Por primera vez, el Congreso estará integrado en paridad de género





Dr. Carlos G. Palafox Moyers/


Dia de publicación: 2018-07-04


Al parecer, la clase política mexicana y algunos sectores de la sociedad no estaban preparados para recibir el tsunami   de Andrés Manuel  López Obrador, o  esperaban una magnitud mucho menor. La cruda realidad es que fue un tsunami de  gran magnitud y arrasó con todo el escenario político.

 ¿Cómo se originó este fenómeno?

La explicación puede ser demasiado sencilla pero fundamental; el tsunami fue el resultado de una rebelión de los ciudadanos ante el hartazgo por la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la pobreza, marginación, la eterna clase política dorada rapaz y la concentración de la riqueza, entre otros agravios cometidos por la clase política mexicana en las últimas décadas. El tsunami no se originó de manera espontánea;  el enojo y los brotes de rebelión estaban ahí desde hace mucho tiempo pero no había  quién canalizara un liderazgo y que éste fuera tan claro, tan comprometido, con la base social como el de Andrés Manuel López Obrador.

La sociedad mexicana vivió muchos años de democracia simulada; de un proceso de transición nunca acabada y bloqueada por la clase política; de una creciente desigualdad y pobreza lacerante.
Años de ver instituciones públicas y los recursos asignados de las mismas al servicio de los privilegiados tanto del poder económico y político y no del ciudadano común y corriente. López Obrador  ofreció a los ciudadanos lo que tanto querían oír, y ello explica que la elección haya sido avasalladora.

 Bajo este contexto, el electorado manifestó que había que castigar severamente al PRI por su sistema político indeseable y sus niveles de  corrupción. Y al PAN y al PRD  por imitadores grotescos del  PRI.  El castigo debería ser contundente ya que estaban en juego la elección para Presidente de la República, renovación del Congreso y nueve gubernaturas, así como el cambio de  3 mil 400 cargos públicos. La sociedad pedía a gritos una nueva forma de gobernar así como de hacer política diferente. La apuesta al cambio fue la base del voto masivo de la sociedad. 

 Una vez concluido el proceso electoral debe iniciar una etapa de reflexión y preparación para los análisis futuros sobre lo que se viene y cómo viene. La complejidad del entramado nacional tiene diferente intensidad y se debe de partir de lo más básico porque se entrará  en un océano de  incertidumbre.

 Existe en el colectivo de la sociedad una gran preocupación  y es la siguiente: No es que México se vuelva Venezuela sino que México siga siendo el mismo México. Esto es, que se mantenga  la corrupción, la impunidad, la inseguridad, la pobreza, marginación y no se transite a un nuevo modelo político y económico que tanto espera la sociedad mexicana.

 Los problemas del país, al despertar este lunes 2 de julio, no se han esfumado. El reto de la renovación del poder apenas comienza, y las preguntas son: ¿Qué sigue? ¿Qué nos espera?
 López Obrador tomará el mando del Poder Ejecutivo, en lugar del presidente Enrique Peña Nieto el próximo 1 de diciembre, y enfrentará el reto de la violencia, con un aumento de 80 por ciento en los homicidios dolosos en los últimos tres años; más de 130 políticos asesinados en este proceso electoral, y la operación de grupos del crimen organizado expandiéndose hacia actividades como el robo de combustible, además del narcotráfico, que han estado incrustados con los gobiernos municipales en algunas regiones del país.

La corrupción desbordada, cuando aún están en la impunidad casos como el de “La estafa maestra” o los sobornos de Odebrecht, debe ser abordada de manera frontal, sin miedo y sin tapujos.

 Las graves carencias en alimentación y salud así como la desigualdad que padecen más de 50 millones de mexicanos, al estar en situación de pobreza es también un tema de prioridad.

 Por otra parte, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha sido el peor dolor de cabeza del mundo en los últimos 18 meses, y podría decirse que ningún país ha sufrido más que México.
Seguramente habrá fuertes “agarrones” entre Trump y AMLO. Temas como el comercio, la inmigración, las drogas, la seguridad y las cuestiones regionales seguirán dominando la agenda bilateral. Y en todos ellos, AMLO se enfrentará al presidente más reaccionario de los Estados Unidos en casi un siglo.

 La transición hacia la nueva administración presidencial será todo un reto para Andrés Manuel López Obrador. Los mercados financieros van a estar atentos a los primeros pronunciamientos del presidente electo y esperemos que sean positivos; los mercados son muy sensibles y seguramente lo tomarían muy positivamente.

Un motivo de esperanza para estos grupos financieros es que AMLO ha moderado su incendiaria retórica y ya no amenaza con eliminar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte.

 Otro punto importante es que los populistas latinoamericanos, señalan, también pueden ser estrictos en materia fiscal, como lo ha demostrado Evo Morales en Bolivia. El desempeño de AMLO como alcalde de Ciudad de México fue fiscalmente sólido, y Carlos Urzúa, su probable ministro de Hacienda, jugó un papel relevante en ello. Más aún, el Banco Central de México es competente y tiene una larga tradición de independencia y seguramente se mantendrá en el gobierno de AMLO. 

 Por otra parte, el jefe de campaña de AMLO  --Alfonso Romo-- ha invertido mucho tiempo intentando crear confianza entre los inversionistas.

 Todos estos puntos han hecho posible que los mercados ya hayan incorporado el costo de lo que AMLO pueda hacer.  El mejor parámetro ha sido el tipo de cambio que el día viernes, antes de la elección, registraba una paridad de 19.95 pesos por dólar y el lunes 2 de junio registró una paridad de 20.19 pesos por dólar, pero esto fue debido fundamentalmente a condiciones externas como la aplicación de aranceles a los productos chinos en los Estados Unidos, caída en los precios internacionales del petróleo, entre otros.

 Otro elemento importante de  subrayar es que López Obrador tendrá  muy poco margen de acción en términos de finanzas públicas, debido a que la administración de Peña Nieto se endeudó de manera acelerada.  Por ello habrá poco margen para hacer cosas de manera responsable. Si el próximo gobierno quiere conservar la estabilidad en las finanzas públicas, que es una condición fundamental para la estabilidad económica, tendrá un margen estrecho. 

Por ello si se quiere ampliar ese margen se tienen que emprender reformas importantes en la manera en la que el  Gobierno Federal, en particular, gasta. Además se tendría que hacer una revisión profunda del gasto público; identificar en dónde hay despilfarros, desperdicios o un gasto inútil, con el objetivo de  tratar de reorientar el gasto, de manera que tenga impacto en términos redistributivos e impacto en la productividad. Que el gasto público se convierta en un instrumento de cambio y apoye el proyecto propuesto por AMLO.

 Bajo este contexto es difícil que en el corto plazo  López Obrador  logre hacer maniobras de gran alcance. Y es  precisamente en  este punto donde  puede presentarse la tentación de incurrir en los excesos financieros con el afán de congraciarse con los ciudadanos. Por ello es importante diferenciar entre la presión política y la prudencia fiscal.

Por ello es crucial vigilar el gasto público. En los últimos sexenios  no se ha llevado una estricta vigilancia y por lo tanto no se han dado buenos resultados.

 Por lo tanto resulta clave la propuesta de organizaciones de la sociedad civil  que consiste en crear un Consejo Fiscal; un organismo conformado por especialistas independientes que juegue un papel parecido al de la Auditoría Superior de la Federación pero que sirva para vigilar los proyectos de política pública antes de ser ejecutados, que cuente con criterios técnicos y no políticos.

 López Obrador es un líder social, heredero de la vieja estirpe del priísmo nacionalista revolucionario, que se presenta como un gran dirigente. Su programa no pasa solo por lograr un cambio. Ha prometido que liderará la Cuarta transformación de México, tras la Independencia, la Reforma y la Revolución. Que después de Hidalgo, Juárez y Madero, estará él. En cierta manera, quiere poner fin al ciclo que arrancó, a finales de los ochenta, Carlos Salinas de Gortari: la permanencia en el poder de una mayoría de centro derecha, una amplia tolerancia al predominio de intereses privados y la administración de la pobreza. López Obrador ha sido el opositor por excelencia de ese modelo, que trajo consigo la exclusión de la izquierda del poder ejecutivo. Con el triunfo de López Obrador se cerraría ese ciclo liberal.

 El programa de López Obrador ha sido objeto de amplias críticas pero contiene un potencial que ahora tendrá la oportunidad de materializarse. México puede volverse el emblema de un desarrollo con paz y justicia social, conquistado no por métodos autoritarios sino en el marco de un moderno Estado de Derecho, respetuoso de las instituciones civiles, las leyes y las libertades. El efecto López Obrador puede ser beneficioso para  la reconstrucción de un nuevo país.

 En la próxima entrega se abordaran los retos de mediano y largo plazos de la propuesta de Andrés Manuel López Obrador.

Dr. Carlos Germán Palafox Moyers
Investigador y Docente del Departamento de Economía de la Universidad de Sonora y  Consejero del Observatorio de Convivencia y Seguridad del Estado de Sonora.


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