Los magnicidios imaginarios



Muertes que desataron y desbocaron la imaginación y suspicacia de los mexicanos

José Elías Romero Apis* Excelsior

Dia de publicación: 2017-03-17


V. El caso Miguel Alemán

Un personaje adverso a las aspiraciones presidenciales de Miguel Alemán, y de incuestionable peso político, fue Maximino Ávila Camacho, hombre muy cuestionado por muy diversos motivos. Murió el 17 de febrero de  1945, cuando tenía 53 años, a consecuencia de un mal cardiaco, y su desaparición abatió un obstáculo político que pudo ser definitivo para Alemán.

Sin embargo, muchas voces de los “iluminatti” aseguraban que en eso estuvo la mano de Miguel Alemán. Tengo muchas razones subjetivas para dudarlo, pero me quedo con una plenamente objetiva. Los yernos del finado fueron dos importantes hombres de negocios que siempre mantuvieron una fuerte amistad con Alemán. En efecto, hasta el fin de sus días, Justo Fernández y Rómulo O’Farrill sostuvieron su relación afectuosa con Miguel Alemán. Eso no se hubiera dado si la familia Ávila Camacho lo hubiera tenido por sospechoso de un homicidio.

El 9 de agosto de 1957 falleció Jesús González Gallo, hombre muy poderoso del tiempo avilacamachista. Había sido secretario de la Presidencia y gobernador de Jalisco. Se le suponía partidario de las aspiraciones de Gilberto Flores Muñoz, y eso dio para que un malhadado accidente automovilístico en las carreteras jaliscienses pasara a suponerse como un muy bien armado choque de carambola de tres bandas.

Un caso de supuesto asesinato fue un hecho muy dramático y doloroso en nuestra vida política y, particularmente, en la vida de Miguel Alemán. En septiembre de 1949 se estrelló, en el Popocatépetl, el avión en que viajaba Gabriel Ramos Millán, el indiscutible candidato de Alemán para sucederlo en la Presidencia.

La ausencia de Ramos Millán dejó muy abierto el camino de Adolfo Ruiz Cortines para llegar a Los Pinos, y el de López Mateos para incorporarse a su gabinete.

Visto superficialmente, a Ramos Millán se le conoce como el mejor amigo y el más fuerte asociado político de Miguel Alemán. Visto en una perspectiva de fondo y de horizonte, era la apuesta de los gobiernos civilistas para desmitificar el poder presidencial. Era el evidente sucesor de Alemán.  No lo digo yo. Alemán lo repitió siempre. Pero no se le postularía desde el gabinete, sino desde el liderazgo político. Era senador, cuadro distinguido de su partido y operaba la política agraria del país. Salvó al país de la debacle maicera e impidió que, en los años cuarenta, entráramos en escenarios de hambruna que pronosticaban la inminencia de un México africano.

Pero en el eterno juego en el que siempre andan la vida y la muerte, ésta volvió a ganar.

El Apóstol del Maíz, como era llamado, representó la consolidación de las clases trabajadoras integradas por los obreros, los campesinos y los profesionistas. Esta simbiosis nos permitió, durante 50 años, transitar en una vía de pacto social que trascendió el de clases y sectores y permitió un muy sui géneris “socialismo” a la mexicana que nos hizo llegar, antes que muchos pueblos, a estadios avanzados de política social.

La vida de un político, como la de cualquier persona, está combinada de alegrías y de tristezas. Sin embargo, el político suele estar obligado a la guarda de sus emociones. Esta anécdota revela la secrecía emocional que obliga a quienes ejercen el supremo mando político de una nación.

Se cuenta que Alemán, y él mismo confirmaba, el instante en que recibió la infausta noticia. Se dice que fue por teléfono. No se encontraba en la Ciudad de México, pero ese suceso le hizo apresurar su regreso.

El saldo del siniestro, como suele acontecer en estos casos, fue espantoso. Los cuerpos de todos los viajeros quedaron destruidos, calcinados e irreconocibles. A esto se agregaba la complicación derivada de que Ramos Millán había abordado ese fatal avión sin tenerlo programado. Por lo tanto, existían ciertas dudas esperanzadoras de que no se hubiera encontrado a bordo.

Fue por ello que David Romero Castañeda tuvo que subir al volcán acompañado del dentista de Ramos Millán, en aquel entonces el mejor medio de identificación, dado que faltaban muchos años para la utilización del ADN. Ya con la desoladora confirmación se apersonó con Alemán para informársela, así como para lamentarse juntos y solos, el Presidente de la República y el presidente del Congreso de la Unión. 

Ese momento de intimidad les resultó largo. Quizá sesenta minutos a solas, hasta que sobrevino el sosiego que, más tarde, abre el camino de la resignación y, por último, del consuelo.

Después de ello, el diputado presidente se retiró. Al salir de la oficina del Jefe del Estado Mexicano le dio una terminante sugerencia al jefe de la seguridad presidencial, llena de dramatismo pero, también, de sabiduría política. “Señor General: disponga que un infranqueable oficial monte la guardia en la puerta del despacho presidencial. No permitan que absolutamente alguien entre ni que alguien se asome. Ni siquiera ustedes, porque el Señor-Presidente-de-la-República se encuentra llorando”.

De allí no acontecería otro fallecimiento de trascendencia política hasta junio de 1969 en que perecería Carlos Madrazo, en un suceso aéreo que hasta hoy no ha quedado develado a satisfacción de todos. Madrazo era polo de atracción política y se dice que veía con simpatía la posibilidad de que Antonio Ortiz Mena fuera Presidente y, para ello, trabajaría y enfilaría a sus seguidores. Dicen algunos de sus cercanos que eso le costó la vida. De ser así, tómese como un hecho que derivó nuestro acontecer político. De no ser más que un infortunado accidente, también tuvo una trascendencia política quizá no mensurada hasta hoy.

En diversos accidentes o incidentes fallecieron otros importantes mexicanos y las suposiciones se desataron y se desbocaron. En el auto murieron, Carlos Loret de Mola (7 de febrero de 1986) y Manuel Clouthier (1 de octubre de 1989).

En el avión falleció Juan Camilo Mouriño (4 de noviembre de 2008). En el helicóptero finaron Caritino Maldonado (17 de abril de 1971), Ramón Martín Huerta (21 de septiembre de 2005) y Francisco Blake (11 de noviembre de 2011). Por último, de manera muy oscura, murió Mario Ruiz Massieu (15 de septiembre de 1999).

VI.Magnicidios impropios

Le daría este nombre a aquellos decesos que, aún siendo por homicidio, no tuvieron una motivación política. Uno de ellos fue el de Gilberto Flores Muñoz, quién fue asesinado en su domicilio y junto con su esposa, se dice que por un familiar cercano. Ello sucedió el  6 de octubre de 1978.

Otro fue en del exgobernador Alberto Alvarado Arámburu, quién murió en un asalto callejero en la Ciudad de México, el 14 de febrero de 1996.

En ambos casos, las autoridades deslindaron responsabilidades y consignaron a los presuntos responsables.

VII. Magnicidios, atentados y rumores internacionales

Aquí nos concretaremos, en aras del espacio, a mencionar tan sólo un listado de:

 

a) Magnicidios consumados

Nicolás II, de Rusia (17 de julio de 1918).

Augusto César Sandino (21 de febrero de 1934).

Mahatma Gandhi (30 de enero de 1948).

Abdullah, de Jordania (1951).

John F. Kennedy (22 de noviembre de 1963).

Malcolm X (1965).

Ernesto Guevara (9 de octubre de 1967).

Martin Luther King (4 de abril de 1968).

Robert F. Kennedy (6 de junio de 1968).

Salvador Allende (11 de septiembre de 1973).

Faisal, de Arabia Saudita (25 de marzo de 1975).

Lord Mountbatten (1979).

Anastasio Somoza (17 de septiembre de 1980).

Anuar el-Sadat (6 de octubre de 1981).

Indira Gandhi (31 de octubre de 1984).

Olaf Palme (28 de febrero de 1986).

Nicolae Ceausescu (1989).

Rajiv Gandhi (1991).

Yitzhak Rabin (4 de noviembre de 1995).

 

b) Magnicidios en tentativa

Franklin D. Roosevelt (15 de febrero de 1933).

Harry S. Truman (1950).

Charles De Gaulle (seis atentados).

Hussein, de Jordania (tres atentados).

Gerald Ford (dos atentados).

Ronald Reagan (30 de marzo de 1981).

Juan Pablo II (13 de mayo de 1981).

 

c) Los más famosos magnicidios imaginarios

Juan Pablo I (28 de agosto de 1978).

Diana de Gales (31 de agosto de 1997).

VIII. RIP

En fin, me es inevitable ver la vida como Remedios Varo la plasmó en Las Hilanderas. Sin saberlo nosotros, hilos invisibles nos ligan con muchos otros seres en una telaraña que conforma nuestra existencia. No sabemos con cuántas vidas se encuentra atada la nuestra y con cuántas muertes se encuentra determinado nuestro destino.

Presidente de la Academia Nacional, A. C.


Este contenido ha sido publicado originalmente por Dossierpolitico.com en la siguiente dirección: http://www.dossierpolitico.com/vernoticias.php?artid=187947 Si está; pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. Dossier Politico

Comentarios



Aún no existen comentarios

Sé el primero en comentar ésta nota

Comentar nota



Su correo electrónico no será publicado.
Son obligatorios los campos marcados con: *