Sociedad fluctuante y Estado neoliberal





Abrahám García Ibarra/


Dia de publicación: 2018-08-08


Nomás para recrear nuestro optimismo, va una estampa mexicana: Cuando vivimos en la oscura caverna del populismo pasaban algunas cosas que desearíamos seguir contando. Pero pedirle al tiempo que vuelva, es asunto de nostálgicos. Pasamos.

Pasamos, pero la memoria es terca: En los sexenios de los Adolfos, El viejo Ruiz Cortines y El joven López Mateos, el crecimiento de la economía mexicana fue de 6 por ciento, el doble que el aumento de la población.

En ese periodo sentó plaza el desarrollo estabilizador con incremento del producto por cabeza superior al crecimiento del PIB. El peso se mantuvo durante dos décadas a 12.50 por dólar.

En la inauguración del Estado neoliberal, el tipo de cambio se disparó en virtud de la especulación con el dólar: Dos mil 290 pesos. Carlos Salinas de Gortari tuvo la ocurrencia de quitarle tres ceros al peso. La magia tecnocrática lo dejó en 3.41 por dólar. Terminó el sexenio en 9.36.

De 2011 a  enero de 2017, la cotización del peso alcanzó 21.90 por dólar: Esto es, más de 600 por ciento desde que se le borraron los tres ceros.

Los servicios a la Patria de los asesores tecnocráticos

Un atajo memorioso nos conduce al siguiente fenómeno: Entre los mandatos de José López Portillo y Miguel de la Madrid, si usted tenía un amigo, un pariente o un compadre en las secretarías de Hacienda y Programación y Presupuesto, o en el Banco de México, podría darse por privilegiado.

Sabría usted entonces con anticipación, desde esas dependencias, cuando se registraría una nueva devaluación del peso: A proveerse de billete verde en las ventanillas bancarias más cercanas. No por otra cosa, el populista  López Portillo decretó el control de cambios. Se habló en ese periodo de los petrodólares.

El amigo de usted en Hacienda, SPP o el Banco de México podía ser un asesor del Presidente, de un secretario encargado de despacho, de un subsecretario o un director general de área. Al “asesor” no le interesaba siquiera tener un cubículo: Le bastaba tener información sobre la próxima devaluación y se daba por muy bien pagado.

El “asesor” no tenía como única misión “adivinar” la próxima devaluación: Aquellas dependencias empezaban a estrenar tecnología informática: Metido en la computadora, el “asesor” monitoreaba el mercado internacional de monedas, en especial las asiáticas. Para usted sabe qué.

Adicionalmente, el “asesor” tenía la tarea de explorar qué tipo de acciones bursátiles se irían eventualmente  a la baja. Daba las alertas: En el piso de remates de la Bolsa, todo lo que baja tiende a subir: Estar atento a las gangas. Es una práctica que aún ejercen algunos de los mexicanos más ricos del mundo, según Forbes.

Un servicio extra solicitado por los jefes a sus “asesores”, era correr apuestas en los dervys internacionales y hasta en las peleas de box de campeonato mundial, haciendo escala electrónica en Las Vegas.

Las comaladas sexenales de nuevos millonarios

Cuántos nuevos ricos aparecieron en esa temporada desde la tecnoburocracia. El ex presidente Emilio Porte Gil llegó a presentarlos cada fin de sexenio como una nueva comalada de millonarios.

Al tecnoburócrata, en no pocos casos, no le preocupaba quedar cesante en el sector público: Cargaba sus discos con información económica privilegiada. Ya tenía su despacho alterno. Utilizaba esa información privilegiada para sus propios negocios  o para vender asistencia financiera a particulares. Suele ocurrir aún.

Combatiendo y liquidando al Estado obeso

Cambio de página: A la tecnocracia neoliberal –cuadros de excelencia, no falta más- siempre le “mortificó” el Estado obeso y su consustancial gobierno gordo e improductivo.

Era una carta de presentación ante los del poder económico que, al pedir la privatización de los entes públicos, esgrimían el argumento del Estado mal administrador y corrupto.

Después de tantas líneas de introducción, entremos en materia: Al concluir el sexenio de De la Madrid, la alta burocracia de los tres Poderes de la Unión y de los gobiernos de los estados no pasaba de unos tres mil mandos.

Sólo para referirnos al Poder Ejecutivo federal se podían contar, desde el Presidente hasta los jefes de unidad, un aproximado de  mil 160 mandos. El Poder Judicial de la Federación, menos de 300. Ahí esta el directorio del Gobierno Federal en 1993.

Especialmente en la gestión de De la Madrid, se estableció una doble política administrativa: 1) Austeridad para achicar el gasto corriente y 2) Como el buen juez por su casa empieza, moralizar la gestión pública.

Como política de Estado, invariablemente se procuró respetar los derechos del personal de base, amparado por lo que en algún tiempo se conoció como estatuto jurídico. En tiempos de crisis y recortes, se ofreció a esos servidores el retiro voluntario o la jubilación adelantada.

Cuando arribó a Los Pinos Vicente Fox, su primera ofensiva tuvo como blanco controlar la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado. Le encomendó la tarea a su secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda. Falló. Permaneció el servicio civil de carrera.

Servicio Profesional de Carrera como Patente de Corso

En lo que no falló el foxismo, fue en la promoción legislativa del Servicio Profesional de Carrera, para asegurar la continuidad laboral de la alta burocracia.

En la actualidad, el gasto corriente federal absorbe el descomunal costo de los  servicios personales: Salarios irrisorios, pero apetitosas prestaciones pagadas en todo tipo de bonos. Hasta por asistencia y puntualidad presencial.

Al primer semestre de 2018, con datos de la Tesorería de la Federación, el gasto corriente monta ya un más o menos el billón de pesos. La caja pública ha estado a punto de vaciarse en algún cercano final de año.

Durante lo que va de la gestión de Enrique Peña Nieto se estima que la nómina federal se ha disparado en más de 30 por ciento en costo.

Al menos en dos ocasiones del actual sexenio se han anunciado programas de austeridad. No se ha logrado vencer la resistencia de los remisos, particularmente en el Poder Judicial de la Federación y los órganos autónomos del Estado; entre éstos, el Instituto Nacional Electoral.

Lo que, para todo efecto práctico de la austeridad sería deseable, es el principio de productividad. Peña Nieto declaró 2016 Año de la eficacia.

En esa asignatura, el dato de resultados más representativo, es que el Producto Interno Bruto sigue anclado en indicadores de los ochenta. Con esto está dicho todo.

Las plañideras invocan la Justicia Social

A futuro, se avisa de un nuevo programa de austeridad. Las plañideras, aun aquellas que gimen en enclaves que dicen apoyar el modelo neoliberal, se dan baños de ceniza: ¡Cómo! ¿Dejar la Administración Pública sin profesionales tan experimentados, tan eficientes, para poner el servicio del Estado en manos de improvisados?

Otras  retumbantes troneras argumentan: ¿Qué pasa con la Justicia Social? Esos servidores del Estado tienen familias que comen y visten; requieren residencias  dignas, educación de calidad,  recreo, etcétera.

Peor aún, como a esos cuadros de excelencia no les alcanzan ingresos públicos de entre 200 y 300 mil pesos al mes, subsisten con el uso de plásticos que los tienen endeudados hasta las chanclas. ¿Cómo dejarlos expuestos a la pérdida de su patrimonio en manos de rapaces acreedores?

¡He ahí! la gran piedra en el zapato de quienes postulan una nueva era, en la que se cumplan  las ofertas que los neoliberales no han cumplido: La prosperidad y la felicidad de todos los mexicanos, aun para aquellos que el l de julio expresaron estar hasta la madre del Estado neoliberal. Es cuanto.


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