Un espejo cien años perdonado





Martín Velez/


Dia de publicación: 2018-06-08


El candidato del frente conservador, Ricardo Anaya, se aleja cada vez más del puntero de todas las encuestas. Esta caída en el ánimo del elector sucede mucho más debido a la  fallida estrategia del candidato del PAN, que a los propios méritos de la campaña de López Obrador. Tan desastroso es el diseño de la campaña de Anaya, que cada paso suyo ha sido hasta ahora  un paso en provecho de AMLO.

Anaya centró el inicio de su campaña en el discurso anticorrupción, pretendiendo ocupar el lugar de candidato anti-sistema; lugar en el que durante muchos años se ha establecido Ya Sabes Quién. El candidato del discurso “voy a meter a Peña a la cárcel” fue vilmente engañado por el espejo que le dijo: “si te pareces al Peje vas a crecer, si eres más antisistema vas a crecer”. Lo único que Anaya consiguió con el discurso inicial de su campaña fue justificar la posición de AMLO, y hacerlo crecer.

Luego, el espejo convenció a Anaya de ofrecer dinero. Entonces el joven candidato sacó su propuesta de Ingreso Básico Universal, que consiste en dar cierta cantidad de dinero a TODOS los mexicanos mayores de 15 años. “Si el peje ofrece, tú ofrece más”, parece haber dicho el espejo asesor. Pero el lugar de Santoclós ya está ocupado, y con sus fantásticas ofertas, Anaya sólo logró justificar las mil veces repetidas promesas de AMLO, desautorizando de paso las voces de los antipejistas, opuestos siempre a la “entrega de dádivas a los güevones”. ¿Resultado?: más puntos para el puntero.

No conforme, el espejo mentiroso convenció a Anaya de venir a los estados del norte y prometer lo que tanto ha prometido López Obrador: reducir el IVA a la mitad en la franja fronteriza. Tanto trabajo que ha costado a los voceros de la conservación argumentar que esa promesa es populista, deschavetada, otra locura más, para que en un minuto el principal candidato de la conservación justifique a plenitud la promesa central de AMLO para los estados fronterizos. El resultado está a la vista: AMLO crece, y crece más en los estados del norte.

En el punto de mayor desesperación, el desarticulado discurso de Anaya promete ahora la principal promesa pejista: la PAZ. El eje rector de todo el discurso de la campaña de AMLO ha sido el lograr, como resultado del cumplimiento de las medidas de su programa, la pacificación del país. Quiero becas para jóvenes, quiero pensión para los adultos mayores, quiero a todos en Morena, y para eso les abro las puertas; quiero abrazos, no balazos; quiero regresar al “poder blando”, porque el poder duro, instaurado desde Calderón, ya se aguangó. En fin, quiero PAZ. Ese es el centro del discurso AMLO, pero es un discurso machacado durante años, es un discurso que, digámoslo rápidamente, tiene dueño.

Por eso, ahora que el falaz espejo convenció a Anaya de incorporar la palabra PAZ a su discurso, para el último tramo de la campaña, Ricardo Anaya ha caído en un engaño más, el engañador engañado por la estrategia del espejo, de ese espejo que será cien años perdonado.

Martín Vélez.



AUDIO RELACIONADO:

Este contenido ha sido publicado originalmente por Dossierpolitico.com en la siguiente dirección: http://www.dossierpolitico.com/vernoticias.php?artid=205670 Si está; pensando en usarlo, debe considerar que está protegido por la Ley. Si lo cita, diga la fuente y haga un enlace hacia la nota original de donde usted ha tomado este contenido. Dossier Politico

Comentarios



Roberto

El caso de Ricardo Anaya en el contexto de la carrera presidencial, ha sido patético. La relativa facilidad con que obtuvo la candidatura de su partido, imponiéndose a todos, aun a los viejos liderazgos, le permitió llegar a un frente conformado por un PRD desarticulado, con un reducidísimo capital político en el país, y con Movimiento Ciudadano propiedad de Dante Delgado, pero concesionado a lo largo y ancho del país a facciones de ellos mismos, nunca lograron hacer un verdadero frente. Su intento de integrar el Frente para presentar un bloque opositor que moviera a la gente a verlos como la opción para restarle votos al avance de López Obrador, en realidad nunca mostró solidez, más bien la percepción que se obtuvo fue de oportunismo. La actitud de Anaya, de centrar su campana en tratar de convencer a los mexicanos de ser mejor opción que AMLO criticando o ridiculizando sus propuestas, quedaron muy lejos de surtir el efecto deseado. En los debates el comportamiento retador y bravucón de Anaya no prendió porque la gente nunca le otorgó la calidad de real opositor, y más bien se fortaleció la idea de ser aliado del sistema y otro igual a los que dice combatir. El "riqui, riquín, canallín" de Andrés Manuel en el segundo debate fue demoledor. Anaya quedó ridiculizado , y ya nadie le tuvo respeto.

2018-06-10

Comentar nota



Su correo electrónico no será publicado.
Son obligatorios los campos marcados con: *


Artículos de éste autor