AMLO y el extraño enardecimiento





Roberto Rock/


Dia de publicación: 2018-11-07


En el breve lapso de 24 horas, una intensa serie de señales dio cuenta de que actores diversos viven con especial efervescencia el cada vez más inminente inicio de la presidencia de Andrés Manuel López Obrador. Es necesario aceptar que en la atmósfera hay algo más que inquietud. Se palpa una dosis de enardecimiento, que a todos conviene desmontar.

Fuentes del equipo del presidente electo aseguraron a este espacio percibir un nivel de acoso no experimentado en todo el trayecto de su lucha política, al menos en la última década. Ello incluye la sensación —nunca tan claro, dijeron— de que se pueda producir un atentado físico contra el presidente electo.

La inevitable referencia inmediata es la cancelación del proyecto del nuevo aeropuerto en Texcoco, que radicalizó de inmediato a líderes empresariales. Singularmente, no fueron secundados por los contratistas directamente afectados. Lo que sí ocurrió fue una deriva intransigente en redes sociales, que buscó reproducir un aparente clima de agravio colectivo. Ello se potenció con el discurso xenófobo contra los integrantes de la caravana migrante de centroamericanos que incursionó a México en un momento extrañamente propicio para caldear más los ánimos.

Las elecciones de ayer en Estados Unidos, lo que está ocurriendo en la región latinoamericana ante el fracaso de gobiernos de izquierda (con todos sus matices) en países como Venezuela, Nicaragua, Brasil, Bolivia, Argentina e incluso Chile y Colombia, ofrece también un telón de fondo a todo escenario que sería ingenuo ignorar en la ecuación mexicana.

“La orgía de poder de la izquierda latinoamericana se terminó (…) solo las elecciones de México con Andrés Manuel López Obrador ofrecen una atisbo de esperanza (para esa corriente de pensamiento)”, estableció este domingo un artículo del diario español El País bajo el título Cómo reinventar la izquierda latinoamericana.

Pero lo ocurrido en las últimas 24 horas en México nos coloca en las antípodas de la posibilidad de entender un cambio político como un proceso de renovación que traiga buenas noticias para amplios sectores.

Alentado por sus propios demonios, por la dinámica de una sociedad activa (la misma que lo llevó al poder), o por la acción concertada de actores que operan en las sombras, el primer equipo de López Obrador incurrió ayer en una respuesta desproporcionada ante publicaciones en medios, como la producida en la revista Proceso, por solo mencionar un caso.

La publicación fundada por Julio Scherer García hace 42 años ofreció esta semana una entrevista con Diego Valadés, reconocido jurista de larga trayectoria priísta que, con reflexiones juiciosas, llamó a que haya una mayor concordancia entre el impulso personal de López Obrador y la estrategia que sigue su partido, Morena, en particular en el Congreso federal, donde cuenta con un bloque avasallador pero también con líderes que se han comportado en forma incoherente, en abierta pugna interna.

Bienvenido un quiebre de régimen si el nuevo se construye de manera eficaz y constitucional. El modelo fracasará si se radica en el solo impulso del próximo presidente, estableció Valadés, palabras más, palabras menos. Y eso fue la chispa que encendió la pradera. Voceros oficiosos ávidos de notoriedad, personajes estrechamente cercanos al presidente electo y éste mismo se deslizaron hacia una descalificación de Proceso y otras publicaciones que ejercen la crítica como un derecho que todos debemos apuntalar. Nadie ganará si la necesaria transformación echa mano de los códigos del endurecimiento.

En las horas siguientes hubo otros fenómenos que parecían traer su propio cálculo. Una extrañísima asociación “Juristas UNAM”; que nadie parece conocer, inundó las redes sociales con un artículo denominado Y ¿dónde está el piloto?, que firma Óscar E. Gastélum, igualmente desconocido en los ámbitos jurídicos. El texto rescata la diatriba contra la consulta sobre el aeropuerto. Pero usó un epígrafe que le atribuyó a José Woldenberg, lo que bastó para que en unos minutos en las propias redes se asegurara que el reconocido profesor universitario, articulista de EL UNIVERSAL, era el autor del material, lo que éste desmintió.

Casi al mismo tiempo, una falsa portada de la revista Newsweek en Español denostando a López Obrador tuvo similar difusión. En solo unas horas, el espacio que López Obrador describió como las “benditas redes sociales” se presentó también como una herramienta útil para manipular masivamente a una enorme cantidad de personas pésimamente informadas y dispuestas a creer cualquier estupidez.

En la noche del lunes López Obrador mandó señales de haber procesado la tensión con un revire eficaz. Se reunió con las fracciones legislativas de su partido para dar un mensaje de orden y unidad, y más tarde ofreció respeto a la libertad de expresión. Ojalá se esté perfeccionado entre todos una vacuna contra la regresión, aun en casos de una extraña mezcla de malos momentos. Nos hará falta.


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