Los cambios de la política



Con cierta frecuencia nos preguntamos si la política mexicana va a cambiar por el hecho de que se avecina un cambio de presidente, de gobierno, de partido en el poder, de composición congresional y de autoridades locales. Yo soy de los que creo que la política mexicana no cambiará en nada. Que todo seguirá siendo muy similar a como ha sido nuestra política en los últimos 70 años



José Elías Romero Apis /


Dia de publicación: 2018-09-14


José Ortega y Gasset decía que la política es lo que puede cambiar en una sociedad o en una nación, no lo que cambia en el gobierno. Por ejemplo, una modificación de salarios burocráticos o de tamaño de las instituciones o de domicilio de las secretarías son tan sólo medidas irrelevantes en un gobierno, pero que nada tienen que ver con los cambios en la sociedad mexicana.

Pensemos, para comparar, en un producto del mercado. Por ejemplo, nuestro automóvil favorito. Como consumidores, puede entusiasmarnos o desilusionarnos que cambie su diseño, sus aplicaciones, sus condiciones, su apariencia, su comodidad o su precio, pero nos tiene sin el menor cuidado que la fábrica cambie de ubicación, que los gerentes cambien de salario o que los directivos sean relevados por otros.

Lo que se hace hacia adentro es administración burocrática, que puede ser buena o mala. Lo que se hace hacia afuera es política, que puede ser buena o mala. En mi ejemplo automotriz, los cambios hacia el público son una política. Política de ventas, política de oferta, política de precios. Lo que se hace hacia adentro es administración. Un automóvil no es mejor ni peor porque su fabricante cambie de código postal.

Recurro a un episodio de nuestra vida nacional que significó un cambio en la sociedad y no tan sólo en las oficinas del gobierno. Me refiero a la Revolución Mexicana. Ella no sólo sustituyó a Porfirio Díaz por Francisco I. Madero. Eso fue lo de menos. Lo verdaderamente importante fue la manera en la que cambió la vida de los mexicanos.

Trataré de explicarme, sobre todo para nuestras juventudes. Los arquitectos del sistema mexicano, encabezados inicialmente por Plutarco Elías Calles, diseñaron y construyeron un sólido sistema que pudo resistir los embates del tiempo, las pugnas de intereses y las tentaciones de acopio del poder, a partir de una edificación piramidal apoyada en cuatro basamentos. Estos cimientos serían la seguridad política, la seguridad económica, la seguridad jurídica y la seguridad nacional.

Sin embargo, el proyecto mexicano de nación no solamente le apostó a la seguridad, sino, también, al cambio sustantivo. La Revolución Mexicana no sólo cambió a los dueños del poder. Para eso no se requiere de una revolución.  Basta una elección, una rebelión, un golpe de Estado, una dimisión o, en el más bajo y repugnante de los escenarios, basta con un magnicidio.

Pero nuestra revolución cambió, además de los hombres, sus estilos, sus perfiles, la economía, la política, la visión del Estado, la visión de la vida, la cultura y, por encima de todo, para que todo ello fuera posible, cambió la educación y fue la Universidad Nacional el quinto elemento fundamental del proyecto mexicano de nación.  

Al inicio del siglo XX y previo al estallido revolucionario, México era prácticamente un país feudal cuya composición social era biclasista. Por una parte, una pequeña clase gobernante y detentadora de la riqueza nacional, básicamente terrateniente y, por la otra, una gran masa campesina muy empobrecida y muy reducida a la servidumbre.

Ciertamente, había algún segmento poblacional compuesto por pequeños propietarios, pequeños comerciantes y burócratas medianos que no eran ni ricos ni pobres, pero que tampoco formaban una clase social porque no eran distintos a unos o a otros. No eran, pues, una clase media. Recuérdese que la clase media no es una clase promedio, sino una clase diferente. No es un segmento tibio, sino un segmento distinto.

La formación de esa clase media, a base de la educación para el trabajo y con cultura universal, fue concebida como una responsabilidad atribuida al sistema educativo nacional y a la Universidad Nacional de México, más tarde Autónoma.

En la UNAM se formaron las generaciones de profesionales mexicanos que se harían cargo del destino nacional durante todo el siglo XX, a efecto de que los mandos superiores de la nación no estuvieran en las manos exclusivas del capital ni del proletariado ni de la milicia ni del clero, sino de las clases medias civiles, formadas dentro del país y a cargo del país.

En eso y en casi todo cambió la vida de los mexicanos. El salterio porfiriano fue arrumbado y sustituido por la guitarra revolucionaria. La rondalla de La Alameda se convirtió en el mariachi de Garibaldi.

El gobierno que prosigue será tan ortodoxo como los de hace 50 años. Nada cambia si no cambiamos nosotros. Ésa es la verdadera política.

 

Presidente de la Academia Nacional de México

Twitter: @jeroeroapis


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