La esquina del Centro Histórico que vio nacer a México





Tomado de: Redacción / El Universal

Dia de publicación: 2017-07-09


Las esquinas de las actuales calles de Madero y Eje Central son emblemáticas por circunstancias muy puntuales: una de las más importantes es que en el predio que ocupa el Edificio Guardiola del Banco de México, antes llamado Plaza de Guardiola, fue por donde entró el Ejército Trigarante y Agustín de Iturbide recibió las llaves de la ciudad ya en un país independiente.

La plaza llevaba ese nombre ya que durante gran parte del siglo XVII, fue la residencia de los marqueses de Santa Fe de Guardiola y, de acuerdo con información del INAH “la plazuela fue lugar de acción y convivencia desde principios del virreinato: buena parte de la vida de la ciudad transcurrió en ese sitio”, tal y como pasa hoy en día.

Como todo en esta urbe, el paso del tiempo trajo cambios para la Plaza. El más trascendental, tanto para sus alrededores como para la traza de la ciudad, fue la demolición del Convento de San Francisco en la década de 1860, cuyo espacio sirvió para la construcción de calles y lotes de uso habitacional o comercial.

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La Plaza de Guardiola tal como se encontraba en el año de 1840. EL UNIVERSAL ILUSTRADO 1921.

En esa misma época la residencia de los marqueses de Santa Fe de Guardiola fue adquirida por Manuel Escandón, quien la mantuvo sin modificaciones por unos años y en cuya plaza Maximiliano de Habsburgo inauguró, en 1865, una escultura de mármol dedicada a Morelos, que tiempo después sería trasladada a la colonia que lleva su nombre.

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La estatua de Morelos sobre la Plaza Guardiola, a la izquierda se ven un par de ventanas pertenecientes a la residencia de los marqueses de Guardiola y al fondo, el Palacio de los Azulejos.

“La casa de los leones y los perros”
 

Los Escandón fueron una familia de influencia política y económica durante el Porfiriato. Su fortuna la habían adquirido no sólo por seguir la tradición comercial de sus antepasados durante el virreinato, sino que también incursionaron en diversos negocios de compra-renta de inmuebles, fungieron como prestamistas y supieron invertir en industrias nacionales, como el transporte, la minería o la agricultura.

Ya para la década de 1860 la familia estaba considerada como parte de la burguesía capitalina, por lo que no tuvieron ningún problema en adquirir la casa que estaba en plena esquina de las entonces San Juan de Letrán (Eje Central) y San Francisco (Madero). La casa quedó tal cual por algunos años hasta que Vicente Escandón, hermano de Manuel, encargó al arquitecto Ramón Rodríguez Arangoiti una propuesta para remodelarla.

Arangoiti entregó a Vicente la idea y éste, al no quedar tan convencido ni satisfecho, pidió al famoso Lorenzo de la Hidalga que supervisara la construcción. Poco a poco el aspecto de la casa fue cambiando, al exterior se plantó un hermoso jardín inglés y en las alturas, cuatro esculturas de bronce coronaban a la mansión: dos leones y dos perros, figuras que le dieron el mote.

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Escena de la vida cotidiana frente a la casa de la familia Escandón en 1904. En esta época aún tenía el jardín inglés que adornaba su pórtico. Colección Villasana-Torres.

Cronistas de la época la describen como uno de los edificios más bellos y llamativos de la ciudad, especialmente por su pórtico y su conjunto de columnas al centro, que asemejaba a un mirador en el que los inquilinos podían salir a asomarse y contemplar la vida fuera de esta residencia. Dicen que la casona de planta rectangular y dos pisos sobresalía entre las construcciones coloniales y barrocas propias de la época. Resultaban demasiado llamativas sus ventanas acomodadas simétricamente y el juego que éstas hacían con los balcones y la herrería que las adornaba.

El interior también era suntuoso, en las habitaciones había candelabros, alfombras y muebles traídos de otras partes del mundo que se iluminaban con la luz natural que entraba por las amplias ventanas. Se dice que la distribución de los espacios tuvo el sello característico que ocupó De la Hidalga en otras construcciones.

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Postal de la “Casa de los leones y perros” vista desde la actual Avenida Juárez en dirección al Zócalo capitalino. Imagen que también vemos como nuestra foto principal. Año 1900.

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Arco triunfal de madera instalado frente a la Plaza Guardiola sobre la calle de San Francisco, actual Madero, estos eran instalados en varios puntos importantes y por debajo de estos pasa el desfile del 16 de septiembre en conmemoración de la Independencia de México. Del lado derecho se alcanza a ver una columna de "La casa de los leones y los perros". Principios del siglo XX.

Desde tiempos coloniales esta esquina ha sido testigo incuestionable de la historia de la capital y para inicios del siglo XX contemplaba la velocidad con las que el comercio o el transporte se iban transformando en el ahora llamado “primer cuadro” capitalino y por ello, la familia Escandón decidió abrir -y rentar- ciertas accesorias en la planta baja de la casa, para aprovechar su ubicación y el flujo de gente que la transitaba. 

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Vista de la casona de la familia Escandón desde el balcón del Palacio de los Azulejos. Se puede contemplar un letrero en el que se anuncia que se daban clases de español y, al fondo, la Alameda Central.

El sitio resultó ser tan estratégico, que el Gran Diario de México no perdió la oportunidad e instaló justo en la esquina de Madero y Eje Central, las oficinas del Aviso Oportuno alrededor de 1918.

La historia de los anuncios en medios de comunicación impresos en la Ciudad de México data de 1784 y según Héctor de Mauleón, el primero de ellos fue suscrito por un ciudadano de la Nueva España que estaba buscando a dos mulatas que habían abandonado sus labores en su hogar y además, lo habían robado.
 
El Aviso Oportuno sigue siendo vigente ya que, ayer al igual que hoy, los anuncios siguen informando sobre posibilidades de empleo, de artículos en compra-venta, renta de casas u oficinas y en algunos casos, los espacios son utilizados por los capitalinos para dar una buena noticia o simplemente para compartir información.

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Una postal del cruce de Eje Central y Madero alrededor de 1920. Al frente se observa a un policía con su característico “banquito” y detrás de él, se encuentra el letrero de las oficinas de “Aviso Oportuno” de EL UNIVERSAL. Colección Villasana-Torres.

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El letrero de EL UNIVERSAL resalta en la planta baja de la residencia de la familia Escandón, en la esquina de la calle de Madero y el actual Eje Central, donde se instaló inicialmente el famoso servicio de anuncios clasificados del Aviso Oportuno.

Edificio Guardiola: anexo del Banco de México
 

A finales de la tercera década del siglo XX, los Escandón vendieron el terreno al Banco de México y la esquina volvería a marcar la historia arquitectónica de la capital.

Para 1938 el Banco decidió construir un edificio anexo al que ya tenían sobre 5 de mayo, en el que pondrían una bóveda subterránea y demás pisos de oficinas. La esquina se proyectó como la zona representativa de la modernidad arquitectónica en la urbe, con “La Nacional” como rascacielos, el monumental Palacio de Bellas Artes y el art decó del Banco de México.

La demolición del edificio sirvió para que los transeúntes conocieran el interior de la emblemática casa y al mismo tiempo, para ampliar el tramo conocido como San Juan de Letrán, quedando la vialidad como lo conocemos hoy en día.

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Vista de la demolición de la “Casa de los leones y los perros” a finales de la década de los treinta.

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Vista del interior de la casa en el proceso de demolición.

El edificio tomó el nombre que había acompañado al predio antes de la llegada de la familia Escandón, “Guardiola” y fue diseñado por Carlos Obregón Santacilia, que lo construyó con detalles de chiluca y mármol. Consta de nueve pisos, tres subterráneos y los demás visibles a nivel de piso. Las escalinatas que lo rodean marcan, a su vez, el hundimiento que ha tenido la zona, ya que al inicio no contaba con ellas.

Este fue uno de los últimos edificios que se construyeron en su totalidad dentro del Centro Histórico, ya que ahora no está permitido y las obras que vemos sólo son remodelaciones o restauraciones de los sitios preexistentes.

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De la “casa de los leones y los perros” sólo quedó una escultura de bronce, que se exhibe en el Museo de la Ciudad de México al interior de la Torre Latinoamericana y, como dijeran los cronistas de finales del siglo XIX, esta esquina seguirá presenciando los cambios y el desarrollo de la Ciudad de México.

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En la actualidad, podemos conocer a uno de los perros que se encontraba en las almenas de la casa de los Escandón en el piso 36 de la Torre Latinoamericana.

Fotografía antigua: Colección Villasana-Torres.

Fuentes: Libros “La ciudad de los palacios: crónica de un patrimonio perdido” de Guillermo Tovar de Teresa y “México en el tiempo”. Artículo “Plaza Guardiola y Casa de los Azulejos”, Mediateca INAH. Artículo “El primer aviso oportuno” de Héctor de Mauleón, EL UNIVERSAL. Reseña “Entre la tradición señorial y la modernidad: la familia Escandón Barrón y Escandón Arango. Formación y desarrollo de la burguesía en México durante el porfirismo (1890-1910) de Nora Pérez-Rayón Elizundia” de Alicia Salmerón Castro, UNAM. 


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