“La degradación moral de la sociedad actual se llama mediocridad y miseria”: Leonardo da Jandra



Hoy, el intelectual no debe ser quien diga la verdad o el camino a seguir, pero sí el que aventure posibles respuestas a las dudas que hoy nos abruman, añade Leonardo da Jandra

Tomado de: Reyna Paz / Crónica

Dia de publicación: 2017-05-14


La degradación moral en las sociedades actuales se llama mediocridad y miseria, así lo considera Leonardo da Jandra (Chiapas, 1951), autor del reciente libro Aforismos, en el que a través de “disparos luminosos al centro de la conciencia”, satiriza y moraliza sobre las consecuencias del vacío intelectual: el abandono de las nuevas generaciones y personas desinteresadas en aventurarse a responder la infinidad de dudas que abruman a la humanidad.

“Lo que padecemos hoy en día es una ruindad por parte de los políticos corruptos y empresarios perversos. No estoy en contra de los empresarios. Para mí un empresario que se enriquece enriqueciendo a la sociedad me parece digno de mérito y homenaje, es como un político que aprovecha su puesto no para empobrecer a la sociedad ni enriquecerse de manera inmoral”, señala el también filósofo y autor de Distopía y La gramática del tiempo.

Da Jandra enfatiza en la figura del empresario porque, comenta, ellos han tenido la capacidad de cooptar a la mayoría de la opinión intelectual. “Entonces, la desaparición de esa opinión intelectual necesaria para pensar el destino de la sociedad, ha sido como una lápida, ha caído de manera onerosa, ha oscurecido todo el horizonte y hoy nadie sabe hacia dónde vamos”.

En el libro publicado por Editorial Avispero, Leonardo da Jandra escribe no para hacer una crítica llena de rencor, sino para recalcar que antes había más integridad en el intelectual, “es por eso que mis aforismos enfatizan en la mediocridad y en la miseria como degradación moral”.

—En un aforismo menciona que la soberbia y la concupiscencia son los peores enemigos de las personas, ¿considera que vivimos en un nivel primitivo?

—No hay regresiones, entre los planteamientos de la evolución histórica desde los griegos que creían en el mito del eterno retorno que después retomó Nietzsche hasta la cristiana con la expulsión del paraíso y la rendición final, el más propositivo fue el de Carlos Marx y su espiral porque no hay línea recta en la evolución y ahora estamos viviendo un momento de retroceso. Es decir, en esa espiral estamos en una curva de regresión, a nivel de civilización.

“Por eso es tan importante la función del intelectual, no podemos permitir que políticos infames y empresarios voraces sigan arruinando el futuro de las nuevas generaciones. A eso me refiero, el intelectual no debe ser quien diga la verdad ni el camino dogmático a seguir, pero sí el que se aventure posibles respuestas a la infinidad de dudas que ahora nos abruman”.

LIBRE ALBEDRÍO. Entre los 15 capítulos en que se divide Aforismos, Leonardo da Jandra también reflexiona sobre el ser creativo, por ejemplo, escribe: “Ahora a cualquier peluquero, decorador o publicista se le llama creativo”; entonces ¿qué es la creatividad para da Jandra?

En parte, la banalización de los creadores se debe a los medios de comunicación, precisa. “El auge de las disciplinas (hoy) tienen que ver con el cuerpo y el retroceso de la reflexión crítica. Ves al (reportero con el) Chicharito o Messi sacándole una idea ‘¿qué piensa de la dictadura?’, pero ellos no piensan, juegan. Ves personalidades influyentes, gente del cine, del deporte pero no ves ningún intelectual ni científico, antropólogo o historiador”

Da Jandra opina que se debe respetar la creación no en el sentido de que sólo pertenece a una élite, “porque el creador es la forma representativa en la humanidad más próxima a lo divino, dios es el creador del supremo universo y el hombre que crea, usa en máxima potencia el don que se nos dio: el libre albedrío”.

Para el escritor mexicano los aforismos son disparos luminosos al centro de la conciencia y su grandeza está en la sátira y la moral, virtudes que muchas veces los colocan como si fueran estigmas que pretenden ser verdades.

“La buena literatura se va a lo marginal y prohibido, por ejemplo, miren una librería y para mí no tiene gran diferencia con un supermercado donde venden comida chatarra y cancerígena. La mayor parte de la gente que trabaja ahí no ha leído un libro en su vida, los gerentes sólo ven números, son como los políticos, no les importa si el voto es de un criminal o de un hombre íntegro, es un voto y cuenta lo mismo. Antes entrabas a una librería y el librero te recomendaba algo”.


http://www.cronica.com.mx/notas/2017/1023344.html

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