Corrupción mexicana, oficio de duendes





Abrahám García Ibarra/


Dia de publicación: 2019-03-14


Desde que, hace cinco aciagos sexenios tecnocráticos, con la despenalización de la criminalidad económica -tipificada como delitos no graves-, se dio rango de institución a la impunidad, quedó confirmada la hipótesis de Alberto Isaac: En este pueblo no hay ladrones.

Revientan la memoria del disco duro los voluminosos expedientes armados por la Auditoría Superior de la Federación de la Cámara de Diputados sobre las asociaciones público-privadas para la corrupción y, a cada nuevo hallazgo contable, los presuntos implicados responden: A mí, que me esculquen.

A tanto inocente incriminado, lo que se colige es que las tesorerías de la Federación y de los gobiernos de los estados han sido tomadas a placer por etéreos duendes del mal, acaso metamorfoseados en ratón, que han dejado las haciendas públicas en la condición de queso gruyere.

En los tiempos del Estado megalómano

En los tiempos de populismo, los oligarcas privados denostaban al Estado interventor como un Leviatán mal administrador y corrupto. A partir de 1982, circuló a pasto en México la obra del francés Jean-Francois Revel, El Estado megalómano. Se decidió entonces que al Estado mexicano había que rasurarle las adiposidades cargada de pus.

Casos excepcionales se dieron, sin embargo, en la exposición a proceso penal y encarcelamiento de ex secretarios encargados de despacho y de algunos directores generales de entes incluidos en el denominado gabinete presidencial ampliado. Por obvias y visibles causas.

De los que lanzaban las primeras piedras sobre el tejado estatal, recordamos que, en los setenta, fue decomisado por la Dirección Federal de Seguridad un libro editado en España, bajo el título Nostro grupo, alusión expresa a la figura de mafia.

En dicho libro, la autora, a partir del asesinato del patriarca don Eugenio Garza Sada, diseccionó los entresijos del poderoso Grupo Monterrey. No pasó nada, a no ser que la escritora fue proscrita en la Sultana del norte.

Crack de la Bolsa, banca reprivatizada, Fobaproa-IPAB

Las primeras señales de que la economía criminal había sentado sus reales en México, se registraron en octubre de 1987, cuando el monstruoso crack de la Bolsa Mexicana de Valores dejó en cueros a miles de pequeños jugadores, algunos de los cuales se vieron tentados al suicidio.

Por aquella operación despojo, sólo fueron apañados dos que tres charales. Algunos de los pesadostodavía, más de treinta años después, permaneces activos en el mercado bursátil doméstico.

La reprivatización-desnacionalización del sistema de banca y crédito y de otros bienes y servicios públicos dio pie a la exhibición de pescadores a río revuelto de penúltima generación. Ahí está el cuerpo del delito, en la podrida panza del Instituto para la Protección del Ahorro Bancario (IPAB)

Quien, como gobernador de Guanajuato, Vicente Fox, demandó al PAN dar sus votos a la conversión de deuda contingente acumulada en el Fondo Bancario de Protección al Ahorro (Fobaproa) en deuda pública, abrió las esclusas para el saqueo de la renta petrolera.

Todo en tiempo y forma: Asociaciones Público-Privadas

En enero de 2012, a nueve meses de entregar la banda presidencial, Felipe Calderón Hinojosa puso a caballo la Ley de Asociaciones Público-Privadas; por supuesto, para que un gobierno desbalijadopudiera encontrar en la empresa privada recursos dinerarios para financiar obra pública. Pura obra de filantropía.

Del saqueo de Pemex, todavía en el sexenio pasado el órgano auditor de la Cámara de Diputados desenterró basura de los dos periodos presidenciales anteriores. 

Con Enrique Peña Nieto ya se dio cartas de naturaleza a las Estafas maestras, pastel “social” de cuyas rebanadas no llegaron a hartarse algunas universidades públicas: No te preocupes, Rosario, hay que aguantar.

Los crímenes económicos en México no son delitos graves. De todas formas, el cupo en los reclusorios federales de alta seguridad está rebasado, quién sabe si por gente que no ha sido sentenciada por causa alguna.

¿Cómo agravar la política penitenciaria, confinando a tanto nuevo inocente? En este pueblo no hay ladrones. Es cuanto.  


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