia militar e incluso con el gran error de practicar una eco­nomía mal llevada que acabó por hundir al proceso social de ese país. Ahora tengo la esperanza de que acabaran con un capitalismo peor que aquel que tuvieron hace mu­chos años.


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