¡Ya me tienen hasta el copete!





Arturo Soto Munguía/


Dia de publicación: 2019-03-12


Fue tema ayer y seguramente lo será en lo que resta de la semana, el informe de los primeros cien días de gobierno de Andrés Manuel López Obrador, un apretado recuento de acciones que no permite aún observar el escenario apocalíptico vaticinado por algunos, pero tampoco el paraíso prometido por otros.

 

Una evaluación es prematura, toda vez que el análisis tendría que superar el umbral del debate ideológico y los posicionamientos políticos, y eso sólo podrá darse una vez que se tengan suficientes elementos para medir el impacto de las reformas legales, las nuevas reglas de operación de los programas sociales y la puesta en marcha de políticas públicas desde la perspectiva de la llamada cuarta transformación.

 

De inicio, a Sonora no le ha ido del todo bien. El presupuesto federal sufrió un recorte de aproximadamente mil 600 millones de pesos, lo que sin duda impactará en las obras y acciones del gobierno estatal, 25 de las cuales fueron rechazadas durante la aprobación del presupuesto en la cámara federal de diputados.

 

El limbo en el que se encuentran los mil 200 millones del fondo minero que hasta el año pasado se destinaba a los municipios es otro enigma y ha obligado a algunos ayuntamientos a presentar recursos legales para que se respeten las reglas de operación con las que venía funcionando ese fondo.

 

La política agropecuaria ya levantó protestas de los productores en el sur de Sonora, y la estructura del gobierno federal en el estado no termina de asentarse, provocando cierto grado de incertidumbre.

 

Aun así, es alentador saber que la relación entre el estado y la federación marcha por buen camino y tanto el presidente como la gobernadora han manifestado su voluntad de avanzar de la mano en temas como el del subsidio a las tarifas eléctricas y la conclusión de obras federales en proceso, como la carretera de cuatro carriles, entre otros.

 

Ambos son políticos experimentados y profesionales, y seguramente sabrán anteponer el interés de los ciudadanos por encima de las diferencias políticas, sobre todo considerando lo que expresó el propio presidente en el sentido de que las campañas han quedado atrás y es la hora de sumar esfuerzos por un solo partido llamado México.

 

Y ya para que Andrés Manuel diga eso, significa que su iracundo grito desde Guadalajara, cuando espetó a voz en cuello que ya lo tenían hasta el copete con politiquerías y grillas con las que no ganamos nada, resumió el cansancio, el hartazgo y la inviabilidad de una estrategia que se le salió de las manos.

 

Comenzó quizás como una pícara ocurrencia para recorrer el país refrendando su condición de candidato permanente, alentando los abucheos contra gobernadores (incluso contra los de su misma coalición, como el de Morelos, Cuauhtémoc Blanco), para hacerles ver quién mandaba en este país.

 

Pero se fue descontrolando. Los gobernadores comenzaron a advertir los riesgos de seguir atizando el clima de confrontación, y se aprestaron a tomar medidas que consideraron pertinentes, como convertir los eventos presidenciales en una competencia de abucheos, porras, consignas y madrazos.

 

Si otros gobernadores aguantaron a pie firme el sketch donde el pueblo bueno abuchea al gobernador malo y el presidente bueno regaña al pueblo no tan bueno, en Sonora comenzó a escribirse el fin de esa puesta en escena que, ciertamente, no iba a ningún lado. Bueno, sí: hacia la erosión de la vida institucional y republicana; hacia el circo sin pan que marcha a contrapelo de esa intención presidencial de hacer historia, para ponerlo como protagonista central de una mala historieta.

 

Después de lo ocurrido en Sonora, donde Claudia Pavlovich le “ganó el tirómn” (como se dice coloquialmente en estas tierras) y tomó un micrófono fuera del protocolo para enfrentar los abucheos y comprometer al presidente con las demandas locales, otros gobernadores decidieron también tomar cartas en el asunto y operar para detener esa espiral churriguresca y bananera; para volver al cauce institucional los actos presidenciales en los estados.

 

El presidente estalló en Jalisco, donde el gobernador Enrique Alfaro midió fuerzas en una guerra de abucheos que, definitivamente, desdoran cualquier intento por mantener a salvo la vida institucional.

 

Ahí fue cuando el presidente gritó que ya lo tenían hasta el copete (cualquier referencia a copetes idos es mera coincidencia) y con el mismo poder con que propició sin querer queriendo, los abucheos, les puso fin. Porque por algo es el presidente, el hombre más poderoso de México. Qué bien.

 

II

 

Y  propósito de reencauzamiento de la vida institucional, es notable lo que ocurre en Hermosillo donde también las relaciones entre la alcaldesa Célida López y la gobernadora Claudia Pavlovich no tuvieron el mejor de los inicios, pero en el diálogo se han ido encontrando las coincidencias y sobre todo, las ventajas del trabajo en equipo.

 

Ayer, el secretario de Infraestructura y Desarrollo Urbano, Enrique Martínez Terrazas entregó (en ausencia de la gobernadora, que se encontraba en Palacio Nacional acompañando al presidente), la rehabilitación del periférico sur, una obra con inversión de más de 12 millones de pesos, y que forma parte del paquete por más de 4 mil millones que se han entregado en tres años para la capital del estado.

 

En su cuenta de Twitter, la alcaldesa escribió: “Todo mi reconocimiento. Muchísimas gracias Claudia Pavlovich por su apoyo a esta gran ciudad. Aquí trabajamos con amor por Hermosillo y la transformamos todos juntos”.

 

Y la gobernadora respondió: “Esto es muestra de lo que podemos lograr trabajando en equipo. Gracias por tus palabras, siempre veré por el bienestar de los hermosillenses”.

 

Un ocso, mientras tanto, aparecía luminoso en el horizonte…

 

III

 

A Ariel Burgos Ochoa lo conocí en Obregón, durante aquellos años en que ninguno de los dos sabríamos lo que pasaría con nuestras vidas, entonces más ocupadas en el rol callejero, secundariano y adolescente.

 

Con el tiempo, lo vine a encontrar en Hermosillo, convertido en dirigente del sindicato de la planta Ford. Cetemista, llegó a ser regidor en el Ayuntamiento de Ernesto Gándara, siempre muy activo en las lides sindicales.

 

Quizás por ese activismo entró en conflicto con la dirigencia estatal de la CTM que encabeza Javier Villarreal, hasta que decidió romper filas y buscar otras opciones de participación política.

 

Las encontró en la Confederación Autónoma de Trabajadores y Empleados de México (CATEM), un organismo de reciente creación, identificado con Morena y listo para disputarle la presencia en la vida sindical a la CTM.

 

Este viernes, esa organización tendrá su asamblea en Hermosillo para constituir su Comité Ejecutivo Estatal, que será presidido por Manuel Moreno Clark, y quien lleva como suplente al viejo amigo Ariel Burgos.

 

La invitación a esa asamblea nos las hizo llegar Juan Antonio Arciniega, otro veterano no de las luchas sindicales, sino del periodismo en aquellos años 90, desde las páginas de El Imparcial, cuando, aun con las reservas del caso, todavía se le podía poner mayúsculas a ese diario. Por allá nos vemos.

 

 

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